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Bienes de Interés Cultural en Santa Cruz de Tenerife (15). Iglesia Parroquial de San Francisco

Autor: José Manuel Ledesma Alonso

Publicado en El Día el 13 de marzo de 2022 y en el Diario de Avisos el 14 de junio de 2026

Parroquia de San Francisco Personalizado
Iglesia Parroquial de San Francisco
 

Declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento

          Los frailes franciscanos del convento lagunero de San Miguel de las Victorias se establecieron en Santa Cruz por Real Cédula de Carlos II, del año 1676, instalándose en la ermita de Ntra. Sra. de la Soledad, San José, y San Antonio de Padua que el capitán Tomás de Castro Ayala había fundado en un altozano, junto al barranquillo de Guaite (actual calle Ruiz de Padrón), con licencia del obispo de Canaria, Bartolomé García-Ximénez Rabadán. Las obras para hospedar a los frailes darían comienzo al año siguiente, abriendo las primeras dependencias del convento de San Pedro de Alcántara, el 21 de julio de 1680.

          La construcción del templo actual comenzaría en 1713, recibiendo cinco años más tarde un gran impulso del obispo de Canaria Lucas Conejero de Molina, pues a sus expensas se fabricaría la Capilla Mayor; se pavimentó el suelo con piedra de cantería azul, traída de Arucas; se finalizó la denominada celda del Obispo, que le permitía acceder al coro del templo a través de un corredor; se cubrió el presbiterio con importante iconografía; y les cedió la huerta del convento –actual plaza del Príncipe-, cuyo terreno había donado doña Inés de Armas a la iglesia de los Remedios de La Laguna.

         La iglesia pasaría a tener tres naves gracias al empeño del provincial de la Orden, Fray Jacobo Antonio Delgado Sol, quién fabricaría la nave del lado de la Epístola, en 1755, y la del lado del Evangelio, en 1760. Las tres naves, cubiertas por artesonados de par y nudillo, están separadas por arcos de medio punto, apeados sobre robustas columnas toscanas en toba roja que descansan sobre basamentos cuadrados y collarines en el extremo superior del fuste. Debido a estas obras, el interior del templo quedaría en penumbra, por lo que hubo que acrecentar el tracto de la nave central, abriéndole ventanales rectangulares sobre la arquería.

          El pórtico de la iglesia está formado por un cuerpo central y dos laterales rematados por una cornisa pétrea festoneada que recorre los tres cuerpos. El central, donde se ubica el acceso principal, está definido por un pórtico neo corintio con un arco de medio punto enmarcado por dos colosales columnas salomónicas labradas de basalto del país que soportan el arranque de un frontón truncado, coronado por una hornacina con la imagen de La Milagrosa. Sobre ella está el escudo de mármol de la familia Castro Ayala y un óculo que sirve de iluminación al coro, donde se encuentra el órgano barroco, fabricado en La Laguna en 1781. En cada uno de los cuerpos laterales se ubican sendas portadas de medio punto en cantería y un pequeño hueco de iluminación –del coro-, alineado sobre el eje vertical.

          La gran torre de tres plantas, levantada en 1775 con arcos de medio punto en la planta baja y ventanas en las siguientes, tenía el templete rematado con una cúpula de madera cubierta de azulejos traídos de Talavera de la Reina y de los Países Bajos y una escultura de la Purísima. La torre sería reedificada en 1833 por Fray Gregorio Perdomo, utilizando su propio peculio y el producto de la venta de algunas alhajas de plata. La última de las cinco campanas de la torre fue colocada en 1792; curiosamente, las citadas campanas tuvieron que ser desmontadas a finales del mes de diciembre de 2021 para restaurar los yugos de madera que las soportaban. El reloj de la torre sería un regalo de los comerciantes Guillermo Lemaitre y Carlos Büchle en 1872.

          A raíz del Real Decreto de desamortización eclesiástica del 1 de octubre de 1820, por el que se extinguieron los dos conventos existentes en esta Ciudad, la iglesia sería cerrada, los objetos de culto se distribuirían en distintas parroquias, y las dependencias claustrales le fueron cedidas al Ayuntamiento de Santa Cruz para que instalara las Casas Consistoriales y otras dependencias. En 1933, el antiguo convento sería demolido y en su solar se construiría el Museo de Bellas Artes y el Palacio de Justicia. De todo este conjunto arquitectónico sólo se conservarían la iglesia y la torre.

          La iglesia abriría de nuevo sus puertas al culto como Auxiliar de Parroquia, el 28 de mayo de 1848, siendo declarada Parroquia el 28 de julio de 1869 por el obispo de Canaria y Administrador de la Diócesis de Tenerife José María Urquinaona.

Interior del templo

          La Capilla Mayor destaca por su retablo de un solo cuerpo y tres calles, definidas por columnas salomónicas con hornacinas y ático con estípite atlante y una profusa decoración y bajorrelieves policromados realizados en 1739. Está presidido por la Inmaculada Concepción, obra del escultor orotavense Nicolás Perdigón Oramas, flanqueada por las imágenes de San Francisco de Asís, de origen cubano, y Santo Domingo de Guzmán, de autor canario. En el ático del retablo, un cuadro de la Virgen de la Soledad -que recuerda los orígenes del templo- tiene a ambos lados dos medallones con bajorrelieves de San José y San Antonio de Padua. El almizate del techo contiene un programa iconográfico con la Coronación de la Virgen, mientras que los costados del presbiterio tienen pinturas murales en grisalla que representan diferentes momentos bíblicos. Las pinturas del arco toral corresponden a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción, por el rey Carlos III.

           La Capilla de la Soledad del Retiro, construida en 1718 en el lado del Evangelio, posee un retablo de estilo rococó con la imagen de la Virgen de la Soledad presidiendo el nicho central, y las de San Juan Bautista y Santa Lucía de Siracusa en los nichos laterales. Las pinturas del arco toral presentan a María con Cristo muerto en sus brazos, acompañada de María Cleofé y José de Arimatea, a la izquierda, y María Magdalena y Nicodemo, a la derecha.

         La Capilla del Señor de las Tribulaciones, en el lado de la Epístola, originalmente llamada San Luis rey de Francia, porque fue mandada a construir, en 1721, por el cónsul francés Esteban Porlier para su sepultura, tiene en su hornacina central un impresionante busto del Ecce Homo de finales del s.XVII, al que le caen gotas de sangre por las sienes mientras del rostro brotan lágrimas que bajan hasta su boca entreabierta al mismo tiempo que sus ojos miran hacia el cielo. Considerado Santo Protector de la Ciudad, el Ayuntamiento capitalino lo declaró Señor de Santa Cruz, el 28 de abril de 2011. Las pinturas de arco toral están dedicadas al Tránsito de San Francisco, asistido por la Virgen y cuatro frailes franciscanos.

          De los retablos existentes en la Parroquia, el de la Virgen de la Consolación, formado por columnas salomónicas y capiteles corintios, fue restaurado en 2021 y, en estos últimos años se han restaurado los retablos de San José, San Buenaventura, y la Virgen del Retiro, y está en proceso de restauración el del Señor de las Tribulaciones.

           La Capilla de la Venerable Orden Tercera, a la que se accede por la calle Villalba Hervás, fue construida en 1763 gracias al patrocinio de los comerciantes irlandeses Andrés Rossell y Pedro Forstall, ambos enterrados en el presbiterio. En ella destacan su retablo rococó, con la talla del Señor del Huerto, obra del s.XVIII atribuida a Rodríguez de la Oliva, el Vía Crucis formado por 14 cuadros pintados por Juan de Miranda, y la Cruz de ébano con incrustaciones de nácar que llevaba María Estuardo cuando fue decapitada. En esta Capilla se solían reunir los primeros regidores de la Villa de Santa Cruz, cuando el Ayuntamiento no disponía de Casas Consistoriales y, en 1808, se celebraron las elecciones para elegir a los representantes de Santa Cruz en la Junta Suprema de Canarias.

 

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