Pepita Tudó, la amante de Godoy, y un vínculo inesperado con Tenerife
Autores: Daniel García Pulido y Francisco B. Cabrera Alonso
Publicado en el Diario de Avisos el 3 de noviembre de 2026.
A nadie escapa que la historia de Santa Cruz de Tenerife también se escribe a través de los vínculos familiares de quienes alcanzaron notoriedad lejos de sus costas. Un ejemplo palpable e inédito es el que traemos a estas líneas, el matrimonio de los padres de Josefa Tudó, la célebre Pepita Tudó, amante y posteriormente esposa de Manuel Godoy, que nos ofrece una perspectiva singular y privilegiada sobre esa proyección de la isla allende sus fronteras. El enlace matrimonial, celebrado en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción el 11 de marzo de 1772, enlaza de esta manera la memoria de la ciudad con el entorno íntimo de uno de los personajes más influyentes del reinado de Carlos IV. Su interés rebasa la curiosidad genealógica: permite reconocer el lugar de Santa Cruz en la circulación de personas al servicio de la monarquía.
Los contrayentes fueron Antonino de Tudó Alemán, capitán del Real Cuerpo de Artillería y natural de Barcelona, y Catalina Javiera Catalán Luesia, nacida en Lisboa. Según la información reunida, Catalina había llegado de niña a Tenerife y pasó en Santa Cruz su infancia y juventud, hasta su casamiento. La relación de la familia con la ciudad adquiere así una profundidad que una simple escala biográfica no permitiría advertir. La madre de Pepita Tudó creció en aquel medio urbano, dentro de un hogar estrechamente vinculado a la administración regia. Santa Cruz formó parte de su experiencia vital antes de incorporarse, a través de su descendencia, a una genealogía de resonancia nacional.
El padre de Catalina, Pedro de Catalán, desempeñó los cargos de veedor y contador principal de la Real Hacienda. Hidalgo aragonés, natural de Fraga y establecido en Tenerife desde 1761, pertenecía a ese personal administrativo cuya presencia acompañó la consolidación de las estructuras de la Corona en las islas. Su trayectoria ayuda a comprender el ambiente en que se educó Catalina: un mundo de servicio real, distinción social y relaciones institucionales. La condición nobiliaria de Catalán, respaldada por la ejecutoria de hidalguía elaborada en Fraga en 1773, se unía al ejercicio de responsabilidades que le otorgaban una posición destacada en la sociedad insular.
Santa Cruz reunía condiciones propicias para el encuentro de familias con procedencias diversas. Su puerto, su función defensiva y la presencia de la comandancia general y de las dependencias militares y hacendísticas atraían a oficiales y funcionarios cuyos destinos podían prolongarse durante años. En ese espacio se establecieron hogares y se concertaron matrimonios que extendían sus ramificaciones más allá del archipiélago. La boda de Antonino de Tudó y Catalina Catalán constituye una expresión concreta de esa dinámica. Antonino había llegado a Tenerife en 1769, muy posiblemente incorporado al contingente de militares profesionales relacionado con las reformas castrenses a realizar en las Islas, grupo que arribó precisamente a la isla en dicho año bajo la égida del coronel Nicolás Macía Dávalos.
La relevancia de Pedro de Catalán se aprecia asimismo en encargos que excedían el despacho cotidiano de sus funciones. En abril de 1767, con ocasión de la expulsión de los jesuitas, fue enviado a La Orotava para proceder al cierre de su colegio. El cometido lo situaba en la ejecución insular de una decisión de gran alcance para la monarquía. Su pertenencia, desde la fundación, a la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife añade otra dimensión a su perfil. La administración de los recursos reales y la participación en los espacios de sociabilidad ilustrada convergían, de este modo, en una misma figura.
Los datos domésticos permiten acercarse al escenario santacrucero de aquella familia. La vivienda que ocupó Pedro de Catalán se situaba en la confluencia de la calle de la Caleta con la plaza de la Pila, frente a la Aduana, en una vivienda que, reconstruida por el célebre Amaro Rodríguez Felipe tras haber quedado arruinada por un incendio, le fue arrendada a Catalán posiblemente por el sobrino de aquél, Amaro González de Mesa, en la década de los 60 de dicho siglo. La ubicación frente por frente del edificio de la Real Aduana lo convertía en el espacio ideal para su residencia. El recuerdo de un «magnífico estanque con peces» aporta un detalle expresivo de aquel interior y los padrones posteriores muestran una casa con servicio doméstico y continuidad familiar. A pesar de que muchos de esos testimonios corresponden a fechas posteriores a la juventud de Catalina (que posiblemente pasaría a Cádiz antes de 1775), ayudan a reconocer la posición social del hogar y la persistencia de los Catalán en un sector de la ciudad estrechamente asociado a la actividad portuaria y fiscal.
El hallazgo permite asimismo corregir una confusión genealógica atribuida a Alejandro Cioranescu: Pedro de Catalán no habría sido “esposo de una hermana de Pepita Tudó”, como afirmaba el erudito rumano, sino su abuelo materno. La precisión importa porque restituye la secuencia familiar que fundamenta el vínculo tinerfeño y porque la conexión con Santa Cruz pasa por Catalina, hija del funcionario y madre de Josefa. Pepita nació en Cádiz en 1779 y la aportación de esta investigación consiste en recuperar el arraigo santacrucero de su rama materna y el matrimonio celebrado en la ciudad que precedió a su nacimiento.
Otra trayectoria permite ampliar el horizonte de estas conexiones. Miguel de la Grúa Talamanca, marqués de Branciforte, ejerció el mando militar de Canarias durante la década de 1780 y contrajo matrimonio en 1790 con María Antonia de Godoy, hermana del futuro valido. Su paso por Tenerife dejó huella en Santa Cruz, donde impulsó la ampliación del muelle mediante la colaboración de vecinos y comerciantes. El posterior parentesco con Godoy y su nombramiento como virrey de Nueva España muestran la amplitud de una carrera que enlazó el archipiélago con la corte y con el gobierno americano. Tenerife aparece, una vez más, dentro de una trayectoria de dimensión imperial.
La importancia del descubrimiento reside, en definitiva, en devolver espesor histórico a una presencia que las grandes biografías apenas dejan entrever. Antes de que Pepita Tudó ocupara un lugar en el entorno de Godoy, su madre había crecido en Santa Cruz y sus padres habían unido allí sus vidas. En torno a ese hecho se reconoce una ciudad vinculada a los circuitos administrativos, militares y familiares de la monarquía. Recuperar esta historia enriquece el conocimiento de Pepita Tudó y de sus ascendientes, al tiempo que permite situar a Santa Cruz de Tenerife dentro del entramado humano del que también se nutrió la historia española.
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