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Bienes de Interés Cultural en Santa Cruz de Tenerife (27). Torre de San Andrés

Autor: José Manuel Ledesma Alonso
Publicado en el Diario de Avisos el 18 de octubre de 2026


Declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1999.

          Alonso Fernández de Lugo le concedió el Valle de Ibaute al capitán Lope de Salazar, en 1494, como data de tierra por haberle ayudado en la conquista de Tenerife. Lo denominaría Valle de Salazar y allí construiría su casa, la primera ermita con las imágenes de San Andrés y Santa Lucía, y comenzaría a formarse el pueblo de San Andrés.

          En 1693, el Conde del Valle de Salazar solicitó al rey Carlos II que en aquel lugar edificara una fortaleza, con el fin de defender la playa en la que solían refugiarse los barcos que huían de los piratas, a la vez que amedrentaba a los buques enemigos, hasta hacerles perder su barlovento y evitaría que pudieran batir los castillos de Paso Alto y de San Miguel.

          En 1706, el Comandante General Agustín de Robles y Lorenzana ordenaría al ingeniero Miguel Tiburcio Rossell de Lugo que, en la pequeña ensenada que formaban los barrancos del Cercado y las Huertas, levantara una torre circular de 16 m de diámetro y 5 m de altura, con dos cobertizos con capacidad para 50 hombres. En su explanada se colocarían cinco piezas de artillería, aunque su parapeto no tenía troneras, ni merlones, ni cubría a los artilleros. El cuerpo de guardia se encontraba al sur de la Torre, a unos 11 m de distancia, junto con el almacén abovedado en el que cabían 100 quintales de pólvora, contaba con una campana de metal para dar la señal de arrebato a los vecinos, y el acceso se hacía por un puente levadizo de madera.

          La Torre sufriría importantes destrozos en 1740, ocasionados por la crecida de los citados barrancos, siendo reconstruida por el Ingeniero Militar Alfonso Sánchez Ochando, quién le daría las dimensiones definitivas, 17,6 m de diámetro y 8,4 m. de altura, artillándola con seis cañones de a 24, dos de a 16, 1 mortero de a 12 y uno de a 9. Su primer comandante, don Salvador Agustín de Vera, tenía a su mando 1 oficial, 1 sargento, 2 cabos, 1 tambor y 20 artilleros.

Su actuación en la Gesta

          La guarnición de la Torre de San Andrés, al mando del teniente de Artillería José Feo de Armas y Bethencourt, permanecería en alerta permanente desde que, en la madrugada del viernes 21 de julio, el vigía de la atalaya de Igueste, Domingo Izquierdo, divisó en el horizonte la flota británica, formada por 4 navíos de línea (Theseus, Culloden, Zealous y Leander), 3 fragatas (Seahorse, Emerald y Tepsichore), 1 cúter (Fox) y 1 bombarda (Terror), con 393 cañones y cerca de 2.000 infantes de marina, cuyos comandantes, elegidos por el propio Nelson, eran los mejores profesionales de las fuerzas navales británicas, experimentados y avezados al combate.

          Su acción más notable fue la ocurrida el 25 de julio de 1797, entre las 6 y las 8 de la mañana, cuando ya se había firmado el Acta de Capitulación. Debido al viento dominante, la nave capitana (Thesseus) en la que se encontraba Nelson, recién amputado su brazo, se vio obligada a cortar el cable del ancla de proa, ya que se encontraba a 42 brazas de profundidad, siendo derivada por las corrientes marinas hacia San Andrés, donde la nao quedaría bajo el fuego de los cañones de la Torre.

          Entonces, el teniente José Feo, desconocedor de la rendición, ya que se encontraba alejado del castillo Principal, dirigió el fuego contra los ingleses, impactando en la arboladura del Thesseus, así como a la bombarda Rayo, que recibió un impacto directo en la proa que casi la hizo zozobrar y tuvo que ser remolcada al costado del navío. De igual modo, la fragata Emerald, que acudiría en su defensa lanzando varias bombas sobre la Torre, sin llegar a producir daños apreciables, también los sufriría en una vela.

          Cuando el ruido de los cañones llegó a oídos del General Gutiérrez, enviaría al teniente Siera a San Andrés a ordenar el alto al fuego.

         En la citada batalla murió el artillero de las Milicias Canarias, Vicente Talavera, al reventarle un cañón debido a los numerosos disparos que había realizado. Al citado cañón, los vecinos de San Andrés le denominarían El Asesino. Es de resaltar el estado deplorable en que se encontraba la artillería de la fortaleza en la citada fecha, pues de los cuatro cañones que poseía, los dos de a 24 estaban inútiles por habérseles roto el eje de las cureñas, y de los dos de a 16, sólo uno era útil, pues al otro se le había rendido su eje.
Estado de ruina.

         La Torre de San Andrés fue declarada en ruinas después de que se rindiera por los desbordamientos de los barrancos del Cercado y las Huertas, ocurridos el 30 de octubre de 1893 y el 6 de marzo de 1894; por ello, por R.O. de 14 de junio de 1894 se procedió a su venta en pública subasta por un valor de 1.083,23 pesetas, según la valoración efectuada por el maestro de obras Domingo Pisaca; venta que no llegaría a efectuarse pues otro aluvión, ocurrido el 28 de octubre de 1898, terminaría de derrumbarla, quedando tal y como está en la actualidad. Finalmente, el 2 de enero de 1924 sería declaraba inadecuada para las necesidades del Ejército, siendo entregada al Ayuntamiento el 15 de enero de 1926.

         Como dato curioso, antes y después de esta entrega se sucedieron algunos intentos para darle algún uso; tales como, la petición que presentó el comandante de Caballería Bendala, en 1925, solicitando “su usufructo”, petición que por supuesto fue desestimada; así como el expediente abierto en 1936 para convertirla en orfanato para hijos de los pescadores, expediente que se cerró en pocos meses.

         Sin embargo, entre los años 1950 y 1970 se utilizó como calabozo del Ayuntamiento y, años más tarde, como almacén municipal de diversos objetos y utensilios que se utilizaban en el mantenimiento urbano de San Andrés.

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