Mujeres tinerefeñas protagonistas de la Gesta del 25 de Julio de 1797
Autor: José Manuel Ledesma Alonso
Publicado en El Cotarro el 19 de julio de 2026
Desde que la madrugada del 22 de julio de 1797, el vigía de la atalaya de Anaga advirtió de la presencia en nuestra bahía de una escuadra británica, compuesta por ocho navíos, y lo comunicó al Castillo de San Cristóbal, rápidamente se tocó “a rebato” o señal de alarma, se desalojaron las oficinas públicas de Tesorería, Tabacos y Correos, y comenzaría un auténtico éxodo de ancianos, mujeres y niños hacia La Laguna y el interior de la isla.

La campesina de San Andrés
Seguidamente, cuando los ingleses intentaron neutralizar la fortaleza de Paso Alto, punto clave en la defensa del Puerto, serían divisados por una campesina de San Andrés que venía caminando por la vereda que le conducía a Santa Cruz, con una cesta de productos de su huerta sobre su cabeza para venderlo en las calles y plazas de la capital y, al observar cómo se acercaban a la costa gran cantidad de lanchas llenas de hombres con raros uniformes, aceleró su marcha hasta llegar a la puerta del Castillo de Paso Alto, avisando a los centinelas con sus gritos, e incluso tirándole piedras dentro del recinto. Rápidamente, tres cañonazos pondrían en alerta a las distintas fortalezas, a la vez que las campanas de las iglesias comenzarían a sonar, poniendo en pie de guerra a los habitantes de Santa Cruz. De esta manera se abortaría el primer intento del ataque inglés, ya que regresarían a sus barcos al darse cuenta que ya no contaban con el factor sorpresa.
Por desgracia no sabemos nada más de aquella mujer, de aquella humilde campesina, si era joven o mayor, casada o soltera… pero como homenaje a su valor y decisión, en julio de 2013, la Tertulia Amigos del 25 de Julio le levantaría, en el castillo de Paso Alto, un monolito que recoge nuestras admiración por su heroico comportamiento.

Las Aguadoras
El 22 de julio, tres fragatas inglesas se acercaron a la playa del Bufadero desembarcando 1.200 hombres, que subirían a la Mesa del Ramonal, al no poder progresar hacia la Plaza pues un destacamento tinerfeño se les había anticipado ocupando la montaña de la Altura de Paso Alto.
Las aguadoras de Santa Cruz, de forma espontánea y pensando en que el intenso calor reinante haría insoportable la situación de nuestros hombres en lo alto de aquellos riscos, decidieron prestarles el mejor apoyo posible y subieron las escarpadas laderas por donde hoy se encuentra el Barrio de la Alegría, llevándoles sus repletos cántaros de agua, Y no contentas con ello, repitieron la hazaña, llevando también frutas y queso. Y cuentan las crónicas que las más jóvenes lo hicieron por tercera vez el mismo día.
En reconocimiento al diario trabajo de aquellas mujeres en apoyo del vecindario y a su heroico proceder aquel día de julio de 1797, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife les dedicó un homenaje, en el año 2000, levantándoles una escultura junto al chorro de la Plaza Santo Domingo, muy cerca del Teatro Guimerá.
De la misma manera, la Tertulia Amigos del 25 de Julio, les rendiría un merecido homenaje, en julio de 2013, como reconocimiento al Valor y Decisión de aquellas intrépidas aguadoras de Santa Cruz, levantándoles un hito en la entrada del Club Náutico, mirando a la montaña de la Altura de Paso Alto.
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