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Notables y didácticas intervenciones en el Real Casino de Tenerife de los conferenciantes Luis Cola Benítez, Emilio Abad Ripoll, Rafael Zurita Molina y José Manuel Ledesma Alonso sobre el tema “Santa Cruz, Plaza Fuerte”.

Autor: Antonio Salgado Pérez
Publicado en El Día el 6 de noviembre de 2012


          El Real Casino de Tenerife, que preside José Alberto Muiños y Gómez-Camacho, ha sido el marco del Ciclo de Conferencias “Santa Cruz, Puerto y Plaza Fuerte”, organizado por el Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias, en colaboración con la Asociación Tertulia Amigos del 25 de Julio, donde, en líneas generales, se reflejó la soltura, la espontaneidad y convicción de Emilio Abad Ripoll; la fibra investigadora e histórica de Luis Cola Benítez y el inmarchitable celo y vinculación que tanto Rafael Zurita Molina como José Manuel Ledesma Alonso siempre han sentido por nuestro puerto y aledaños. En alguna de sus amenas y elaboradas conferencias se apoyaron en esas fotografías, en esos dibujos y grabados que tanta lejanía, evocación y nostalgia concitaron entre la numerosa concurrencia que acudió a sus respectivas alocuciones.

           Juan Arencibia de Torres, vicepresidente de la aludida sociedad recreativo-cultural, presentó este atinado ciclo y, a continuación, José Manuel Pérez Beviá, director de la cátedra General Gutiérrez, de la ULL y del Ejercito, y el coordinador Pedro Bonoso González Pérez, que formaron los dos firmes pilares de esta acertada iniciativa, donde, de una manera didáctica y entretenida, se iba a repasar la historia de Santa Cruz de Tenerife y su puerto, como parte de otro ciclo más ambicioso, que iba a poner énfasis en la enorme importancia histórica e internacional que tuvo la Ruta Atlántica, la que unía y une Europa con las nuevas tierras descubiertas, América, África, Asia y Oceanía, pero, eso sí, pasando siempre por Canarias.

          Luis Cola Benítez, con su rigor histórico, expuso la conferencia “Así empezamos, Santa Cruz siglo XVI”, donde nos habló de aquella trilogía básica de alimentación: azúcar, vino y barrilla. Se detuvo en calafates y toneleros. Examinó a piratas, corsarios y aventureros; nos hizo viajar en galeones y galeras y nos hizo pasear por el Barranquillo del Aceite e, incluso, por Guadamojete y por las cuevas del Barranco del Hierro. Nos explicó aquel peculiar “sorteo de mujeres lusitanas” y, como ultílogo, le recordó a nuestras autoridades que en el escudo de la cuidad faltaban dos flores de lis, ya que, por partida doble, y deprisa y corriendo, habíamos expulsado de la Isla dos invasiones lusas; las inglesas si están insertas en tres leones.

          Emilio Abad, siempre mencionando todas sus fuentes, detalló que habitualmente le ha dignificado escudriñando “Santa Cruz: Puerto y Plaza Fuerte”, recordándonos que, en menos de veinticinco años, Santa Cruz se convirtió en la capital de Canarias, donde, inevitablemente, tuvo que surgir el nombre de José Murphy, no sin antes ofrecernos aquel escalofriante anaquel que la cuidad había sufrido con los flagelos de la fiebre amarilla, la viruela, el cólera, la plaga de langostas… y el cruel analfabetismo (85%).

          Don Víctor Zurita, aquel ínclito e inolvidable director de La Tarde, debió de emocionarse en el Más Allá oyendo a su hijo Rafael exponiendo el tema “Santa Cruz, un siglo de historia y un siglo de futuro”, donde hizo aflorar a aquellos carpinteros de ribera, “que hacían de todo, menos clavos”; nos trasladó a aquellas apacibles y orondas gabarras, “de líneas geométricas”. Y Rafael, compañero y amigo de toda la vida, siempre vate, amante, como su progenitor, de la rima, nos declamó, entre norays y veleros, a Pedro García Cabrera, a Antonio de Viana. Tuvo en consideración a un dúo excepcional, Juan Antonio Padrón Albornoz y Juan Carlos Díaz Lorenzo, y terminó con versos de Manuel Verdugo: “Gesto amable para el recién llegado”.

          Clausuró este interesante y ameno ciclo de conferencias José Manuel Ledesma, que disertó sobre “Santa Cruz. Viajeros ilustres”, donde el ponente explicó que la bahía de Tenerife fue utilizada, a partir del siglo XVI, como estación abastecedora de agua, víveres y otras provisiones de las expediciones navales hacia el Nuevo Mundo. El interés por el conocimiento y el estudio de las regiones ignotas en el siglo XVIII hizo que Tenerife fuese considerado una atractiva escala científica en razón de su naturaleza volcánica y su peculiar vegetación. Y atraídos por tal binomio nos visitaron, entre otros británicos, James Cook, Darwin, Elisabeth Murray, Marianne North y Olivia Stone, así como los franceses Feullée, Borda, Sabino Berthelot y el alemán Alexander Von Humboldt, por mencionar a los más famosos. De todos y cada uno de estos ilustres viajeros, y de otros, Ledesma nos ofreció una encomiable sinopsis de sus estudios, hallazgos e investigaciones.

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