«Acontecimientos notables de Santa Cruz de Tenerife», libro de Juan Arencibia
Autor: Antonio Salgado Pérez
Publicado en El Día el 24 de noviembrede 2011
Con este tomo, y entre otros detalles de signo muy positivo, el lector va a comprobar, de entrada, la antítesis de aquel pensamiento de Miguel de Unamuno que, textualmente, dice lo siguiente: “Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que, sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos”.
Y es que con este libro se va a tener la gran oportunidad de repasar, detenidamente y de forma minuciosa y ampliada, lo que antaño se explicó y profundizó en aquella inolvidable tertulia televisiva emitida por el “Canal 7 del Atlántico”, integrada por la sapiencia descriptiva de Pedro Doblado; por la fibra investigadora de Luis Cola Benítez y por la erudición arquitectónica de Matías Delgado, todo ello con el impecable papel de moderador ejercido por el propio Arencibia.
Se ha dicho que los años arrugan la piel, pero que renunciar al entusiasmo arruga el alma. Y en sus famosas greguerías Ramón Gómez de la Serna señalaba que “el aburrimiento es como darle un beso a la muerte”.
Pues bien, tras su jubilación como coronel del Ejército, el autor se convirtió en un personaje muy activo en el mundo de la investigación humanística e histórica; un “todo-terreno” que buscaba, con pragmático tesón, el detalle y el rigor.
Cuando Arencibia escribe crónicas, colabora en radio, prensa o televisión, lo hace guiado por el amor a su tierra adoptiva y a cuanto puede darle realce y contenido. Y esto es fácil comprobarlo en su más reciente tomo, que comienza con la fundación de Santa Cruz, en 1494, y finaliza con la inauguración del auditorio de Calatrava, en 2003, y, en el ínterin, no falta la referencia a los edificios y monumentos más representativos de Santa Cruz. También está presente la visita de importantes personajes; el devenir del cine, del puerto y otras efemérides notables como la irrupción del gas, de la luz eléctrica, del teléfono, el tranvía, el automóvil; o del primer periódico publicado en Canarias, en 1837, llamado Atlante; o la primera imprenta, en 1750; o cuando el 29 de mayo de 1859 la reina Isabel II concedió el título de Ciudad a Santa Cruz de Tenerife, por mediación del General O´Donell, el único tinerfeño que ha sido, en tres ocasiones, jefe del Gobierno de España.
Acontecimientos notables de Santa Cruz de Tenerife es, aparte de un ameno y didáctico texto, un tesoro gráfico, donde el autor pone a disposición de sus lectores, la obligación y, a la vez, la devoción de contribuir con esta prosa a preservar y difundir los testimonios de nuestra historia, que es amplia, muy amplia y fructífera.
En este mundo de prisas, sobresaltos y agonías, este libro puede ser una catarsis para el espíritu. En sus casi trescientas páginas el autor nos descubre que su tinerfeñismo es profundo y que sus afanes y sueños se condensan, de manera acentuada, en este Santa Cruz, al que no considera ni contempla solo con anhelos de grandeza, sino con el entrañable ánimo ciudadano que le es peculiar.
Los textos de su libro están ligados por un perseverante acopio de evidentes valores humanos y de episodios acaecidos en este proceso más que secular donde, igualmente, figura la victoria sobre el almirante Nelson, en 1797, así como el título de capital de Canarias que nuestra isla obtuvo en el año 1821.
En este elaborado e interesante tomo, el autor saca del olvido muchos, muchísimos, acontecimientos retrospectivos, y deja constancia de otras múltiples actividades artísticas, recreativas, culturales y deportivas que tuvieron como marco Santa Cruz.
Hace ya varias décadas, aquel inigualable personaje que fue don Víctor Zurita, a la sazón director del periódico local La Tarde, prologó un libro del minucioso y recordado Francisco Martínez Viera. Pues bien, parte de lo que dijo en aquella lejana ocasión el ilustre periodista del citado autor lo podíamos aplicar ahora a Juan Arencibia: “Ama las calles antiguas, los barrios populares, y se deleita en rememorar curiosas historias y pasajes anecdóticos. El escritor es un puro reflejo de la ciudad misma y sueña en expandir su cultura y su embellecimiento”.
Por ese acentuado apego hacia lo nuestro resultó encomiable que desde las columnas de El Día se lanzara hace algún tiempo la idea, ahora revivida por ilustres corporaciones locales, de nombrar Hijo Adoptivo de Santa Cruz a Juan Arencibia de Torres, “en base a su intrépida lucha, con gran expresividad, en ensalzar y conservar los valores de toda índole de nuestra ciudad que, como se rubricó en este rotativo isleño, lo hace persona digna de lucir tan relevante honor”.
Decía Azorín que “la vejez, en el escritor, es la falta de curiosidad literaria”. No ha decaído, sin embargo, esa curiosidad en Juan Arencibia, que sabe que la cultura es todo aquello que amplía el horizonte de la vida; que es la estética de la inteligencia y la cara amable de cualquier país.
Repasar este libro, sus textos e imágenes, es empeñarse en un recuerdo de ausencias y en una entrega a la nostalgia, que es la aflicción causada por la ausencia de cosas o por las personas queridas, o bien la desazón que produce el recuerdo de algún bien perdido.
Después del comprobado éxito obtenido por sus últimos libros, La ruta del tranvía y 500 personajes de Canarias, el autor, que fue precoz poeta de sonetos, nos ofrece ahora, en su más reciente trabajo, un tomo tan variado como didáctico. Y lo es porque escruta Santa Cruz de una forma convincente y donde se prodigan textos entretenidos y amenos.
Leyendo detenidamente estas páginas se nos ha despertado el apetito siempre saludable del recuerdo. En efecto, nos ha resultado ser un libro familiar, próximo y, fundamentalmente, nostálgico, evocador y necesario. Y, como ya hemos apuntado, apoyado con una selecta colección de entrañables estampas, muchas de ellas inéditas o escasamente conocidas, que vienen a adornar, aún más, estas páginas.
Es un tomo para solazarnos con su lectura. Un libro útil y recomendable, de forma especial para nuestros hijos y adolescentes. Son páginas para repasarlas en casa o para hacer un buen regalo. Un libro donde ahora nos sentimos más seguros cuando hablamos, primordialmente, de Santa Cruz, porque la conocemos con más propiedad y con más profundidad. En definitiva, es un exhaustivo trabajo de investigación, de minuciosa cronología y laborioso índice onomástico que, por arte de una difícil y ardua sinopsis, cada comentario, cada capítulo, ocupa sencillamente una página.
Acontecimientos notables de Santa Cruz de Tenerife no solo nos ha gustado, sino que nos ha mejorado. Y tiene, necesariamente, que ser un buen libro, porque, como decía la socorrida Louise May Alcott, “lo hemos abierto con expectación y lo hemos cerrado con provecho”.
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