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SANTA CRUZ DE TENERIFE. Patrimonio Industrial. Fábrica de gas

Autor: José Manuel Ledesma Alonso
Publicado en El Día el 23 de marzo de 2025

Santa Cruz de Tenerife en 1960.Abajo, a la izquierda, la Fábrica de Gas, en los terrenos en que hoy se levantan el Intercambiador y el Palacio de Justicia.

         

         La concesión administrativa del servicio público de gas en Santa Cruz de Tenerife para alumbrado, calefacción, cocinas y usos industriales, fue concedido a la compañía alemana Franke, el 18 de febrero de 1906, por un periodo de 75 años, siendo la empresa Gaswerk, Aktiengesellschaft la encargada de suministrar el carbón procedente de las cuencas del Rhur, en Alemania. Su representante en Santa Cruz de Tenerife era Jacob Ahlers.

          La fábrica de gas comenzó a construirse en el mes de septiembre de 1906, en el Llano de los Molinos, dando frente al camino del Lazareto. Estaba distribuida en tres edificios: el destinado a hornos y carbonera, la sala de aparatos, y el de oficina y vivienda. La inauguración de la canalización de la red de tuberías por toda la ciudad tendría lugar a finales del año 1907.

          El gas, producido por la combustión del carbón, se obtenía en el horno por la destilación seca de la hulla, a través de unos recipientes llamados retortas (piezas hechas con arcilla refractaria). Para ello, el fuego subía hasta la bóveda del horno, donde se distribuía a través de tres generadores, cada uno con 24 retortas, finalizando en la compuerta por la que se hacía la carga y descarga de la hulla, tarea realizada utilizando palas. Finalizada la destilación, dentro de las retortas quedaba un residuo llamado Coque, que también se vendía como combustible barato en sustitución de la leña y del carbón vegetal, evitando de esta manera la desaparición de la masa forestal del macizo de Anaga.

          Como el gas competía con el petróleo y la electricidad, ya que el alumbrado público en Santa Cruz se acababa de inaugurar diez años antes, para convencer a la población de su utilidad y sus múltiples aplicaciones, comenzaron a insertarse los siguientes anuncios en la prensa local: “Desde la fábrica y por el mismo tubo de conducción ofrece luz, calor y fuerza”. “El gas no ensucia, ni deja residuos, ni tampoco humo ni cenizas”.

          Además, la compañía de gas ofrecía al público toda clase de facilidades y comodidades; tales como, hacerles gratuitamente la instalación, facilitarles una cocina de tres hornillos, regalarles tres lámparas, no pagar los tres primeros meses el alquiler de los contadores, además de encargarse de conservar y limpiar las lámparas y reemplazar los manguitos.

          El alumbrado con gas era mucho mejor que las lámparas de aceite, velas y quinqué empleados anteriormente. Además, ofrecía una serie de ventajas que los otros competidores no tenían, pues se podía utilizar de día y de noche, era limpio, se manejaba con facilidad, y su peligro contra incendios era menor.

          El gas también fue utilizado como fuente de luz en varias viviendas chicharreras, en las que la popular “Lira”, con su camisa de seda entubada, proporcionaba una luz que no deformaba el color de los objetos.

          Muchas familias llegaron a disfrutar de sus grandes ventajas y comodidades al utilizarlo como fuente de calor en las cocinas, puesto que llevaba todo el calor a las cacerolas, no producía cenizas ni humo y los calderos quedaban limpios. También había familias que lo usaban para calentar agua de baños y duchas, e incluso en el planchado de la ropa.

Nuevas empresas concesionarias

          En 1918, a consecuencia de la I Guerra Mundial, la falta de carbón hizo que la fábrica cerrara, traspasándola a la sociedad suiza Aktiengesellsllschatt für Gasunternehmungen, quién hizo mejoras en las instalaciones y en la red de tuberías, reanudando el servicio con mayor diligencia. Esta nueva empresa producía Naftalina, un carbón especial con el que se obtenía el alquitrán, material con el que se empezó a asfaltar las principales calles de la ciudad; labor que llevaría a cabo el Real Automóvil Club de Tenerife, trayendo al inglés Mr. Pitch (Piche) para que comenzara a asfaltar (empichar) las calles de Santa Cruz con su máquina, siendo la primera la de Méndez Núñez.

          La liquidación y cierre de la Fábrica de Gas de Santa Cruz de Tenerife se produciría en la Junta General Extraordinaria de los accionistas, celebrada en Zurich, el 15 de octubre de 1931.

          En ese momento, la red de tuberías de distribución del gas de Santa Cruz tenía 32.308 metros de longitud, a la que estaban acopladas 1.327 cocinas sencillas, 270 cocinas con horno, y 68 baños.

         Todas las acciones de la Compañía fueron adquiridas por la Unión Eléctrica de Canarias S.A. (UNELCO), el 30 de junio de 1932. Su comienzo no sería muy halagüeño, dada la falta de suministros de carbón y la situación económica de los abonados, debido a las circunstancias bélicas.

          Sin embargo, los técnicos de UNELCO supieron salir de este contratiempo, comenzando a fabricar fluido de muy buena calidad, por medio de un equipo de “craking” de gasoil, inventado y construido por ellos, y que sería patentado en el Instituto Nacional de Industria; aun así, la fábrica tendría que cerrar definitivamente en 1975. Como dato anecdótico, a los últimos abonados se les regalaron las cocinas y bombonas que quedaban almacenadas.

          El alma mater de la Fábrica de Gas de Santa Cruz de Tenerife fue Martín Emil Hanke, ingeniero que había llegado de Alemania, en 1913, para instalar los hornos y, una vez realizado su trabajo, no regresaría a su país, quedándose como encargado de la Fábrica.

          Cómo este técnico se había prendado de nuestro paisaje y de nuestra gente, se casaría con una tinerfeña, habitando la vivienda anexa a la Fábrica, sita en la calle Regla, nº16. Como su hobby era la jardinería, los aledaños de las instalaciones los convirtió en un vergel, formado por laureles de India, ficus, palmeras, etc.

          La Fábrica de Gas de Santa Cruz de Tenerife, sería demolida en la madrugada del 24 de abril de 1993. Ese día, las palas excavadoras entraron en el recinto haciendo desaparecer cien años de la historia industrial de Santa Cruz.

          En su lugar, se instaló la Estación de guaguas, más tarde Intercambiador de Transportes y se levantó el Palacio de Justicia.

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