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SANTA CRUZ DE TENERIFE. Capítulo I. De Villa a Ciudad. (2) La Villa

Por José Manuel Ledesma Alonso
Publicado en El Día el 8 de septiembre de 2024.

          Cuatro días después de la victoria de los tinerfeños sobre los británicos, el 29 de julio de 1797, el Alcalde Real, Domingo Vicente Marrero, convocaba una asamblea en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, con objeto de nombrar compatronos a la Santa Cruz y al Apóstol Santiago, en cuya festividad se había vencido a los ingleses, asistiendo los Diputados y Síndicos personeros del Ayuntamiento, el Vicario eclesiástico, priores de los conventos y 80 vecinos notables.

           Aprobada la propuesta, el Alcalde Real, dijo: “Por mí, y en nombre de todo el vecindario, aclamo por patronos tutelares a la Santa Cruz y al Apóstol Santiago, y juro a Dios, Nuestro Señor, a su Santísima Madre, a todos los santos y santas de la Corte celestial y a estos Santos Evangelios, tributarles anualmente los cultos que les son debidos”.

           El General Gutiérrez, considerando que esta Gesta tinerfeña debería llevar otros beneficios que los aprobados en la citada asamblea, instó al Ayuntamiento a solicitar del Rey el privilegio de Villazgo, lo que suponía dejar de depender de La Laguna en todos los temas administrativos y económicos, así como la concesión de un escudo de armas, a la vez que se comprometía a trasladarlo a la Corte.

          El 5 de agosto, el Alcalde se reunía con los Diputados y Síndicos personeros para solicitar al Rey Carlos IV la concesión del título de Villa para Santa Cruz, por la gloriosa defensa y singular victoria sobre la escuadra inglesa, comandada por Nelson, en la que tomaron parte todos los vecinos.

          El Síndico personero don José de Zárate reunió todos los documentos que podían robustecer esta petición y, el 13 de septiembre, el General Gutiérrez enviaba el expediente a la Corte.

          Por Real Decreto de 21 de noviembre de 1797, el Rey Carlos IV concedía todos los privilegios solicitados por la Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, a la vez que añadía, por propia iniciativa, el de Leal.

          La Real Cédula, expedida en San Ildefonso (Madrid), el 28 de agosto de 1803, llegaría a Santa Cruz el 4 de noviembre, en ella se comisionaba al alcalde mayor para que diera cumplimiento al Real mandato.

          El alcalde José María de Villa convocó inmediatamente elecciones, en las que fue proclamado alcalde José Víctor Domínguez y Maquier quién, el 5 de junio, tomaría posesión del término municipal en el margen del barranco del Hierro, llevándose luego a cabo la demarcación de los límites con La Laguna, amojonando la jurisdicción del nuevo municipio en los Valles de Jiménez, San Andrés hasta Taganana, y el barranco del Hierro por el Sur. En las cuentas se detallan los gastos de lanchas, bestias, refrescos, peones y demás.

           La nueva corporación municipal estaba formada por José Guezala Bignoni, Enrique Casalon, Juan Anrán de Prado, José María de Villa, José de Zárate y Tomás Cambreleng, como Síndico personero. A todos ellos se les puede considerar auténticos héroes de nuestra historia local, al aceptar hacerse cargo de un ilusionante proyecto, carente de los más imprescindibles recursos, pues sólo contaban con su esfuerzo personal y su aportación económica, en detrimento de sus patrimonios, tal como ocurrió con los gastos de la función religiosa, la confección del pendón, realización de escudos y mazas, la música, y las gestiones en Madrid, cuyo montante fue de 16.000 reales, y tuvieron que ser cubiertos con sus aportaciones.

          Con la consecución del título de Villa, Santa Cruz pasaría a gozar de todos los privilegios inherentes al título, poseyendo jurisdicción alta y baja, en lo civil y criminal.

El Escudo de Armas
          Carlos IV también aprobaría un Escudo de Armas, en la misma forma y manera que se le había propuesto, pues solamente sustituiría la corona Ducal por la Real, como símbolo de lealtad y nobleza que lleva en su cimera.

          “Estas armas que os doy, Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago, las podéis usar, poner y llevar perpetuamente, para siempre jamás, en vuestros sellos, en vuestros pendones y banderas, en vuestros castillos, torres y puertas, en vuestros edificios y en los parajes públicos que quisiereis, de manera que las demás Villas y lugares de mis reinos y señoríos”.

          Los blasones y figuras que lo forman, expresan claramente sus señas de identidad, al exponer las hazañas y gestas alcanzadas:         

 El Escudo ovalado, de color azul ondeando por el Océano Atlántico que baña sus costas. Las dos ramas verdes que lo rodean, una de laurel (victoria) y la otra de roble (fortaleza) corresponden al título de invicta. Una Isla, la de Tenerife, con su famoso Teide, blanco de plata, por la nieve que lo cubre y por su acendrada fidelidad. La Cruz verde, Fundacional de la Ciudad a la que dio nombre, es con la que el Adelantado Alonso Fernández de Lugo celebró la misa de acción de gracias en la playa de Añazo, el día 3 de mayo de 1494. La espada de la Orden de Santiago, que asoma detrás de la Cruz Fundacional, y que atraviesa la tercera cabeza de león, se debe al triunfo conseguido sobre los invasores ingleses el 25 de julio de 1797, festividad del Apóstol Santiago. La insignia es de color rojo por serlo de la Orden y por la mucha sangre que el desembarco costó a sus enemigos. Tres cabezas de león -animal heráldico de la cimera del escudo de la Gran Bretaña- por las tres victorias logradas sobre los almirantes ingleses Blake (1657), Jennings (1706) y Nelson (1797) en su intento de invasión. Son de color negro por el carácter traicionero de estos ataques. Tres castillos, San Cristóbal, San Juan y Santo Cristo de Paso Alto, de color plata por el valor que han tenido siempre en su defensa. Cuatro anclas, por la importancia de su puerto, germen de la vida y la economía. De color plata por su limpieza e importancia y por las riquezas que en él se han salvado de la codicia enemiga.

          Fiel, en reconocimiento a su fidelidad a la monarquía y a la colaboración de su pueblo con la Junta Suprema de Canarias, máxima autoridad en las Islas en 1808, cuando la invasión napoleónica a la España peninsular.

          Cruz de Primera Clases de la Orden de Beneficencia, con el título de Muy Benéfica, con galardón y cinta, por el excepcional comportamiento de los habitantes de Santa Cruz durante la epidemia de cólera de 1893. Fue concedida por la reina regente María Cristina de Austria, madre de Alfonso XIII.

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