NUESTRAS PLAZAS (4). Plaza del Príncipe de Asturias
Autor: José Manuel Ledesma Alonso
Publicado en el Diario de Avisos el 26 de enero de 2025
Los frailes del convento franciscano de San Pedro de Alcántara poseían una huerta de 8.570 metros cuadrados en la que cultivaban hortalizas y legumbres para su alimentación, regándolas con el agua que discurría por el barranquillo del Guaite, actualmente canalizado bajo la calle Ruiz de Padrón. Cuando los frailes fueron desalojados del convento por la desamortización de 1820 y sus bienes pasaron al erario público, la citada huerta fue adquirida en subasta pública por Gabriel Pérez, natural de Cádiz.
Como esta capital necesitaba tener un lugar para el descanso y solaz de sus vecinos, en 1856 el Ayuntamiento compraría la huerta por 90.000 reales de vellón (Rvn), entregándole al vendedor los 36.764 Rvn que había en las arcas municipales, 41.236 Rvn obtenidos por suscripción popular, y 12.000 Rvn prestados, sin cobrar intereses, por Ramón Mandillo, Isidro Guimerá y José García-Ramos.
El día antes de comenzar las obras -8 de diciembre de 1857- tendría lugar un acto simbólico en el que los bomberos, después de asistir a la función religiosa en honor a su Patrona, celebrada en la parroquia de la Concepción, procedieron a derribar parte del muro de la huerta que daba a la calle del Norte (Valentín Sanz) para que pudieran acceder las autoridades civiles y militares y pronunciaran los consabidos discursos de inauguración, donde el gobernador civil anunciaría que la plaza se denominaría Príncipe de Asturias, ya que acababa de nacer Alfonso XII, según le había comunicado el comandante de la fragata de guerra española Berenguela que acababa de llegar al Puerto.
Los trabajos fueron realizados por los reclusos confinados en el penal hasta que órdenes superiores obligaron a retirarlos, siendo sustituidos por soldados, enviados por el capitán general Narciso Atmeller y Cabrera.
La Plaza
El proyecto de la obra, elaborado por el arquitecto municipal Manuel Oraá y Alcorcha, consistió en construir altos muros de contención en tres de sus lados, con el fin de lograr un plano horizontal y regularizar las alineaciones con las calles colindantes, hoy Ruiz de Padrón, José Murphy y Villalba Hervás.
El acceso principal a la plaza se situó por la calle del Norte (Valentín Sanz), lugar donde en 1866 se colocaron dos estatuas de mármol de Carrara, que representan la Primavera y el Verano, donadas por Manuel García Calveras, alcalde de Santa Cruz. Al año siguiente, el Ayuntamiento adquirió 14 jarrones de mármol de Carrara, para adornar con flores el perímetro de la plaza.
Los cuatro lados de la plaza serían enmarcados con asiento de sillería de piedra basáltica de las canteras de El Sauzal, rematados por pilastras y tramos de verja de hierro forjado. Sobre cada pilastra se colocaron jarrones de flores, similares a los traídos de Génova, realizados en la fábrica de mármoles Granados de esta ciudad. A la vez se construyeron las escalinatas de los lados laterales para poder acceder a la plaza, mientras que la del lado Sur -calle José Murphy- se construiría con los 31.867 Rvn recaudados en las tómbolas y bazares instalados en la Plaza, durante las fiestas del 25 de Julio de 1870.
Aunque la Plaza se abriría al público el 29 de octubre de 1860, el ornato de la misma se iría ejecutando gracias a las recaudaciones que los vecinos obtenían en las verbenas que allí se celebraban, donde instalaban bazares, tómbolas, etc.
Los 20 laureles de Indias que se plantaron alrededor de la Plaza, fueron traídos de Cuba, en 1866, por el capitán Domingo Serís Granier, en su bergantín El Guanche, siendo los primeros árboles de esta especie que llegaron al Archipiélago y que aún continúan dándole sombra.
La plaza se iluminaría por primera vez en 1870, para celebrar las fiestas conmemorativas del 25 de julio, utilizando los faroles de petróleo que se habían quitado de la calle La Marina. El alumbrado se completaría en 1903, con faroles de hierro fundido que se trajeron de Marsella (Francia).
Los primeros bancos para el descanso de los paseantes llegaron de París en 1873, estrenándolos con paseo y música, amenizada por la banda La Bienhechora, desde el templete de madera.
En 1871 se instaló una fuente de hierro fundido, comprada en Londres por la Junta de Mejoras y Ornato de la Alameda de la Libertad, nombre que recibiría la Plaza después del triunfo de la Revolución de Septiembre (La Gloriosa).
La fuente estaba compuesta por un basamento hexagonal que terminaba en un capitel corintio de 5 metros de altura, donde descansaba una gran taza circular en cuyo centro se elevaban tres tritones con surtidores de agua que, en sus colas entrelazadas, sostenían una taza circular más pequeña, en cuya parte exterior tenía seis cabezas de león que también arrojaban agua por sus bocas. En medio de esta taza se encontraban las figuras de dos niños abrazados que sostenían el juego del agua. La citada fuente permanecería en pie hasta 1930, año en que fue llevada a la recién inaugurada avenida Bravo Murillo. Una taza de la citada fuente se conserva en el extremo suroeste de la plaza.
En su lugar se instalaría un templete musical, construido en madera con arcos circulares de carácter neoárabe y una cúpula apuntada, el cual sería sustituido por el actual que se encuentra elevado por encima del pavimento en el centro de la Plaza, con forma octogonal y un podio en cada vértice que sirve de apoyo a una columnata doble que sostiene el entablamento corrido de la cubierta de madera, rematada con teja árabe.
Rehabilitación
En 1985 se llevó a cabo una rehabilitación integral de la plaza, realizándole un paseo alrededor del templete, pavimentado con piedra basáltica y las superficies restantes recubiertas con arena de picón. A la vez que se le incorporó un kiosco de hierro con terraza, de diseño historicista, parecido a la Marquesina del Muelle.
En 1994 se colocó la escultura en bronce, denominada Courage, del autor Hanneke Beaumont y, en 2014, una escultura de bronce, a tamaño real, de Enrique González Bethencort, fundador de la Ni Fú- Ni Fá, realizada en los talleres Bronzo (La Laguna).
En la actualidad, este entorno romántico continúa siendo un remanso de paz dentro de la capital, al ser un lugar de esparcimiento y solaz de los ciudadanos que acuden a pasear, descansar, leer, etc. gracias a su exuberante arbolado. En ella continúan celebrándose conciertos musicales, ferias, etc. y los martes de carnaval actúan Los Fregolinos y la NI FÚ NI FÁ.
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