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Las pasadas agonías del palacete que donó Imeldo Serís, y el paseo Arístides Ferrer en el parque García Sanabria

Autor: Antonio Salgado Pérez

Publicado en el Diario de Avisos el 31 de marzo de 2025

          El Ayuntamiento de Santa Cruz, en pleno ordinario celebrado el día 21 de octubre de 1994, y visto el expediente relativo a denominaciones definitivas de los distintos paseos del parque García Sanabria, acordó designar, entre otros ilustres nombres, y como paseo Arístides Ferrer, el comprendido entre la Calle Doctor Navieras hasta el mismo monumento de García Sanabria. Me van a permitir el siguiente paréntesis.

          Como queda apuntado en el libro Los 100 años del Cotime (1908-2008). Remembranzas de la Escuela de Comercio, don Arístides, así, a secas, siempre saludaba con aquella interjección poética de ¡Salve! Fue, más que una utópica institución, un nexo de presencia muy familiar. Muchísimos titulados mercantiles y empresariales le conocieron en aquella señorial mansión que siempre se conocerá por la Escuela de Comercio, donación de Imeldo Serís, marqués de Villasegura, que sigue rematada por dos medallones de los bustos de Viera y Clavijo y Agustín de Bethencourt y que, por desgracia es un edificio que, hasta hace pocos años, se nos estaba cayendo a pedazos; y en la actualidad, y gracias a los desvelos culturales de nuestra Corporación municipal, que lidera José Manuel Bermúdez Esparza que, por cierto, en su día, nos explicó personalmente en su despacho oficial las labores que se venían realizando en su añorada rehabilitación.

          Ojalá que algún día veamos definitivamente el esplendor original que atesoró esta joya arquitectónica de estilo ecléctico, muy flagelada y adulterada hace décadas, donde el exuberante follaje aledaño nos ha venido ocultando estas lamentables mutilaciones. Cuando el Ayuntamiento santacrucero finalice las obras de rehabilitación de esta mansión, declarada BIC en 2004, de forma muy acentuada en su fachada, e ilumine ésta, muchos tinerfeños podrán comprobar, de noche y de día, el tesoro patrimonial que, por diferentes razones, ha pasado casi desapercibido entre el público isleño, que pocas veces se percató de la desaparición de aquel medallón central con la propia efigie de Imeldo Serís. Para cerrar este paréntesis histórico solo nos queda añadir que tal palacete fue una obra del arquitecto –íntimo amigo de Imeldo Serís– Manuel de Cámara y Cruz, que también fue autor de la Logia Masónica de la calle San Lucas, otra joya arquitectónica (BIC) que antaño sufrió lamentables y prolongadas negligencias.

          Y siguiendo con la figura de don Arístides Ferrer, nadie ha olvidado sus clases de Geografía Económica que, sin barcos, sin camarotes de lujo; sin trenes ni aviones, convertía a sus numerosos alumnos en ilusionados “marcopolos”, con amenos periplos, con estadías sin mareos y con paradas y fondas para analizar con profundidad parcelas y demarcaciones con el sólo acompañamiento de un decrépito mapa y aquella voz dura, suave, de ínclito cicerone.
Don Arístides jamás fue áridamente didáctico; pero le preocupaba ser tremendamente trivial, terreno que, por supuesto, nunca holló. Su lema: las cuentas claras. Siempre estuvo inmerso en aquel inagotable abanico de cheques, créditos e insolvencias. Luchó bravamente en aquellas peligrosas trincheras de los déficits, de las depreciaciones, de los saldos, de los cuadres y las cuentas bloqueadas…

          Fue una mente erudita, adornada y enriquecida con un humor e ingenio de inconfundible carisma, todo ello sentenciado, para siempre, en aquella amarga fecha de su óbito, a los ochenta y cuatro años, acaecido el 24 de febrero de 1995.

           Por todo lo expuesto, a quienes le conocimos muy de cerca, nos sigue alegrando verle en el parque municipal García Sanabria junto a una higuera de Bengala, un ombú, un pino carrasco, una manzana de Cafre, un majó y una ceiba. Y para adornar más aquel bellísimo entorno, en el denominado paseo Arístides Ferrer, y medio escondida, se encuentra la original escultura de Óscar Domínguez El gato. ¡Qué más se puede pedir!

          Don Arístides debe estar muy contento y orgulloso de compartir aquellos alberos con sus grandes amigos de la época, que también tienen asignados paseos, desde Juan Marichal, Domingo Pérez Minik, Agustín León Villaverde, Francisco Borges Salas y Manuel Bonnín Guerín, hasta los José Blasco Robles, Domingo López Torres, Francisco Aguilar y Paz y Marcos Guimerá Peraza, ilustres tinerfeños, destacados en diversas artes, profesionales y labores docentes.

        En Junta General Ordinaria celebrada el 7 de abril de 2005 por el Ilustre Colegio Oficial de Titulados Mercantiles y Empresariales de Tenerife (Cotime), que presidía Antonio Pérez Viera, se creó el Premio Arístides Ferrer, en memoria de quien fue inolvidable profesor y emblema de la Escuela de Comercio (ubicada en una de las zonas de más prestigio urbano, el Barrio de los Hoteles, concretamente en la calle Veinticinco de Julio, de esta capital). También nuestro inolvidable personaje fue presidente del citado Cotime (1963-1980). La creación de la aludida distinción “tiene por objeto reconocer la labor que se haya desarrollado en pro de la formación de estudios mercantiles, así como en el fomento y consolidación de la actividad profesional y empresarial”.

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