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José Murphy, el político que llevó a Santa Cruz a ostentar la capitalidad única

Autora: Mónica Ledesma
Publicado en el Diario de Avisos el 1 de febrero de 2026


Durante 105 años, el municipio ejerció la capitalidad de Canarias, tras la pugna con La Laguna y Las Palmas de Gran Canaria

          El 27 de enero de 1822, Santa Cruz de Tenerife logró alzarse como la primera capital de Canarias, un privilegio que ostentó hasta 1927, cuando la dictadura del general Miguel Primo de Rivera propició la actual división en el Archipiélago, dando paso a la provincia de Las Palmas. No obstante, el hecho de que durante 105 años Santa Cruz fuera capital de las Islas, tras ganar la pugna con La Laguna y Las Palmas de Gran Canaria, se debió a uno de los mejores políticos tinerfeños de la historia, José Murphy y Meade, a quien, desde entonces, se le consideró como el padre de la capitalidad del municipio.

          El pasado miércoles, con motivo de los 204 años de esta designación, el alcalde, José Manuel Bermúdez, y la Tertulia Amigos del 25 de Julio, rindieron el tradicional tributo a Murphy, a quien Santa Cruz le recuerda con una sencilla estatua ubicada en la plaza de San Francisco.

          No obstante, aún son muchas personas las que pasean hoy en día junto a esta obra desconociendo, realmente, la relevancia de a quién representa. “Defendió con inteligencia y pasión la posición estratégica de la ciudad, además de un arquitecto de la Santa Cruz contemporánea, un pionero de la modernidad y un símbolo de la vocación atlántica que siempre ha definido a esta ciudad”, subrayó el regidor, al tiempo que destacó su defensa de las libertades, del desarrollo económico y del papel de Santa Cruz como enclave abierto al mundo.

          La vida de Murphy no deja de ser curiosa. Nació el 25 de febrero de 1774 en la calle San Francisco, esquina a San Martín. Sus padres, Patricio y Juana, de origen irlandés, se dedicaban al comercio y a la consignación de buques. En 1799 se casó con su prima hermana Juana, con la que tuvo un hijo, José Patricio. Dos años más tarde morirían su esposa y sus padres, por lo que tuvo que hacerse cargo de las actividades navieras de la familia, viajando con frecuencia a Londres y París.

         El cronista oficial de la ciudad, José Manuel Ledesma, recuerda que en 1801, Murphy ejercía como miembro del Real Consulado del Mar; en 1808 desempeñó como comisionado de Hacienda en la Junta Suprema Gubernativa de Canarias, siendo su representante ante la Junta Superior de Sevilla y diputado por ésta en la Junta Central de Madrid.

         Su talante político lo llevarían, entre 1813 y 1820, a ser elegido diputado provincial; y en 1821 fue procurador síndico personero del Ayuntamiento. Por ello, cuando el 12 de mayo de 1821 llegó la noticia del real decreto que ordenaba una nueva división de partidos electorales, por el que Santa Cruz quedaba dependiendo de La Laguna, el Consistorio chicharrero acordó recurrirlo y designó a Murphy para que defendiera en las Cortes la capitalidad santacrucera.

         A pesar de no ser diputado nacional, este político llegó a desarrollar una gran labor en busca de apoyos, en una “diplomacia de pasillos” que se tradujo, el 22 de octubre de 1821, en la designación de Santa Cruz de Tenerife con el título de Muy Leal, Noble, e Invicta Villa, por Capital de las Islas Canarias.
Tres meses más tarde, el 27 de enero de 1822, se promulgaría la ley que rubricaba la capitalidad única de Canarias a Santa Cruz, gracias al privilegio concedido por la Corona en 1803, de Villa Exenta, que fue el punto de origen del posterior engrandecimiento de la capitalidad única, tras haberse consolidado como cabecera administrativa de todas las islas.

         Posteriormente, la ciudad fue nombrada capital del distrito Militar de Canarias, aunque la gestión de Murphy no se limitó a lo ya conseguido, sino que influyó en lograr, además, que el puerto santacrucero se habilitara para el comercio extranjero. Un hecho que contribuyó a reforzar la importancia de Santa Cruz como centro administrativo del Archipiélago.

         José Murphy, que en su momento había apoyado las libertades que proclamaba la primera Constitución, fue uno de los 23 diputados que, al reinstaurarse el absolutismo, en 1823, votó a favor de la incapacidad temporal del rey Fernando VII, motivo por el cual le confiscaron sus bienes y se le sentenció con la pena de muerte a garrote, la que eludió exiliándose primero a Londres, a través de Gibraltar, y finalmente a México, donde volvería a casarse.

Monumenmto a Murphy Custom

Cónsul en México

         En 1834, tras recibir la amnistía, y ya normalizadas las relaciones políticas con México, Murphy ejerció como cónsul de España hasta 1840 –un año antes de su muerte- sin recibir emolumento alguno. Por ello, al cesar en el cargo, su segunda esposa solicitó una pensión al Gobierno, que le sería denegada.

          Dos siglos después de su fallecimiento, en su isla se desconocía dónde podía estar enterrado el padre político de Santa Cruz, por lo que la Tertulia Amigos del 25 de Julio, al considerar que este ilustre personaje debería descansar en paz en su ciudad orginaria, inició una investigación para poder localizar sus restos y repatriarlos a Tenerife. Finalmente, se hallaron en México, en un panteón del cementerio de Santa Paula, desaparecido a finales del siglo XX.

         Para rendir homenaje al político canario más importante del siglo XIX, el Ayuntamiento de Santa Cruz reconoció su dedicación y defensa de los derechos de la Villa, pero no sería hasta 1895, cuando el arquitecto y concejal Manuel de Cámara y Cruz propuso que la calle Saltillo y Consistorio, que hoy transcurre desde la del Castillo a Ruiz de Padrón, pasara a denominarse José Murphy.

         En 1903, el alcalde Juan Martí Dehesa ordenó que la carta enviada por Murphy con la noticia de la capitalidad se incluyera en el Libro Verde del Consistorio y, en 1978, se colocó una placa en el edificio que hoy ocupa el solar de la casa en la que nació, en la calle San Francisco.

         En el año 2000, la Tertulia Amigos del 25 de Julio propuso al Ayuntamiento erigir un monumento a su figura, según los bocetos de Francisco Borges Salas. La obra la realizó Roberto Barrera Martín y se inauguró el 30 de septiembre de 2003, en la plaza San Francisco.

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