El nombre de nuestras calles (118). Iriarte
Autor: José Manuel Ledesma Alonso
(Publicado en el Diario de Avisos el 14 de enero de 2024)
Calle Iriarte
Desde la Rambla Pulido a la calle Duggi

Sobrino del humanista y erudito Juan de Iriarte y Cisneros, Bibliotecario Real y traductor de la Secretaría de Estado, desde niño fue llevado a Madrid, al igual que lo habían hecho sus hermanos Bernardo y Domingo, adquiriendo los tres una sólida educación bajo la tutela de su tío, pues, Bernardo llegaría a ser miembro de las Academias de la Lengua y Bellas Artes, Domingo sería secretario de Embajada en Viena, y años más tarde Embajador en Varsovia (Polonia), y Tomás sucedería a su tío en su puesto de traductor oficial de la Secretaría de Estado, ocuparía el cargo de Archivero de Guerra, y sería uno de los escritores más importantes del siglo XVIII.
Tomás de Iriarte era el prototipo del cortesano dieciochesco, elegante, culto, cosmopolita y buen conservador. Su figura destacaría en los ambientes literarios y sociales del Madrid de la Ilustración, siendo un asiduo de la tertulia de la Fonda de San Sebastián, donde trabó amistad con su fundador Nicolás Fernández de Moratín.
La fama le llegó en 1773, con la publicación de las Fábulas literarias, una serie de poemas satíricos y moralizantes que contienen una burla feroz de sus coetáneos, tal como puede apreciarse en El burro flautista, El caballo y la ardilla, y la más conocida Los dos conejos, donde aparece la consabida expresión “son galgos o podencos”, fábula en la que aprendemos que más vale no perder el tiempo pensando sobre los peligros que nos acechan, ya que corremos el riesgo de sucumbir ante ellos.
De su actividad teatral cabe destacar el monólogo Guzmán el Bueno, basado en el episodio medieval del cerco de Tarifa, cuyo alcaide, Guzmán el Bueno, prefirió dejar morir a su hijo antes que rendir la ciudad.
En prosa compuso el drama La Librería, y tres comedias morales en verso: El don de gentes, El señorito mimado y La señorita malcriada, que tratan sobre la dificultad de educar a los hijos. Cuatro años antes de morir hizo realidad su deseo de ver publicada su colección de obras, en verso y prosa.
En el ámbito musical, además de tocar el violín y la viola, compuso sinfonías y escribió el poema didáctico titulado La Música, que sería traducido a varios idiomas.
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