Aprovechando un largo tramo del Camino de Santiago entre Salamanca y Zamora al que se conoce como «Vía de la Plata» …
Autor: Antonio Salgado Pérez
Publicado en esta página el 6 de mayo de 2026
… era obligado visitar ciudades y localidades tan emblemáticas como Béjar, Candelario, Ciudad Rodrigo, La Alberca o Toro.

Las tres señales del Camino
Como peregrino, seguimos en el Camino de Santiago, concretamente en la denominada “Vía de la Plata”, entre retamas, hinojos y amapolas, cruzamos por pueblos, aldeas y caseríos que apenas figuran en los mapas; Villanueva del Capeán, Perdigón, Entrala, Penausenda… Se nota la emigración. Y la gerontocracia de sus habitantes, que siempre nos saludan con mucha amabilidad. Estamos pisando una de las regiones más despobladas de España. En un largo deambular por diferentes caminos agrícolas y sendas, entre extensos cultivos de remolacha azucarera, llegamos hasta las puertas de Zamora, cruzamos su puente medieval, sus calles empedradas; admiramos su hermosa y vetusta catedral románica; “saludamos” a Viriato, con quien los guías turísticos no se ponen de acuerdo para decir dónde nació este rústico héroe, si en España o en Portugal. Y, por curiosidad, en una de las incontables iglesias zamoranas nos detenemos, en Santiago de los Caballeros, porque allí fue armado caballero Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, que nos hizo recordar los versos de Manuel Machado: “El ciego sol, la sed y la fatiga…/ por la terrible estepa castellana / al destierro, con doce de los suyos / –polvo, sudor y hierro–, el Cid cabalga…”.
Decíamos en anteriores reportajes sobre el Camino que, de vez en cuando, el peregrino, apartándose de rutas jacobeas y siguiendo atinadas iniciativas de la organización, dirige sus pasos, atraído por el citado y sugerente paisaje, por otros senderos que, obviamente, no se pueden dejar de visitar por múltiples razones. Por ejemplo, núcleos tan representativos como Ciudad Rodrigo, Béjar, Candelario y la Alberca, en Salamanca y Toro, en Zamora.

Algunas etapas del Camino de Santiago llevan el sello de una soledad sobrecogedora
Entre damas de abolengo y “hombres de musgo”
Situada sobre un alto desde el que se contempla todas la ubérrima vega del río Agueda, y en un tajo de aquella, está ubicado el castillo parador, posada de viajeros distinguidos desde 1929. En Ciudad Rodrigo, obviamente, no pasa desapercibido su rico patrimonio monumental. Declarada Conjunto Histórico Artístico desde 1944, sus palacios y casas señoriales nos transportan hasta viejas historias de glorias y honor, de caballeros andantes y de damas de alto abolengo. ¡Ah!, su curioso Museo del Orinal (tres mil ejemplares) estaba cerrado. Otra vez será.
En Béjar escalofría pasar por esas inmensas naves industriales, otrora de enorme actividad textil y ahora silentes y vacías, muy vacías, bajo la presencia estática de sus “hombres de musgo”, que, levantando sus miradas, concentran estas en la plaza de toros más antigua de España (1711), con durísimos tendidos de piedra y, fuera, la enhiesta estatua del torero “el Salamanquino”, y cerca un frondoso bosque de castaños donde se venera, en un singular santuario, y desde 1447, a la milagrosa imagen de la Virgen del Castañar.
El pueblo más pintoresco de España
El escritor Juan Eslava Galán, en su ameno, exhaustivo y recomendable tomo 1.000 sitios para ver en España, al menos una vez en la vida, opina y lo ratificamos plenamente, que “La Alberca es el pueblo más pintoresco de España”. Y es que sus calles empedradas, fachadas entramadas de vigas oscuras y encalados blancos y su encantadora plaza mayor vienen a demostrar que cada rincón, portón, bocallave, gatera, reja, balcón florido y alero saledizo, merecen figurar en una postal. Se ufana de ser el primer pueblo español al que, en 1940, se le declaró Monumento Nacional (Conjunto Histórico-Artístico). Esta localidad salmantina se muestra en perfecto estado de revista gracias a los desvelos de una Corporación que, incluso, en lo que es hoy su Oficina de Turismo, ha respetado el rótulo de los que era antaño: “Cárcel pública”.
Las batipuertas, regaderas y el oasis de Castilla
Candelario, otro Conjunto Histórico-Artístico, es una villa que mantiene intacta su arquitectura típica de casas de tres plantas de piedra, maderas de castaño y forja, construidas para la industria chacinera, que aquí tuvo enorme notoriedad desde el siglo XVIII hasta principios del XX. Uno de los elementos arquitectónicos más destacados y originales se concentra en sus batipuertas, situadas en la parte exterior de la entrada de las viviendas, que abiertas daban claridad y evitaba la entrada de los numerosísimos animales –principalmente cerdos– que transitaban por las calles donde aún se conservan las regaderas, canales de agua cristalina que discurren por todos sus rincones y que antes servían para mantener limpios estos después de las matanzas que, entre otras chacinas de renombre, producían el chorizo de Candelario, la cima de su gastronomía.
Varios motivos para ir a Toro: extasiarse ente la serena y grandiosa belleza del pórtico de la Majestad de la Colegiata; contemplar la Virgen de la Mosca, que está posada en su rodilla; tener la oportunidad de solazarnos con la simpatía y generosidad de doña Concha, farmacéutica de este enclave, y gozar del paisaje que se disfruta desde el Mirador del Espolón; al pie de su peñasco se extiende una vega feraz a la que llaman “el oasis de Castilla”, que tanto contrasta con aquellas estepas, con aquellas planicies duras y fatigosas, que habíamos recorrido anteriormente siguiendo la ruta jacobea de la “Vía de la Plata”, que, por cierto, era la utilizada por los peregrinos que vivían en territorio islámico.
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