«Breakfast», «Lunch» y «Dinner»
Autor: Antonio Salgado Pérez
Publicado en esta página el 5 de mayo de 2026
En las excursiones de larga distancia, los autopullman británicos lucen este cartelito: “Por favor, alimente las papeleras, El suelo está a dieta.”
El conductor-guía, a través de su “manos libres”, nos dice: “Estamos pasando por una de la autopistas más encantadoras de Inglaterra, porque, como comprobarán, hay una combinación de verdor, bucolismo y belleza en el paisaje; además, observen esas manadas de vacas pastando, descansando o durmiendo; o esas ovejas; esa numerosísima colonia de cerdos con sus peculiares casetas de aluminio; esos caballos, gacelas e, incluso, esos asnos, que aquí se veneran de una forma muy especial en el denominado “The Donkey Sanctuary”.
La moderada velocidad del chófer facilita aún más la visión de aquellos parajes, donde llaman poderosamente la atención aquellas extensísimas alfombras gualdas formadas por la exuberante floración de la colza, planta anual que aquí se cultiva para producir forraje, aceite vegetal y biodiesel.
Sigue el autobús devorando kilómetros por aquel asfalto sin fisuras ni baches. El conductor-guía explica con tanta convicción que apenas se le formula preguntas. No hay música de fondo, pero sí un cartelito colgado que dice: “Por favor, alimente las papeleras; el suelo está a dieta”.

En Potsmouth, cuna de Charles Dickens, sobresale el Spinnaker Tower, una de las estrucutras más altas del Reino Unido
Somos viajeros de un tour donde todos los integrantes son británicos, que persiguen, como nosotros, conocer una buena parte del sur del Reino Unido, por ejemplo, desde Brighton hasta Portsmouth, desde “donde el sol nos da alegría”, hasta la mismísima cuna de Charles Dickens. En esa extensa franja de terreno nos hemos hospedado en esos clásicos hoteles que parecen anclados en el pasado, donde sus propietarios siguen ufanándose de que allí pernoctaron “el emperador Napoleón III de Francia y varios miembros de la familia de la reina Victoria; o que allí lady Nelson o lady Byron fueron a apaciguar sus respectivas amarguras…”
Hoteles de arquitectura georgiana y victoriana
Hoteles de marcada arquitectura georgiana, llamada así por los cuatro reyes británicos llamados George (I,II,III y IV), que reinaron en Inglaterra desde 1711 hasta 1830; estilo que arrinconó al Barroco para dar cabida a formas clásicas, al orden y a la proporción. Este estilo nos otorga las clásicas ventanas saledizas, generosas en cristales para recoger al máximo toda la claridad del día, que, a menudo, suele ser mezquina, y añaden elegantes porches, afiligranados balcones de hierro forjado y majestuosas y señoriales columnas.

Ventanas saledizas de los hoteles georgianos
Hoteles, igualmente, con sellos de arquitectura victoriana, estilo que sucedió al mencionado georgiano, y que comprendió el periodo entre el año 1837, con la coronación de la reina Victoria, hasta su fallecimiento en 1901. Fue una época en la que el Imperio Británico alcanzó su máximo esplendor y donde se desarrollaron muchísimas innovaciones arquitectónicas, caracterizadas por el resurgimiento de muchos estilos antiguos, entre ellos el gótico, el románico, el clásico, el folk, etc.
Los ritos del desayuno, almuerzo y cena
Aquí gozamos de la reconocida puntualidad británica; de la seriedad de las agencias de viajes, que te envían incluso cartas para anunciarte que la salida no es a las 9:15, sino a las 9:05… Volvemos para solazarnos con el rito del “breakfast”, donde la conversación es puro murmullo y donde el estilo, la educación y los ademanes de los camareros son detalles que no se olvidan, así como la compostura y la elegancia de los que bajan al comedor a degustar el simple “lunch” o la protocolaria “dinner”, y, después, tras un rato de entretenimiento y conversación, música “ad hoc” para gente madura, donde el romanticismo y la melodía descartan los altos decibelios y las estridencias. Resultaba todo un espectáculo observar, por ejemplo, la minuciosidad, el mimo y la profesionalidad con la que los barmen limpiaban los vasos y como lustraban los mostradores y sus diferentes grifos. Unos y otros, camareros y barmen, siempre con una sonrisa, con un gesto amable, con finos modales y muy atentos a las peticiones de los clientes.
La “caricia cercana del sol”
Nos decía André Maurois que el carácter del británico era poco efusivo, como distante y muy poco participativo. Pues estos ingleses sureños, léase viajeros, camareros y barmen, parecen todo lo contrario. Será que los cambia aquella “caricia cercana del sol” que pregonaba Phil Bosman. Y los cambia de tal manera que aquí hemos conocido al único inglés que silba con ritmo y armonía y a la única británica que, insólitamente, no le gusta el té…
Los domingos y días festivos, los denominados “resorts” (localidades de playa y sol) suelen llenarse de un público que jamás se arredra ante las adversidades atmosféricas. En primavera, y durante nuestra estancia, los termómetros (que, por cierto, no se exhiben en ningún sitio) marcaban entre los siete y diez grados; y lo más que consumían niños y mayores eran helados y similares. Aquellos visitantes y lugareños paseaban por sus respectivos litorales enfundados en toda clase de abrigos, y a ninguno, por supuesto, se le ocurría pisar la orilla del aquel gélido canal de La Mancha. Y, de vez en cuando, y entre aquella singular sinfonía de nubes blancas, muy blancas, algodonosas y generosas en volumen, surgía, muy tímidamente, el sol. Y como adoran a sus mascotas, a sus perros, pasean a estos, incluso enfermos, en cochecitos especiales, enmantados, donde los canes, con miradas adormiladas, parecían resignarse ante las iniciativas de sus dueños.
Con sandalias y bermudas
Pero no son todo bufandas y abrigos. Con estas temperaturas, y con los aludidos “ice cream”, hay quien se atreve a salir con sandalias y bermudas.
Por estas orillas, adornadas de tulipanes, las gaviotas, bien alimentadas, pasean tranquilamente junto a nosotros. En las tiendas de estas localidades sureñas (Bognor, Regis, Sidmouth, Seaton, Exmouth, Dawlish, etc.) existe mucha camaradería y compañerismo, porque si no encuentras lo que estás buscando, los dependientes, con mucha diplomacia y disposición, te indican, con pausados modales y con una sonrisa, dónde lo puedes encontrar, dónde lo puedes adquirir.

Monumento a los caídos en la II Guerra Mundial
Caídos en la Segunda Guerra Mundial
No existen por estos contornos mendigos, parcelas de pobreza y marginación. Puede que la posible miseria se oculte ante tanto árbol, césped y floración. Aquí y allá, con evidente profusión, contemplamos pequeños y grandes monumentos a sus caídos en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), “ofreciendo sus acciones de gracia a aquellos hombres, mujeres y niños de todas las naciones que sufrieron e hicieron el supremo sacrificio”. Y algunas rotulaciones terminaban así: “Nosotros siempre les recordaremos, ahora vivamos todos en paz”.
Devon, el sueño de los jubilados británicos
Estamos en el popular condado de Devon, el sueño de muchísimos británicos. Estamos en este sur donde los jubilados añoran pasar el resto de sus respectivas existencias compartiendo estos bungalows sin escaleras y con pequeños jardines frontales y traseros, donde disfrutar cuando el sol les sea propicio, cerca de estos aires marineros de donde salieron navegantes de la entidad de sir Francis Drake o sir Walter Raleich.
Estamos, en efecto, en “la Riviera inglesa”, que goza casi con el Finisterre británico (Land´s End) y con Plymouth, ciudad que tanto recuerdo siempre le traía a mi admirado amigo el extinto Juan Antonio Padrón Albornoz, por aquello de “la gracia insuperable de las velas”, que desde dicho puerto partieron en inolvidable regata, con escala en Tenerife y Nueva York, en la primavera de 1976.
Agatha Christie y Alicia Navarro
En “la Riviera inglesa” aseguran que “si por las mañanas se puede ver en el firmamento un trocito de cielo azul con el que se puedan hacer unos pantalones, ese día no lloverá”. Y surgirá, con brillantez, el astro rey, y, entonces, los británicos dirán: “Ha salido el sol; salgamos a disfrutarlo”. Y estas extensas riberas, con sus parques y parterres, serán testigos de la presencia –de forma especial en días de fiesta– de esta masa humana tan ávida de estos rayos solares. Y en los jardines particulares, las madres sacarán a sus bebés, a sus hijos más pequeños, para que gocen de la aludida “caricia cercana”, como se puede apreciar en nuestra fotografía de portada.
También, por estos aledaños se encuentra la localidad de Torquay, que, aparte de ser la cuna de la prolífica Agatha Christie, aún conserva aquel “glamour” que la convirtió, en la lejana fecha de 1935, en el privilegiado escenario de “Miss Europa”, donde la tinerfeña Alicia Navarro Cambronero fue coronada como tal, tras superar sus etapas como Miss Casino, Miss Santa Cruz, Miss Tenerife y Miss España.
El dramatismo y la misteriosa belleza de Dartmoor
También en este sur, Dartmoor es un lugar donde el ganado pasta con calma. Ni los numerosos automóviles turísticos inmutan a aquel bovino incansable en su rumiar; ni a las ovejas, todas blancas y marcadas de rojo. En muchos puntos, carreteras estrechas, angostas, adornadas en sus cunetas por tupidos bosques. Por cielo, ramas y follaje. Ante este goce visual resulta obvio que en este magnífico escenario y dentro del Parque Nacional Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes, decidiera trasladar a algunos de sus personajes para situarlos en uno de los lugares más grandiosos del “West Country” de Inglaterra, Dartmoor, que según los críticos también constituye uno de los parajes más literarios del Reino Unido, cuya principal atracción es su dramatismo y misteriosa belleza.
Brighton, sinónimo de calidad y distinción
Y en el otro extremo, Brighton, que como dicen los reclamos turísticos, “es el mayor núcleo veraniego de Inglaterra”. Brighton era un pequeño pueblo pesquero y agrícola antes de 1750 cuando los visitantes descubrieron su pintoresco atractivo. Y la moda de usar agua como una cura restauradora para la vida del siglo XVIII aseguró el futuro de la población, que comenzó a prosperar. La gente estaba muy interesada en los personajes de la realeza, de manera que cuando el príncipe Jorge –que más tarde pasó a ser príncipe regente y después rey Jorge IV– decidió construir su palacio marítimo en Brighton, la popularidad de la ciudad aumentó rápidamente. A este palacio se le ha conocido posteriormente como el Royal Pavilion, y es lo que más llama la atención en la citada localidad, al mostrarnos exteriormente aquellas fantasiosas cúpulas abulbadas y pináculos de estilo hindú, que contrastan enormemente con todo el entorno, donde aún puede apreciarse la influencia del estilo regencia en gran parte de la hermosa arquitectura de Brighton, que sigue atesorando sus muchos y extensos “crescents” (calles en semicírculo) y plazas erigidas en su tiempo “para satisfacer el exuberante estilo de vida del príncipe y el de la sociedad brillante y cultivada que él reunió a su alrededor”. Pero estimamos que la actual personalidad de Brighton está reflejada en su extensa avenida, donde sobresale el lujo de sus hoteles y de sus respectivas fachadas, que otorgan un sello de evidente calidad y distinción a este emblemático “resort”,
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