Los 52 años de la organización docente «Cursos Intensivos Británicos»
Autor: Antonio Salgado Pérez
Publicado en el Diario de Avisos el 6 de septiembre de 2026.
Remembranza de los miles de alumnos canarios que viajaron –y siguen viajando- a Gran Bretaña para el aprendizaje del inglés.
A estas alturas ya se han cumplido, y con creces, las Bodas de Oro de la organización docente “Cursos Intensivos Británicos” de la que seguidamente nos ocuparemos, ya que en los albores de 1974, la británica, residente desde hacía algunos años en Tenerife, Pat Picket, sugirió a su amiga tinerfeña, la profesora Luisa Marrero, la idea de enviar alumnos canarios al Reino Unido para el aprendizaje del inglés; eso sí, con normas inéditas con respecto a otras organizaciones ya establecidas en el Archipiélago Canario.

Portada del primer programa promocional
Aquel proyectado viaje a Gran Bretaña, lejos de ser turístico, debía ser jornada de estudio intensivo y aprovechamiento para compensar, por encima de todo, el sacrificio económico de unos padres a los que la experiencia les había alertado de lo positivo que resultaba el conocimiento de un idioma como el inglés, por aquel entonces, con 320 millones de hablantes solo superado por el chino (490 millones); después el español (230 millones); el ruso (140); alemán (98); portugués (77); francés (62) e italiano con 50 millones de hablantes.
En un ambiente netamente británico
Por espacio de cuatro/seis semanas las líderes de los grupos estudiantiles se convertían no solamente en tutoras, amigas o consejeras, sino incluso, en madres. ¿Cuál era el objetivo primordial de aquellos viajes a Gran Bretaña, que se venían prodigando desde hacía varios años desde Canarias? Sencillamente, el aprendizaje del idioma inglés en su propio ambiente, compartiendo la estancia con un matrimonio nativo, al que, normalmente, se le prefería con hijos para que estos sirviesen de fácil nexo con sus invitados españoles. Se pretendía que ningún alumno fuese a Inglaterra a pasar, lo que se dice en términos coloquiales, “un mes de vacaciones”. Se intentaba por todos los medios conseguir un triple objetivo: estudio, cultura y entretenimiento; deportes organizados en cada centro, natación, patinaje sobre hielo, tenis, fútbol, bolera americana, pimpón, baloncesto, voleibol y otros.
– Una excursión semanal con día completo a lugares de interés: Londres, Windsor, Oxford, Cambridge, etc.
– Visitas culturales y oficiales.
– Una excursión de medio día semanal a lugares de interés local (museo, centro comercial, ayuntamiento, etc.).
– Reuniones sociales para que los alumnos se diviertan con las familias anfitrionas.
La idea de Pat Pickett resultó todo un éxito. Y es que durante estos últimos cincuenta y dos años han sido miles los alumnos que bajo las siglas de C.I.B. (Cursos Intensivos Británicos) han viajado a Gran Bretaña, concretamente al condado de Hertsfordshire, donde esta legión de estudiantes se alojó, principalmente, en las localidades de Hertford (capital del citado condado), Ware, St. Albans, Welwing Garden City (la segunda “Ciudad Jardín del Mundo”; Stevenage, Hatfield, Hemel Hemstead, Watford, Harpendem, Bishops Stortford y Harlow.

Uno de los primeros grupos que viajaron a Inglaterra
Ropas a utilizar durante la estancia
¿Pero, qué debía llevar un alumno a Inglaterra? ¿Qué sugerencias se les solían inculcar no solo a estos, sino a sus progenitores para que el viaje resultara lo más positivo y cómodo posible? Por ejemplo, la organización “Cursos Intensivos Británicos”, aconsejaba, en los albores de la década de los 70 del pasado siglo, que las ropas a utilizar durante estos cursos fuesen, por ejemplo, para chicas, vestido o traje, tres o cuatro faldas o pantalones, tres o cuatro blusas; un pantalón vaquero; uno o dos jerséis; un impermeable, un chubasquero y un paraguas; cuatro pares de calcetines y medias; dos pijamas o camisones; un par de zapatillas; una bata; cuatro o cinco juegos de ropa interior; un pantalón o falda de deporte; una o dos camisetas de deporte; uno o dos bañadores; dos pares de zapatos; pañuelos y artículos de aseo.
Un paraguas, siempre un paraguas
Para los chicos se aconsejaba: un traje o una chaqueta; dos o tres pantalones; tres o cuatro camisas; un pantalón vaquero; uno o dos jerséis; un impermeable, un chubasquero y un paraguas (aunque estemos en verano, pero es que vamos a residir en Inglaterra); cuatro pares de calcetines; dos pijamas; un par de zapatillas; cepillo y peine; tres o cuatro juegos de ropa interior; un pantalón de deporte; una o dos camisetas de deporte; un par de zapatos de deporte; uno o dos bañadores; dos pares de zapatos; pañuelos y artículos de aseo.
También se recordaba a los expedicionarios que según los reglamentos de las compañías aéreas, el peso del equipaje no debía pasar de veinte kilos; y que era imprescindible disponer de pasaporte individual vigente y en regla. No era necesario visado consular para Inglaterra. Y se recomendaba que todos los artículos, como raquetas de tenis –por aquel entonces, ya muy de moda–, cámaras fotográficas, etc., debía llevar el nombre del propietarios y no llevar más de una maleta grande y un bolso de mano, confeccionando una lista con todas las cosas que llevaba en la maleta y pegándola en el interior de ésta.
Inevitables madrugones para el viaje
Las despedidas tenían lugar de madrugada, cuando las calles de Santa Cruz estaban desiertas, cuando su tranquilidad ambiental intranquilizaba un poco y cuando el airecillo mañanero ayudaba a relajar la mente, un poco sobresaltada por los preparativos del viaje ¿Qué madre pudo conciliar el reparador sueño? ¿Qué alumno pudo dormir aquella noche? La nocturnidad había tenido un protagonista muy especial: el despertador.
En las despedidas surgía, con más o menos intensidad, una lágrima, un sollozo, un gesto, una mirada húmeda, un abrazo. Afloraba el “nudo”, el inconfundible consejo maternal; los padres solían ser reservados y escasamente efusivos.
Sin flamear de pañuelos
Ya resultaba anacrónico el flamear de pañuelos y aspaviento de brazos y manos ante una excursión casi infantil, barbilampiña, con edades comprendidas entre los nueve y los quince años, con reminiscencia de una adolescencia que se despedía a bordo de los autobuses con más aplomo y entereza, si nos apuran, que sus progenitores, que observaban, con más extrañeza que admiración, que el lloriqueo entre los más pequeños sería una especie de vergüenza que estos se encargaban de erradicar y que, por encima de todo, lo que les entusiasmaba era la ilusión del viaje, abrir sus ojos a lo desconocido, divertirse con los suyos, verse inmersos en sus ambientes, donde predominaba la franqueza y la espontaneidad.
El singular impacto de un vídeo turístico
En cierta ocasión , y lo vamos a recordar, por las curiosas y enriquecedoras situaciones que gestó la idea, la organización C.I.B. solicitó al Patronato Insular de Turismo, dependiente del Cabildo tinerfeño, una serie de videos, folletos, libros y propaganda turística con el objetivo de repartirla entre las numerosas familias que, aquel año, fueron anfitrionas de los citados alumnos. Aquella iniciativa tuvo una gran acogida y repercusión entre los regidores municipales de las mencionadas localidades británicas donde C.I.B. dejaba patente su apego a Canarias.

Linn Chesterman, alcaldesa de Welwing Garden City recibe a alumnos del CIB ataviados con trajes típicos canarios
Tipismo canario en ayuntamientos británicos
Como detalle digno de destacar añadir que, habitualmente, y durante estas estancias en las ya mencionadas localidades británicas, cada grupo de alumnos, con una pareja ataviada con el traje típico canario, era recibido por los alcaldes de los municipios, a los cuales se les entregaban obsequios procedentes de la Alcaldía de Santa Cruz y del Patronato Insular de Santa Cruz de Tenerife.
No hay que olvidar que el citado video no solo concitó a las familias anfitrionas sino a los más íntimos amigos de éstas convirtiendo sus hogares en improvisadas salas cinematográficas, donde la publicidad, principalmente de Tenerife, era también íntima y, sobre todo, directa, porque tras la proyección, los alumnos se encargaban de contestar a todas las preguntas e interrogantes que les formulaban.
La organización se llevó una gratísima sorpresa por la repercusión que luego iba a originar lo reflejado en el video promocional.
El Lago Martiánez y Las Teresitas
El matrimonio Malcom y Sandra, por ejemplo, quedó fascinado por lo que no vio en su viaje de novios de hacía quince años: el lago Martiánez y la arena gualda de las Teresitas. Ted y Muriel, una encantadora pareja de jubilados, se emocionaron cuando la pantalla proyectó el Drago de Icod “que no podíamos abarcar cogidos de la mano con otros turistas” y ella, que como todo británico seguía mimando su jardincillo pidió se bloqueasen las imágenes de nuestra flora tropical “para volver a oler su fragancia”, de forma muy especial el retamal de Las Cañadas, parcela que seguía impresionando a aquellos ingleses por su soledad, por su naturaleza muerta y retorcida, completamente antagónica a aquellas alfombras de verde césped y prados donde las reses seguían hinchando sus ubres con un pasto que nunca se acababa.
Los Tapping, recién llegados de la isla de Wight, donde insólitamente, se tostaron en junio, preguntaban, una y otra vez, ante tanta variedad de imágenes “si nosotros lo habíamos visto todo” lo que en realidad nos venía a demostrar que el eslogan de “pequeño continente” no era exagerado ya que en nuestros escasos dos mil veinte kilómetros cuadrados la naturaleza había sido pródiga y ellos, los británicos, parecían recordárnoslo para que no se nos olvidara.
Nuestro folklore, “un quejido”, “un lamento”
El Teide seguía siendo para ellos “fantástico y único”; y nuestro folklore les sonaba “como un quejido, como un lamento”. A los más jóvenes les atraía Tenerife “porque es el punto más distante de Europa”; más que un simple viaje les parecía que iban a correr una pequeña aventura cuando se decidían visitarnos ya que por aquellas épocas, más que en ninguna otra ocasión “está a nuestro alcance por la alta cotización de nuestra libra esterlina”.
Como eternos enamorados de las flores, les llamaba la atención la comba indolente del tajinaste; enmudecían ante el mar de nubes que acunaba al pezón más alto y erguido de España; se alegraban al observar que poseíamos un aeropuerto diáfano y cercano al mar y se apenaban cuando contemplaban el fin que tenían las alfombras de flores de La Orotava “que nunca deberían fenecer con las pisadas, aunque sean de procesión”.
Los ramos de flores del turista inglés
Ferry y Jennifer, que pronto volverán a la Isla, afirmaron que ésta era mucho “más hermosa y bella que como se la presenta en los catálogos y folletos” y nos añadieron que al turista inglés que viene a Canarias se le nota más fino y elegante cuando viene de otros núcleos turísticos porque cuando regresa de Tenerife lo hace con excepcionales ramos de estrelitzias, que convierten en guitarras y sombreros cuando retornan de otras localidades.
Los hermanos Ríos, Chela y Olga Ramos
Como colofón y bajo ningún concepto podíamos imaginar al principal protagonista que motivó esta cadena de opiniones y puntos de vista: el video que, sobre Tenerife –y otras islas occidentales– realizaron en 1982, bajo el atinado patrocinio del Cabildo Insular, los conocidos y competentes hermanos Ríos, que no solo volcaron en las imágenes publicidad turística sino que impregnaron a éstas de notas bucólicas y poéticas, bajo el atinado texto de José H. Chela y con el apoyo de una selección musical muy acertada –de forma más acentuada en las escenas acuáticas donde Strauss venía bordado–, sin olvidar la locución –en perfecto inglés– de Carlos Revilla y los “quejidos y lamentos” de Olga Ramos y los Zebenzuí.
Al regreso, la organización celebraba –y sigue celebrando– un acto académico donde se distinguía, con diplomas, las facetas de aplicación, comportamiento, compañerismo, “mejor diario”, etc.
Recuerdos y vivencias en Súper 8
Tras el citado acto se proyectaba un documental Super 8 de cuarenta y cinco minutos de duración donde se pormenorizaba todas las actividades docentes y visitas culturales que los diferentes grupos habían realizado en tierras británicas. Dicho documental, que concitaba el interés de padres y familiares de los alumnos y alumnas, era obra de Tony London, miembro de la Agrupación de Cine Amateur del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, cuya sección presidían los galardonados y ya mencionados hermanos Ríos.
Y “Cursos Intensivos Británicos”, tras sus 52 años de existencia, sigue su andadura, ahora bajo la firme tutela de Eduardo Trujillo Pickett, uno de los cuatro hijos de Pat, la pionera de tan positiva y pedagógica aventura.
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Pie de foto nº1: Portada del primer programa promocional.
Pie de foto nº2: Uno de los primeros grupos que viajaron a Inglaterra.
Pie de foto nº3: Lynn Chesterman, alcaldesa de la localidad británica de Welwing Garden City, recibe a los alumnos de C.I.B. ataviados con trajes típicos canarios.
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