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Los esclavos negros en Canarias

Autor: Juan Manuel Valladares Expósito
Comunicación en Radio Muelle el 25 de febrero de 2026.

 

         Cuando un suceso o serie de sucesos se repiten en la historia de los pueblos siempre será positivo por higiene mental que escuchemos a nuestros historiadores y sus referencias a sucesos que hoy nos pueden parecer novedosos, pero que están inscritos en nuestro devenir histórico desde algunos siglos atrás. Para el caso canario el tema del que pretendemos hablar se remonta nada menos que al siglo XVI, o sea que hablamos de algo que era un reflejo de nuestra población hace 500 años.

         Puesto que generalmente hablamos de la historia de Canarias en el momento de su incorporación a la corona de Castilla, lo haremos de los esclavos negros desde el siglo XVI.

          Ya vimos en una ocasión anterior que íbamos pasando de categoría o procedencia de esclavos .Lo iniciamos con los aborígenes de las islas, lo continuamos con los moriscos y hoy hablaremos de los esclavos que trajimos de África: los negros. La razón era un cambio en los métodos de trabajo, pero algo más importante como era, en el caso de los aborígenes, su completa adaptación a la nueva cultura y su hermanamiento con la nueva gente llegada a las islas a través de vinculaciones sociales de todo tipo, incluidos los matrimonios. Para el caso de los moriscos fue evidente la resolución de los reyes, más significativamente el rey Felipe II, y su prohibición de realizar ataques en las costas de África próximas a las islas tras no menos de 150 entradas en esa costa. Para las llamadas islas orientales, Lanzarote y Fuerteventura, habría que dedicar todo un capitulo dada la especial vinculación de estos moriscos a la formación de su sociedad. Habrá que tener en cuenta que ésta fue la única región española donde no fue aplicada su expulsión por no dejar despobladas estas islas, y hablamos del reinado de Felipe III y de los años 1609 a 1613.

        Y como nada puede estar lejos de una realidad que debe ser estudiada en su conjunto, ¿tuvieron los hijos originarios primigenios de estas islas alguna relación de propiedad con esa humanidad africana de raza negra?

         Veamos si las hay en “Testamentos de Guanches”, la gran obra de los señores Tabares de Nava y Santana Rodríguez. Solo citaremos algún ejemplo de los muchos que hemos conocido dado el poco espacio de que disponemos.

         En el testamento de Juan Alonso, guanche, marido de Elvira Gaspar el 11 de febrero de 1520 en Arico:

                    “Item dijo que un esclavo suyo negro que se dice Duarte, que sirva seis años de la fecha de este testamento a la dicha Elvira Gaspar, su mujer, bien y fielmente, y después de los dichos seis años sea horro y libre, y le den carta de horro, que él lo ha por bien por buenos servicios que le ha hecho”

          En el testamento de Pedro de Baute, guanche, hijo de Diego Baute el 9 de agosto de 1525 en La Laguna:

                    “Digo que yo tengo un esclavo que se dice Juan Negro, de color negro. Mando que sirva a mi heredero diez años, y que después quede horro y libre para que pueda hacer de sí lo que quisiere “

         Y un curioso caso de unión de varias procedencias en el testamento de Francisco de Agüimar, natural de la isla de Tenerife, marido de Magdalena Cerón, morisca, el 9 de agosto de 1531:

                   “Item declaro que tengo un negro de edad de doce o catorce años, que se llama Pedro “

                   “Item declaro que yo me casé con Magdalena Serón, natural de Berbería, que era mi esclava, y la ahorré y me casé con ella.”

         Pruebas que nos demuestran la formación de una cultura compartida, en la que nadie con un mínimo de humanidad puede despreciar a sus hermanos ante el Altísimo por ser “distintos” invocando extrañas purezas de origen.

          Es del todo necesario para un estudio de los esclavos de uno u otro origen en las islas la documentación que se halla en los libros bautismales, porque allí esta su color y alguna de sus características físicas, aunque no es de extrañar que muchos de ellos, sobre todo los procedentes de mercaderes portugueses, vengan a las islas bautizados. No era raro el caso de bautizarlos dos veces, en origen y en destino, para despejar las dudas.

         Existen algunas valiosas informaciones del número de esclavos bautizados en la ciudad de La Laguna. Entre los años 1550-1599 se hallaron informaciones sobre 1.300 entre la parroquia de Los Remedios y la parroquia de La Concepción. A ello habría que añadir los que no se registran como bautizados, por lo que la cifra final se aproxima para La Laguna a unos 1700, lo que retrata su importancia, aunque debemos de aclarar que en esos años ya la gran mayoría son moriscos y negros. El estudio más completo hasta hoy da un 75% de negros, un 10% de prietos y un 13% de moriscos de un total de 200 profundamente estudiados. Cifra supuestamente extrapolable a la totalidad. Hay que aclarar que no hay grandes diferencia en la cualificación de prieto y negro. Solo existe una testimonial presencia de algún aborigen. Una cifra de aborígenes tan pequeña en esa época en que, según don Alberto Marcos en su trabajo “La esclavitud en la ciudad de La Laguna siglo XVI”, solo se bautizó un esclavo, hijo de la esclava Juana de la Peña en 1587. Entre estas cifras aproximadas, hemos de destacar que no menos de 770 son infantiles. De este número solo la ciudad de Laguna tenía la inmensa mayoría de ellos, lo que da buena idea de su prosperidad y del uso doméstico de esclavos que hacían las grandes familias.

         La presencia de esclavos, aunque necesarios no siempre fue una circunstancia no criticada, sobre todo en lo relativo a esclavos negros. Alguna autoridad solicitaba, sobre el año 1680, que “se limitara la traída de esclavos negros por su cantidad y presencia, teniendo algunas casas más de seis, que en algún momento ya se ven más negros que vecinos.” Las cifras empiezan a ser significativas cuando del total de esclavos que aparecen en los estudios eclesiásticos, ya hemos indicado que no menos del 75% son negros contra el 12% de los moriscos. Labor esclavista que generalmente era ejercida por portugueses, muchos de ellos vecinos establecidos en Tenerife, que importaban sus presas desde Cabo Verde u otras tierras de África, sin que en muchos casos se pudiera identificar la procedencia geográfica del esclavo. Poco o nada hicieron los comerciantes canarios y españoles ante la oposición de Portugal.

         Nada infrecuente que sus dueños no sean miembros de la clase alta o de la administración, puesto que su presencia es muy significativa entre los zapateros, carpinteros y aquellos que se dedican a los tejidos, como sastres o sederos. Entre la clase más alta era más frecuente el uso del esclavo en trabajos de mayor esfuerzo físico, como los ingenios de azúcar. La clase ennoblecida los usó en muchos casos con fines decorativos de poco cristiana presunción.

        Con el mayor respeto transmito este dato del señor Alberto Marcos:

                “¿Tuvo la presencia esclava alguna influencia entre nuestra etnia canaria dado que el numero de bautizados y matrimonios donde aparecen afirmaciones como mulato, prieto, loro, moreno parece indicar alguna mezcla racial no valorada hasta ahora?”

         .Esta apreciación si fue valorada para la obtención de cargos, ya que frecuentemente el canario fue rechazado por falta de pureza de sangre en estamentos oficiales, religiosos o militares.

        Intentaremos con la ayuda siempre valiosa del Catedrático de Historia de América  de nuestra Universidad de La Laguna, don Manuel Hernández González, entender y hacer entender qué fue de la población negra de la isla de Tenerife en particular.

         Hoy sabemos a ciencia cierta la dedicación que, en muchos casos, tuvo el mulato y negro en las actividades marineras, no siempre en la navegación propiamente dicha sino en labores de trapicheo y contrabando en el puerto de Santa Cruz de Tenerife Y nos dice el citado profesor que ese fue un camino relativamente fácil para fugarse o embarcar, a veces legalmente, a las Indias de Su Majestad, eso que llaman América, puesto que se les embarcaba como marineros.

        Estas emigraciones con mezclas raciales entre blancos mulatos y negros inician una época de desconfianza hacia la pureza de sangre de la emigración canaria.

        Hasta el propio padre de don Sebastián Miranda, conocido como el precursor de la Independencia venezolana, tuvo problemas para acreditar la blancura de su mujer doña Francisca Antonia Rodríguez de Espinosa, por cierto canaria por parte de madre y portuguesa por su padre.

        Pero ya abierta la puerta a la salida de mulatos y pardos, la sangría de esta población desde Canarias fue irreversible, si además tenemos en cuenta la tremenda crisis en que se encontraban las islas cuando desapareció la riqueza de la exportación del vino unida a la aparición de los grandes campos de cultivo de tabaco y cacao en Cuba y Venezuela que alentaron la salida de numerosas familias canarias, y entre ellas mulatos y negros. Para esas salidas era muy frecuente que se hicieran viajes organizados por los comerciantes del sector naviero de Tenerife y hasta financiados por la propia Corona.

        Los derivados mulatos y negros establecidos en Venezuela, pasados los primeros años empezaron a tener comercios propios. Aunque su integración social se veía reducida a sus iguales.

        Pero creo que hay que dar un repaso a esta extraña emigración a Cuba, y que mejor que de la mano de nuestro maestro y amigo don Manuel Hernández González. Recomiendo leer su trabajo “La Otra emigración Canaria a América. Mulatos y negros libres y esclavos”. Si ya el esclavo negro estaba en Canarias con una cultura y especialización laboral, religión y lengua española, qué mejor lugar para su venta que el lugar en que existía la misma cultura: Cuba.

          Don Manuel nos da un dato definitivo. En 1735, el marqués de Adeje, don Juan Bautista de Herrera y Ayala, se ve con 40 esclavos sobrantes. Solución: los vende en tierras americanas. La ultima venta de un esclavo desde Canarias para Cuba, estando ya abolida la esclavitud, se produjo en 1822.

         Creo que no procede dar aquí un listado de nombres de vendedores, compradores y esclavos, porque aun viven sus descendientes y estas cosas cada uno debe buscarlas por si mismo: “Los trapos sucios se lavan en casa”.

          Nada mejor que una reiterada visita a los Archivos de nuestra Diócesis.

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