La casa a flote
Autor: Juan Manuel Valladares Expósito
Comunicación en Radio Muelle el 7 de mayo de 2026
En la zarzuela Marina escuchábamos (oír oye el que tiene esa facultad física, pero escuchar solo el que tiene interés en oír) con afecto los amantes de la mar, aquella canción de la mano del maestro Arrieta que decía “Dichoso aquel que tiene la casa a flote, a quien el mar le mece su camarote, y oliendo a brea, al arrullo del mar se balancea.”
Recordar esta letra nos viene a situar en la vida y milagros de las enseñanzas náuticas en España en general, y muy particularmente en Canarias. Como siempre, y nada dados a plumas ajenas, vamos a la búsqueda de aquellos que sobre estas enseñanzas han escrito a nivel nacional y a nivel canario. Y tuvimos la suerte de encontrar un buen trabajo de doña Teresa González Pérez con el titulo ”La Escuela de Náutica de Santa Cruz de Tenerife. Antecedentes Históricos” publicado con fecha 1998 en el Anuario de Estudios Atlánticos.
Intentaremos dar a conocer lo que en él se trata como homenaje a nuestros compañeros, y a nosotros mismos que fuimos alguna vez, allá por los años sesenta del pasado siglo XX, alumnos de nuestra siempre querida y recordada Escuela de Náutica y Máquinas de Santa Cruz de Tenerife.
Pero no podremos iniciar este trabajo sin un recuerdo emocionado a nuestros compañeros ya fallecidos, a los que aún viven entre nosotros y, como no, para los que fueron nuestros profesores, cuya lista seria larga y alguno se nos quedará en el tintero. .Pero en nuestra memoria quedan la persona del general don Fernando Salas Bonal y su famoso sable sobre la mesa, cuando combinaba clase a primera hora y desfile a las 11. No suspendía su clase ni aunque viniera en esa misma mañana el Ministro del Ejército, el Teniente General Barroso, al que fuimos, como jóvenes noveleros, a recibir al muelle a su llegada en esa jornada docente. En nuestra juventud aún no sabíamos nada de tirios y troyanos, y nuestra memoria poco histórica, por nuestros pocos años, la usábamos casi exclusivamente para intentar recordar los tremendos y largos capítulos del texto de P. Roberjot y su ciencia eléctrica.
Y no menos entrañable la figura de don Serafín Junquera de la Piñera, gran maestro de ciencias matemáticas, y para un servidor un auténtico salvador, puesto que entendió ,tras un largo curso, que nunca me gustarían las ciencias exactas y me confesó en una día de examen final …
”Hijito, vaya usted a ejercer la carrera que ha “estudiado”, que yo no se la voy a amargar con algo que de poco le ha de servir entre tanto tornillo. “
Y a renglón seguido, para despistar al resto que sufría fuera, a puerta cerrada estuvimos hablando un buen rato de historia y literatura. La historia ya me iba dando pistas, pues tuvimos la ocasión de tener entre nuestros compañeros a un Carlos de Borbón, de la misma familia de nuestro Rey don Juan Carlos I, y a a un miembro de la tan nombrada familia en la historia inicial de Canarias con el apellido De la Cerda. Ese fue el apellido del primer Príncipe de La Fortuna (Canarias) allá por el siglo XIV.
Sé que me dejo algunos más, como don Ramón Girona Ballester, gran persona, que no solo fue Director de la Escuela Náutica de Tenerife, sino que lo fue luego de la Escuela Náutica de Santander, y al que, en mi candidez y desparpajo de los pocos años, al ser preguntado en la asignatura de Geografía Marítima sobre la costa de Chile, le pregunté “¿Don Ramón, antes o después del terremoto? Buena parte de la costa de Chile había sufrido un gran terremoto en el año 1960. Nuestros profesores estaban siempre a nuestro lado, fuera cual fuera su asignatura, con alguna excepción que mis compañeros recuerdan con poco afecto. Y era la rigidez de un profesor de inglés, natural del norte de Tenerife, cuyo apellido de origen portugués traducido al castellano era nada menos que hacha, y capaz de dudar del inglés de alguien que llevaba años en una torre de control aéreo de Tenerife, y al que nunca se le accidentó ningún avión….pero flor en su inglés tenía que sonar algo así como “flaaaoouua “ y nada mas que así.
Siguiendo los pasos de la autora del trabajo mencionado, sabemos que la enseñanza de algo tan serio y necesario para una nación bañada casi prácticamente por mares y océanos que debe de tener hombres capaces de navegar en ellos y mas allá de ellos. A ese empeño, la naciente España dedicó algunos esfuerzos desde el siglo XV. Ya había exámenes para ese oficio de mareante desde el año 1503, y la cosa no era nada fácil si ante el candidato a maestre hay no menos de seis pilotos y una buena cantidad de experimentados cosmógrafos, y todos ellos obligados a hacer “las más difíciles preguntas que supiesen”. Y no es por comparar, pero el título de piloto no se daba a nadie que no hubiera viajado a las Indias de Su Majestad no menos de seis veces. Mejor no hablar del presente, que las comparaciones son odiosas y las Indias no son Agaete de ida y vuelta en medio día. Lo de ser cristiano viejo y natural del reino tuvo su coladero a mi juicio y en más de una ocasión. ¿Hablamos de Cristóbal Colon?
No hablaremos en profundidad del desarrollo a lo largo del tiempo de la profesión marítima por falta de espacio y no abusar de la paciencia de nuestros oyentes y lectores. .Solo decir que a través de los siglos, las enseñanzas fueron mejorando en cantidad y calidad con la sapiencia de nuestros gobernantes de aquellos tiempos, que fundaron el Colegio de San Telmo en Sevilla para formar pilotos de origen en nuestros reinos y evitar la contratación de pilotos extranjeros que demandaban salarios desorbitados. El mundo es un pañuelo y corramos el estúpido velo una vez más.
Siguiendo la docta enseñanza de doña Teresa González Pérez, intentemos ahora hablar de los estudios de náutica en Canarias.
Nos ilustra la autora del trabajo con la noticia del intento frustrado de crear unos estudios en Canarias para el ejercicio de la navegación, dado el alto costo del traslado de canarios a la península para sus exámenes, y se pensó en pagar a los opositores al cargo con unas rentas sufragadas desde Canarias al Seminario de San Telmo de Sevilla. No nos dice la autora el motivo del fracaso de esta idea, pero de cierto se sabe que ningún canario llegó a Sevilla con el propósito de pasar examen. En 1757 se volvió a la carga, y hasta se puso a disposición de esta idea docente una casa en Santa Cruz para dar allí las clases pertinentes. Un nuevo proyecto que acabó en la papelera. Y ahora nos asombramos de nuestras cuitas en la mar y para la mar. Un nuevo fracaso en 1781 dio al traste con la necesitada escuela de estudios marítimos. Y tuvimos que esperar a la llegada de don Carlos III, más que un Rey una bendición para la doliente y abotargada España. Y esperaremos al 12 de mayo de 1810 para ver nacer nuestra Escuela de Náutica y Dibujo con dos profesores, don Ambrosio Martínez para la náutica y don Luis de la Cruz para el dibujo. Destacar que don Ambrosio Martínez de Fuentes era un auténtico piloto de Indias. El señor Peraza de Ayala afirma que esta escuela no funcionó hasta muchos años mas tarde, tanto como el 1835.
¡Cómo iba a funcionar una Escuela de Náutica que se pretendía establecer en La Laguna! ¿Se pretendía hacer las prácticas en algún charco de Aguere? Pero llegó la sensatez y la Escuela bajó a Santa Cruz de Tenerife.
Hablemos de su primer director, don Miguel Maffiote, que la gobernó con sabia mano hasta 1864. Un acuerdo del Gobierno de la Provincia de Canarias dejaba el tema de la implantación de la Escuela de Náutica bien claro:
“Santa Cruz de Tenerife, por Real Orden de 24 de marzo de 1851
… siendo de la mayor importancia para estas Islas, cuyos habitantes muestran tan decidida afición a la carrera marítima, en que muchos de sus hijos se han distinguido”
Entre otras curiosidades, la Escuela de Náutica no ponía edad para la matricula, y había alumnos de las mas diversas edades. Hubo de establecerse la matrícula a no menos de 14 y un máximo de 18 años. Había que estar sano, ser honrado y de buena conducta que certificaba el párroco del aspirante.
De alumnos mejor no hablar .Llegaron a un máximo de 23 y a un mínimo de 6.
El Ayuntamiento capitalino también intentó una colaboración para proporcionar alumnos a la Escuela de Náutica en estos términos en el año 1910. Dos becas asignadas a:
“1º. Aspirantes hijos de la inclusa de esta capital. 2º.Aspirantes nacidos en Santa Cruz. 3º. Aspirantes hijos de naturales de Santa Cruz. 4º. Aspirantes hijos de Santa Cruz independientemente deL origen paterno.»
Volvamos al primer director de esta Escuela, don Miguel Mafiotte Miller. Un regalo de esos que a veces hacen las guerras entre tanta crueldad, porque don Miguel llegó a Tenerife en medio de la llamada Guerra de la Independencia contra la Francia de Napoleón Bonaparte formando parte de un gran grupo de prisioneros de guerra. Curiosamente, no fue el señor Maffiotte capturado en medio de un combate, sino en una maltrecha fragata surta en la bahía de Cádiz tras la batalla de Trafalgar de 1805, y apresada su tripulación cuando buscaba refugio en Cádiz en el año 1808 por el hecho de haberse convertido en enemiga la nación francesa.
El nombre y apellidos del señor Maffiotte era Michel Barthelemy Etienne Maffiotte Milliere, nacido en 1786. Tenia 22 años al llegar a Tenerife como prisionero de guerra. Quedó para nuestra suerte en la isla y aquí casó con doña Maria del Carmen Arocha Pintado.
Una vez más habrá que decir que cuantos han llegado a estas islas para aumentar en ellas la cultura y el desarrollo de Canarias, fueron y serán siempre bienvenidos.
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