Verba volant, escripta manent

Autor: Juan Manuel Valladares Expósito
Comunicación en Radio Muelle el 30 de enero de 2026

          Va el encabezamiento de este trabajo con una frase del viejo latín que daba cuenta clara de que “las palabras vuelan pero los escritos permanecen”… cuando están bien guardados por supuesto, añade un servidor. Así se traduce y así la aprendimos en nuestra infancia entre los Escolapios de Santa Cruz de Tenerife de la mano de aquel santo algo obsesivo que se llamo Padre Julián.

          Y ese es el caso de algunas noticias o comentarios que vemos hoy con alguna reiterada frecuencia en nuestros periódicos y en esa trampa insegura que se conoce como redes sociales. Se dice, se afirma, se comenta, pero pocos se han molestado en dar noticia exacta del lugar del que dicen procede la cita o comentario.

          Y en materia de nuestros siempre bien amados aborígenes de Canarias, y por más precisión los aborígenes de Tenerife, tenemos una fuente prodigiosa de datos que hemos recibido del magnífico trabajo de don Lorenzo Santana y don Leopoldo Tabares de Nava con el título Testamentos de guanches (1505-1550) .Creemos que éste es el periodo más interesante de la incorporación de la población original de Tenerife a la Corona de Castilla.

          Hay que tener en cuenta, como ya avisan los autores, que hay siempre una clara alusión al origen del personaje que hace el testamento cuando se reconoce o es reconocido como guanche o guancha. No tenemos la misma certeza si el testamento habla de natural, puesto que puede ser alguien que no aclara su origen étnico, o simplemente alguien que ha nacido en la isla de Tenerife, siendo en realidad de otro lugar distinto a ésta. Es por ello que solo hablaremos de aquellos cuyo origen guanche está claramente manifestado.

          Nos podrá parecer a veces no muy de acuerdo con comentarios que vemos en prensa, más atentos al victimismo que a la riqueza que dejan tras su paso por la vida. No parece casar con la idea del genocidio o la depredación de sus propiedades. ¿Cómo explicar entonces que sigan apareciendo orgullosamente dando clara muestra de su origen y dejando a sus parientes propiedades en vivienda, enseres o ganado? Y aún citaremos aquellos que, por su autoridad como reyes o hijos de ellos, siguen ostentado el titulo de Don tal y como siempre ordenó reconocer la Corona de Castilla.

          En cuanto al discutido vocablo mencey, solo recomendamos la lectura de las páginas11 y 13 de este gran trabajo y que cada uno, según sus conocimientos filológicos, saque sus conclusiones. ¿Podríamos estar hablando de un vocablo nacido de la mano de Leonardo Turriano (1592) o de Fray Alonso de Espinosa 1594? Doctores tiene la Iglesia.

          Y el trabajo que pretendemos comentar tiene a nuestro juicio el interés de que los primeros documentos llevan fecha del año 1505, de manera que si damos por finalizada la conquista en 1496 o 1497 los años transcurridos son solamente 9. Interesante dato que nos dará una idea del tratamiento que el conquistador da a los aborígenes de Tenerife, con todos sus defectos y virtudes que a mi juicio no fueron muchas.

          Como una importante muestra de respeto, que luego no se dará en otras islas, hablemos brevemente del titulo de Don que se da en los testamentos a los reyes guanches y a sus cercanos parientes. Pongamos algun ejemplo obviando los que ya conocemos reiteradamente dedicados a Don Diego rey de Adeje.

                    Testamento de Fernán Pérez, guanche, hermano de don Pedro. 23 de septiembre de 1513
                   l Testamento de don Juan, guanche. 1514
                   “Item declaro que me debe don Juan de Tegueste, guanche, tres reales de plata que le presté. Mando que se cobren”
                   “Item digo que me debe don Diego el Saltador una dobla y media que pagué por [é]l a Jai[m]e Joven. Mando que se cobre de él.”
                   “Item confieso que debo a don Fernando, hijo del Rey de Naga, tres doblas. Mando que se le paguen de mis bienes”
                   “(27-5-1507) Antón de los Olivos actúa como curador de don Pedro, hijo del rey de Abona, menor.”

         Iniciemos el trabajo con el testamento de Catalina Fernández, guancha, como así lo declara ante Sebastian Páez escribano.

                   AHPT : Sección histórica de Protocolos Notariales, 177 [escribanía de Sebastián Páez], ff. 14v-15r.

                   “6 de noviembre de 1505. San Cristóbal de La Laguna.

                    Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo, Catalina Fernández, guancha, vecina que soy de esta i[sla] de Tenerife, otorgo y conozco que hago y ordeno éste mi testamento.

                Mando que si de este mal falleciere, que [m]i cue[r]po s[e]a sepultado en la iglesia de Nuestra Señora Santa María de esta villa de San Cristóbal, dentro en la iglesia. Y mando con mi cuerpo a la iglesia diez maravedís.”

          Documentos que aportan el interés de conocer quienes son las personas con las que mantiene alguna relación de deudas o propiedades, y así vemos como cita a Fernando de Tacoronte y a su esposa, a un Juan Yánez, clérigo y, un dato interesante, la cita a Fernando de Llerena, conquistador ,que será su albacea. Este Fernando de Tacoronte aparecerá reiteradamente en estos testamentos, con la inclusión del suyo propio en 1 de marzo de 1520 como esposo de María de Güimar o también nombrada como María Fernández.

          Este apellido Tacoronte, que afortunadamente aun se encuentra en nuestras islas con una hermosa abundancia, figura en no menos de mas de 200 ocasiones en estos testamentos en personas distintas y muy variadas circunstancias. A veces como testador o, en un caso muy interesante, como una esclava de nombre Leonor de Tacoronte comprada al mercader Mateo Juan Carbón por la cantidad de 14.000 maravedies pagados por los guanches Fernando de Tacoronte y Anton Azate. Prueba evidente de como los guanches pudientes liberaban a sus congéneres de la esclavitud.

         La cara B de la libertad la vemos cuando:

                    “(23-11-1507) Hernando de Llerena traspasa a Antón Azate, guanche, un esclavo negro que Andrés Guanche le adeuda. AHPT, PN 183, ff. 460v-461v.”

          Y para el caso se aquellos que conservaron su apellido aborigen pondremos como ejemplo a Pedro Guantegina, guanche, que testa el 30 de agosto de 1510, a Pedro de Imobade, que enfermo de lepra testa en 22 de septiembre de 1510, y a Diego de Ibaute, viudo de María de Tegueste, que testa en 1510.

          Para no alargar la nómina, citar apellidos como Guaniacas, Guanimence, Guaniquiar, Ahona. Y ello unido a otros muchos que añaden a su nuevo nombre cristiano el lugar de procedencia como apellido. Así aparecen los que se apellidan Icode, Tegueste, Anaga, Abona y muchos otros.

          Hay un caso que ya hemos nombrado en alguna anterior ocasión, y que nos seguirá siempre llamando la atención como prueba de hermanamiento y bondad entre dos personas de tan distintos orígenes. Hablamos de Francisco López de Villera, guanche, marido de Elvira Sánchez que testa en 1527. ¿Por qué nos llama la atención este personaje?

           Nació este Francisco López de Villera a la historia de Canarias como Francisco de Tegueste, esclavo de Pedro López de Villera, poblador, que no conquistador, de Tenerife, que llegó a poseer una más que importante fortuna que en buena parte sirvió como herencia para la fundación de Hospital de San Sebastian, hoy aún existente su retablo principal incluido en la Residencia de Ancianos vecina a la Plaza del Cristo de La Laguna. Como curiosidad histórica, existe en la iglesia hoy adjunta al antiguo Hospital de Dolores un cuadro, la primera pintura de Canarias, en que está representado este Pedro López de Villera.

          Cuando enferma en 1508 hace su testamento en el que incluye una disposición para que quede libre su esclavo conocido como Francisco de Tegueste, al que data con tierras.

         Este Francisco de Tegueste toma el apellido del que fue su amo y pasa a llamarse Francisco López de Villera con una abrumadora presencia en testamentos no solo el suyo, sino en no menos de 100 citas en otros varios.

        Una muestra de la aceptación de la nueva cultura llegada del Reino de Castilla es que este Francisco de Villera hizo de su puño y letra el testamento de Elvira Hernández, guancha. Para una época en la que el analfabetismo era cosa común entre conquistadores y conquistados, la obra caligráfica de Francisco de Tegueste, luego Francisco López de Villera, es una hazaña digna de recordar.

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