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Una robot llamada Yoli, obra teatral de Ángel Camacho

Autor: Antonio Salgado Pérez
Publicado en El Día el 16 de junio de 2011

           Cuando estábamos ubicados en las butacas del acogedor salón de actos del Círculo de Amistad XII de Enero de Santa Cruz, esperando que la Compañía Círculo Teatral nos ofreciera el último montaje del prolífico dramaturgo tinerfeño Ángel Camacho Cabrera, “Proyecto X-21”, y viendo que el citado recinto presentaba una excelente entrada, nos vinieron a la memoria las atinadas palabras de Pilar Rey, cofundadora de la Escuela Municipal de Teatro de Santa Cruz de la Palma: “El teatro nunca morirá; puede pasar de moda el arte, la propia moda, pero el teatro siempre permanecerá, porque es una creación que parte desde la imperiosa necesidad que tenemos de expresar sentimientos y emociones universales; una catarsis maravillosa que nos renueva por dentro y por fuera”.

           Y no morirá, en efecto, con el empeño y la persuasión que, por ejemplo, sigue prodigando el inagotable Ángel Camacho, que sigue proporcionándoles a sus poliédricos personajes, a sus comedias, humor e ironía, binomio, por cierto, muy recomendable en la convulsa época que vivimos.

           Recientemente se exponía en estas mismas columnas de El Día que “la Compañía Círculo Teatral, única en las Islas familiarizada con las obras de Camacho, más acostumbrado a que se escenifiquen sus montajes en la Península, estaba integrada por una serie de actores no profesionales que dedicaban su tiempo libre al arte de Talía”. Por esta circunstancia, estimamos, posee un valor añadido contemplar la convicción y firmeza que atesoran los cinco protagonistas de “Proyecto X-21”, donde el autor se sumerge en el futuro y se aleja, por momentos, de sus habituales temas costumbristas y sociales. En ese nuevo mundo de androides, cibernética y afines; de exabruptos e ingenua procacidad, el dramaturgo crea al sumiso Emilio (José Jesús Pérez), más gestual que oral; nos presenta la desenvoltura de Marta (Mar Marrero), que desarrolla su papel sin el más mínimo balbuceo; nos aporta la espontaneidad y viveza de Yolanda (Belén Badenas), la deliciosa –y trepadora– robot Yoli de esta comedia, donde, de nuevo, surge la solidez interpretativa de Cecilio (Juancho Aguiar) y las fugaces intervenciones de Begoña Marrero, que, sin embargo, aporta con su postrera aparición, y en su papel de Emérita, las últimas sonrisas de la numerosa concurrencia que acudió durante las tres sesiones programadas a nuestro popular Recreo, plausible mecenas de estas manifestaciones artísticas.

           En efecto, la faceta teatral, la primera de las artes vivas, no morirá con esta serie de actores que tras desarrollar sus respectivas labores profesionales se reúnen en los ensayos para acrecentar sus sueños bajo la dirección del veterano actor Juanjo Parrilla y con el inestimable apoyo de un autor tan generoso como original en sus versátiles planteamientos, Ángel Camacho Marrero.

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