Blog

VISITANTES ILUSTRES EN SANTA CRUZ. Siglo XIX (13). Relato de Bory de Saint Vincent

Autor: José Manuel Ledesma Alonso
Publicado en el Diario de Avisos el 30 de noviembre de 2025.


De su obra Viaje a las cuatro principales islas de los mares de África,

           «En mi primer viaje por mar, en el que la travesía no me maltrató tanto como a mis veintitrés compañeros científicos, llegué a Tenerife el 2 de noviembre del año 1800. Santa Cruz, que a primera vista me pareció tener un aspecto salvaje, árido y abrasador, me hizo cambiar de parecer ante la riqueza y variedad de plantas que encontré en los barrancos de Valleseco y San Andrés, donde recolecté muestras de cardón, verodes y otras plantas que me eran desconocidas.

           Cuánto daría por poder transmitir a mis lectores las deliciosas sensaciones que experimenté al descansar bajo aquellos árboles frondosos que jamás se despojan de sus hojas, las flores nuevas en toda su lozanía, la paz y el silencio de aquel delicioso lugar, turbado únicamente por el canto de los canarios y el arrullo de las tórtolas.

          La isla de Tenerife contiene más de doscientas villas y aldeas, repartidas en veintitrés parroquias o jurisdicciones. En Santa Cruz reside el gobernador general de las siete Islas, un alcalde mayor o jefe de la administración de justicia, dos administradores de las rentas públicas y un subdelegado de la intendencia de marina. También se encuentran los tribunales de cuentas y de comercio de las Indias. El obispo y el inquisidor general residen en Canaria. Su población es de unas diez mil almas. Es el centro del comercio de las Canarias con el extranjero y el puerto donde descansan los buques europeos. Las únicas monedas que tienen curso legal son las piastras o duros, los portugueses y los cuádruplos de oro. Todas las mercancías son más caras que en Francia.

           La rada, bastante espaciosa y segura, puede contener diez o doce navíos de guerra en el fondeadero. El muelle, sólidamente construido de piedras volcánicas negras, tiene su extremo redondeado y contiene siete piezas de artillería (Batería del Muelle). Se desembarca por unas gradas muy incomodas, situadas en la parte interior, donde hay que tener grandes precauciones, luego se camina por una especie de terrado, colocado sobre el muelle, donde está situada la aduana. También se encuentra la fuente que suministra agua a los barcos.

Entrada a Santa Cruz desde el muelle

          A la ciudad se entra por una puerta de madera. A su izquierda se levanta un fuerte de varias murallas (San Cristóbal), armado con cañones de dieciocho y veinticuatro, con su cuerpo de guardia. También existen tres fuertes construidos a la entrada de los valles y barrancos, defendiendo su frente marítimo. Su guarnición está formada por los regimientos de América y de Ultonia (irlandés) que se encontraban reforzando al de Infantería de Canarias.

           Al contemplar el monumento dedicado al Triunfo de la Candelaria, erigido en la plaza de la Pila, formado por cuatro reyes guanches con un fémur en la mano que rinden homenaje a una imagen de la Virgen de Candelaria, procuro recopilar todas las fuentes literarias existentes para leer a Viera y Clavijo, fray Alonso de Espinosa y Núñez de la Peña, pues quiero conocer la historia del pueblo que habitaba esta isla antes de la llegada de los europeos, la costumbre de momificar sus muertos y depositarlos en cuevas en la zona de Güimar, la cristianización de algunos guanches antes de la conquista, etc.

           Santa Cruz es bastante grande, edificada muy diferentemente de nuestras ciudades francesas; las calles, que por lo general son rectas y medianamente anchas, están limpias y ventiladas; la mayor parte fueron empedradas hace poco y las aceras son de piedrecillas redondas, tan grandes como huevos (callados). Las casas están construidas de piedras o argamasa y sus habitantes tienen el cuidado de blanquearlas y pintarlas, lo cual da un aspecto muy aseado a la ciudad.

         Hay tres plazas principales. La que está situada al entrar en la ciudad por la puerta del Muelle tiene en su centro una fuente en forma de copa y está construida con lavas negras (La Pila); su agua es clara, pura y abundante; en algunos veranos no se abre más que a ciertas horas, por temor de agotarla.

           En estas calles y plazas hemos encontrado muchos curas y frailes con hábitos, lo cual fue un espectáculo enteramente nuevo para nosotros. Así como muchos pobres desnudos o andrajosos, de una suciedad repugnante, que nos asediaban pidiéndonos dinero, así como varias mujeres que nos abordaron diciéndonos todo tipo de injurias e insinuaciones, pero su miseria y suciedad no nos motivaba a acompañarlas, ya que nos han asegurado que las enfermedades venéreas y la sarna las están devorando.

           Los comerciantes forman la parte más acomodada de los habitantes de la ciudad, y aunque han adoptado varias maneras inglesas se visten a la francesa. Los nobles y las personas que viven de sus rentas residen en La Laguna.

           Como teníamos un apetito enorme y ninguno de nosotros hablaba español, un soldado francés nos condujo muy cortésmente a una posada, llamada fonda, que tenía el emblema del águila imperial.

           Comimos bastante mal por una perra gorda, pues la comida estaba demasiado picante, ya que en los países cálidos los alimentos son fuertes y condimentados. En el postre descubrí una variedad de uvas que no conocía, la que produce el vino seco de Canarias, llamado Vidueño.

           Al posadero le pedimos información sobre sus vecinas, unas damas y señoritas cuyo buen porte nos había sorprendido a pesar del mal gusto que demostraban en su forma de vestir. Estas mujeres no abandonaron la celosía de su ventana desde las tres de la tarde, que entramos en la posada, hasta que salimos a las siete; probablemente, ya estaban allí antes, y allí permanecieron después.»

Jean Baptiste Bory de Saint Vincent (Francia, 1778-1846). Mariscal de Campo. Comandante de la Legión de Honor y Jefe del Servicio Histórico del Ejército. Miembro del Museo de Historia Natural de Francia y de la Academia de Ciencias de París, donde sería el encargado de examinar el mapa de Tenerife que había enviado Sabino Berthelot.

           Estuvo en Santa Cruz de Tenerife del 2 al 13 de noviembre del año 1800, como botánico y zoólogo de la campaña científica destinada a cartografiar y estudiar las costas de Australia, organizada por la Academia de Ciencias de París y sufragada por Napoleón Bonaparte. La expedición, comandada por el capitán Baudin, la formaban 251 personas; de ellos, 24 eran científicos, 5 dibujantes y 5 jardineros que viajaban a bordo de los navíos Le Géographe y Le Naturalista. Durante su estancia llevaría a cabo el primer catálogo de Flora Canaria, compuesto por 467 plantas.

 

– – – – – – – – – – – – – –

Related Posts

Enter your keyword