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SANTA CRUZ DE TENERIFE. Capítulo I. De Villa a Ciudad (3). Título de Fiel.

Autor: José Manuel Ledesma Alonso
Publicado en El Día el 15 de septiembre de 2024

          Los graves acontecimientos que sacudieron a nuestra patria con motivos de los ambiciosos planes napoleónicos de dominación e instauración de su propia familia en el trono español, tuvieron su repercusión en nuestro Archipiélago, donde aparecieron análogas tendencias políticas.

           Como la lejanía y las malas comunicaciones daban lugar a que las noticias llegaran con retraso, en la Isla se creó un ambiente de incertidumbre con respecto al futuro de la patria; pues, en mayo de 1808, en Tenerife se tuvieron noticias “verbales” que el rey Carlos IV había abdicado en su hijo Fernando, que la familia Real estaba retenida en Francia, y que en Madrid y varias ciudades españolas se estaba produciendo un levantamiento popular, ante la instauración por la fuerza de la dinastía bonapartista en España.
Al trascender que en Santa Cruz ciertas autoridades se hallaban en convivencia con personajes afrancesados de la Península, la Villa decidió, por voluntad popular y patriótica, seguir manteniendo la fidelidad a la monarquía española.

           La situación se encontraba bastante tensa en Santa Cruz, el domingo 3 de julio de 1808, cuando arribó al puerto la corbeta española Especulador, en la que viajaban dos comisionados de la Junta Suprema que se había constituido en Sevilla, quienes notificaron oficialmente el levantamiento que se había producido en la Península contra el invasor, José I, la declaración de guerra a Francia, la paz que se había firmado con Inglaterra y el advenimiento de Fernando VII.

           Aquella misma tarde, la Corporación Municipal, encabezada por el comandante general, que era el presidente de la Real Audiencia, y todas las autoridades civiles y militares, salieron de casa del Alcalde portando el Pendón de la Villa. Les precedía la banda de música del Batallón de Infantería de Canarias y le seguían tropas de la guarnición y multitud de personas de ambos sexos. Una vez llegados frente a la casa de don José Guezala Bignoni, Alférez Mayor de la Corporación, leyó las siguientes palabras:

          «La Villa de Santa Cruz de Santiago en las Canarias, proclama y reconoce por su Rey y señor natural y de toda la Provincia a don Fernando VII, que lo es igualmente de las Indias Orientales y Occidentales y demás Reinos y Posesiones adyacentes a la Corona de España».

           Este mismo discurso lo repetiría en la plaza de la parroquia del Pilar, en la plaza de la Pila, frente al Castillo de San Cristóbal, en la plaza de la Iglesia y delante de la casa del Alcalde, siendo contestado por el pueblo con entusiastas aclamaciones de “Viva el Rey”.

           Hubo salvas de artillería, repique de campanas en todas las iglesias, los vecinos engalanaron las fachadas de sus casas, y por la noche hubo iluminación general.

           El domingo día 10, en la parroquia matriz tendría lugar un solemne Te Deum, misa y sermón y, por la tarde, la Virgen de la Concepción fue sacada en procesión, como Patrona del Reino.

            Al día siguiente, lunes, el alcalde fijó un bando en el que convocaba a Junta en la capilla de la Orden Tercera, anexa a la parroquia de San Francisco, con el fin de nombrar a los veinticuatro vocales que debían elegir a los dos diputados que representarían a la Villa de Santa Cruz en la constitución de la Junta Suprema Gubernativa, a celebrar en La Laguna, el 11 del mismo mes. Hecho que se recuerda en una placa colocada junto a la puerta de entrada de la citada capilla.

           El día 21, el capitán Juan Tabares, secretario de la Junta, trasmitió orden para que los alcaldes ordinarios y sus corporaciones prestaran juramento de fidelidad a Fernando VII. Formalizada la ceremonia, se envió certificación a Sevilla.

Figura alegórica de la Fidelidad

           Como Santa Cruz fue la primera población del Archipiélago que proclamaría su fidelidad a la Corona de España, la Junta Suprema de Canarias, en sesión celebrada el 4 de octubre de 1808, en nombre de la Autoridad Real, reconoció el significado del hecho y acordó conceder al Ayuntamiento de Santa Cruz el siguiente privilegio:

           «La Junta Suprema de estas Islas, entregada en los primeros momentos que siguieron a asegurar la Provincia, restablecer el extinguido erario público, reunir los pueblos y las opiniones, e instruir a todas las clases del Estado sobre sus deberes patrióticos, no podía atender desde luego a otros objetos importantes que también exigían su desvelo.
           Por ello, en recompensa y para perpetua memoria de la lealtad de la Villa de Santa Cruz, ya acreditada con haber merecido en otro tiempo del Rey Carlos IV, el título de Muy Noble, Leal e Invicta, ha acordado que en el centro de su Escudo de Armas pueda poner un sobre escudo con la figura alegórica de la FIDELIDAD, o más bien, y para mayor notoriedad, levantar una Columna en cuya base se lea la inscripción adjunta u otra que contenga igual sentido”.

           “Para perpetuar memoria de la fidelidad de esta Villa, que intentó amancillar con engaño José Bonaparte, fingido Rey de las Españas, la Suprema Junta Gobernativa de estas islas mando erigir este monumento, siendo Comandante General el Excmo. Sr. Don Carlos O´Donnell. Año MDCCCVIII”.

          Esta Gracia que Fernando VII dispensó a la Muy Noble, Leal e Invicta Villa de Santa Cruz de Santiago, continúa hoy, 220 años después, sin figurar en el escudo de la ciudad, aunque tiene derecho a blasonarlo, ni tampoco se ha levantado un monumento que conmemore la fidelidad que sus antepasados demostraron a la Corona de España.

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