(Publicado en esta página el 20 de noiviembre de 2024)  
 “Un buen español, debería mear siempre mirando hacia Inglaterra”
 Blas de Lezo-

El Oriana en el puerto de Santa Cruz de La Palma

          El día 1 de agosto de 2005, a primera hora de la mañana, el trasatlántico inglés Oriana llamó a tres millas por VHF a nuestra estación de prácticos de La Palma para avisar de su  llegada en uno de sus viajes habituales a nuestro puerto. Una hora después yo, como práctico de guardia, subía a bordo del barco cuando se encontraba a dos millas para auxiliar al capitán durante la maniobra de atraque.
          Hacía un bonito día de verano y el tiempo estaba en calma. Como era lo habitual, una vez a bordo, una filipina del cuerpo de seguridad del buque me acompañó hasta el  puente de mando. El capitán, un cincuentón grande y jovial,  pelirrojo y con barba, al cual ya conocía de otros viajes, me recibió cordialmente felicitándome “por el buén tiempo que le había preparado para su barco”. A continuación cumplimenté con el primer oficial los numerosos protocolos de llegada para comprobar el buen funcionamiento de los sistemas de maniobra. En este tipo de barcos siempre hay mucha gente en el puente: oficiales, timoneles, observadores de radar y sonda, etc… , todos en silencio y pendientes cada uno de su cometido.
          Mientras nos aproximábamos lentamente hacia la bocana del puerto, el capitán me estaba ofreciendo un café cuando se acercó a nosotros uno de los segundos oficiales, un gafitas muy joven y con aspecto de Harry Potter que, con sonrisa de imbécil y en voz bastante alta, para que le oyera todo el mundo, me espetó en inglés lo siguiente: 
          -Señor práctico, ¿sabe Vd. que hace un mes, se celebró en Portsmouth la victoria de Trafalgar y que España y Francia enviaron  barcos para celebrar su derrota?
          Se volvió hacia la audiencia para ver el efecto de su gracia. El capitán le lanzó una mirada furibunda  y empezó a decirle algo que yó interrumpí:
          -¡No, no, capitán, no hay problema!, su oficial tiene razón…Pero España  no envió un solo buque, sino dos: el porta-aeronaves Príncipe de Asturias y la fragata Blas de Lezo.  
          Me dirigí al impertinente y le pregunté si sabía quien había sido Blas de Lezo, cuando me respondió –naturalmente- que no, apunté su nombre en grandes letras en una pizarra de órdenes que había en el puente y le dije:
          -Fue un almirante español que tuvo una curiosa relación con un almirante inglés. Busque esa información en internet y léala, le aseguro que merece la pena, y  esta tarde, en la maniobra de salida, si quiere,  lo comentaremos.
          Una vez atracados y al despedirme, el capitán se excusó conmigo :
          -Perdone Vd.  a ese cretino. Los oficiales jóvenes que nos envían cada vez tienen menos educación ..¿Pasa lo mismo en España?
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           La fragata F-103 de la Armada Española lleva el nombre de uno de nuestros más ilustres marinos de guerra: Blas de Lezo. Sirva como ejemplo de su personalidad que, habiendo empezado a navegar como guardiamarina en 1704, en 1712, a la edad de 25 años, ya era capitán con mando y había perdido en acciones durante la Guerra de Sucesión española, una pierna en Vélez-Málaga, un ojo en Tolón y el brazo derecho le había quedado inútil en Barcelona a causa de un disparo de mosquete, todo lo cual no le impidió después seguir luchando contra los piratas de Argel y del Caribe y acumulando siempre victorias y ascensos. Debido a sus mutilaciones, en España era conocido como “Medio Hombre” y más adelante, entre los ingleses, como “Admiral One Leg”.
          La llamada Guerra de la Oreja de Jenkins, también conocida como Guerra del Asiento, fue un conflicto entre Inglaterra y España que duró nada menos que nueve años, de 1739 a 1748. Eran tiempos convulsos en los que Inglaterra intentaba por todos los medios acabar con la supremacía española en el Caribe y la perla del imperio español en aquel momento era la ciudad de Cartagena de Indias, en la actual Colombia.
          En 1741, Inglaterra armó la mayor escuadra de su historia con la intención de capturar a toda costa Cartagena para la corona británica. La escuadra se componía de 186 navíos (60 más que la Escuadra Invencible de Felipe II), 2.620 piezas de artillería y 27.000 hombres entre soldados, marineros y milicianos de las colonias americanas, entre ellos un hermano de George Washington. 
           Blas de Lezo había sido nombrado Comandante General del Apostadero de Cartagena de Indias en 1737 y, con buena intuición, había ordenado reforzar las defensas de la ciudad en lo posible, ya que, a menudo, contó con la oposición del virrey Sebastián de Eslava con el que nunca se llevó bien. Cuando el 15 de marzo la gran flota de Vernon sitió la ciudad, Lezo solo contaba para defender la plaza con seis buques y 3.200 hombres entre soldados, marineros y gente del pueblo a la que organizó en milicias.
          Como mi intención no es escribir aquí un tratado de historia y para no extenderme demasiado, solo diré que la batalla por Cartagena duró dos meses y medio de ataques y escaramuzas -en muchos casos cuerpo a cuerpo- y que los pantanos y ciénagas, los  mosquitos y la fiebre amarilla dificultaron el avance de la infantería inglesa. El resultado final fue uno de los peores  desastres de la historia de la Armada Británica. Para colmo, a mitad de la brega, el 4 de abril, el almirante Vernon entró en la bahia exterior y estuvo seguro de conquistar la plaza y así lo comunicó a Inglaterra que hizo grandes celebraciones e incluso llegó a acuñar unas monedas en las que se veía a Blas de Lezo arrodillado ante Vernon, ofreciéndole su espada y con la leyenda que decía…..”La arrogancia española humillada por el almirante Vernon” y en otra: “Los héroes británicos tomaron Cartagena- 1 de abril de 1741”.

Monedas acuñadas en Inglaterra por la supuesta victoria

         
          Vernon perdió en la batalla 19 navíos, 4 fragatas y 27 transportes de tropas. Al retirarse hubo de  quemar 6 buques por carecer de hombres para tripularlos. Las pérdidas humanas fueron terribles: 18.000 bajas causadas por los combates y las enfermedades. Lezo solo perdió 200 hombres y 4 navíos utilizados para bloquear las entradas del puerto.
          La retirada de los ingleses ocurrió a mediados de mayo de 1741 y el almirante Vernon, después de ocultarse una temporada en Jamaica y citado por la Corte, llegó a Inglaterra más de un año después, el 23 de septiembre de 1742. La vergüenza fue tan grande que el propio monarca, Jorge II, prohibió escribir sobre la batalla de Cartagena de Indias a sus historiadores.
          Pese a todo, Vernon fue recibido casi como un héroe y, aunque ya no le encomendaron más misiones de importancia, a su muerte , acaecida en 1757, fue enterrado como un marino ilustre en la Abadía de Westminster.
Blas de Lezo tuvo un final mucho peor (Spain is different), pese a haber sido el vencedor de Vernon, su enfrentamiento con el virrey Sebastián de Eslava que, llevado de la envidia, le acusó ante el rey de insubordinación e incompetencia, le llevó a perder su puesto como comandante de la escuadra. 
          Pocos meses después, habiendo contraído fiebres tifoideas y tal vez también abrumado por la pena, Blas de Lezo falleció el 7 de septiembre de 1741 . Fue enterrado sin reconocimiento alguno en un lugar desconocido. Solo muchos años después fue rehabilitado como el vencedor de Cartagena de Indias.
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          Cuando en la tarde del 1 de agosto de 2005  embarqué en el Oriana para la maniobra de salida, al estar fuera de puntas y próximo a desembarcar a la lancha de prácticos, le pregunté al oficial impertinente (que había estado tratando de evitarme) si se había enterado ya de la relación de Blas de Lezo con el almirante Vernon. Ya no tenía la sonrisa de imbécil y me dijo que no había tenido tiempo de buscarlo en Internet debido a sus numerosas ocupaciones a bordo, pero que lo haría en cuanto le fuera posible. 
          El capitán, al despedirme, me dijo en voz baja con una sonrisa…  
          -Sí que lo ha leído. Yo le ví hacerlo…¡Y ha pasado todo el día enfurruñado!. 
          Le  agradecí al capitán la confidencia y recordé una frase de Shakespeare -inglés por cierto- que, en su obra Cymbeline dice:  -“Se aleja adusto y enfadado, pero nos honra haberle dado motivos”.
          Pese a la frase atribuida a don Blas que encabeza este relato, debo manifestar mi admiración sincera por el respeto que tienen los ingleses por la gente de la mar, que no tiene nada que ver –desgraciadamente- con nosotros los españoles que hemos arrojado desde siempre al olvido tantos marinos ilustres con sus hazañas y sus descubrimientos. Como muestra, y respecto al personaje que nos ocupa, en 2014, el Ayuntamiento de Barcelona, exigió que se retirara la recién instalada estatua de don Blas de Lezo  en una plaza de Madrid por considerar que el mismo había participado, durante la Guerra de Sucesión, en el asedio a Barcelona de 1713.
          Una pena.
 
                                                                             
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