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SANTA CRUZ DE TENERIFE. Capítulo V. El transporte (1). Tracción animal

Autor: José Manuel Ledesma Alonso
Publicado en El Día el 16 de febrero de 2025

Coche de caballos

         

          Los coches de caballos comenzaron a funcionar en Santa Cruz a partir de 1860, pudiendo alquilarse en las paradas establecidas en la calle Doctor Comenge, 1 (San Francisco) y en la Rambla de Ravenet, cerca del Muelle.

           El Ayuntamiento obligaba a los cocheros a vestir con aseo, ser atentos y usar buenos modales. Usaban gorra de plato, con el número de registro grabado en una chapa. En las bodas solían ponerse sus mejores libreas para conducir a los novios al templo.

          De los dos modelos existentes de coches, el de mayor categoría era el Victoria, ya que disponía de asientos para los lacayos en el pescante superior; sin embargo, el más cómodo y elegante era el Landeau -Landó-, con su interior tapizado en seda, con cenefas de terciopelo y las cortinillas de tafetán. Al tener la capota -de piel- abatible le permitía ser un vehículo tanto de invierno como de verano. Los asientos los tenía situados uno frente a otro. Incluso disponía de doble suspensión y zapatas en los frenos de las ruedas traseras.

Omnibus

Coche de Hora

          La primera compañía para el transporte colectivo de viajeros, entre Santa Cruz y La Laguna, fue creada por los Hermanos Hamilton, el 4 de enero de 1854, con un capital social suscrito por 50 acciones de 1.000 reales de vellón cada una. Aunque la compañía los denominó Ómnibus, el pueblo prefirió llamarlos “Coche de Hora”.

          Su llegada sería un importante avance en las comunicaciones, pues en el primer año de funcionamiento transportó 8.963 pasajeros entre las dos poblaciones citadas.

          La estación principal estaba situada en la trasera de la plaza de las verduras o recova vieja, donde hoy está el Teatro Guimerá, pero, como en su recorrido destrozaban las calles por donde pasaban, el Ayuntamiento les obligó a trasladarse al final de la calle de La Luz, actual Imeldo Serís, justo donde empezaba el camino de La Laguna (Rambla Pulido).

          Para su puesta en marcha trajeron de Marsella (Francia) dos vehículos de doce asientos, un cochero y tres criados menores.

          Los Ómnibus, tirados por seis caballos, realizaban tres viajes diarios entre Santa Cruz y La Laguna, al precio de 5 reales de vellón. Las salidas eran a las 6 de la mañana, 12 del mediodía y 7 de la tarde, en los meses de verano, y una hora más tarde en los meses de invierno. Los Ómnibus tenían la obligación de transportar la correspondencia pública entre las dos poblaciones.

          El viaje en estos vehículos era pintoresco y no exento de riesgo. Su duración dependía de las ganas que ponían las bestias y los latigazos que el cochero descargaba sobre ellas. La mudanza de tiro se realizaba en la casa de postas de La Cuesta, mientras los viajeros y el conductor reponían sus fuerzas.

          El interior del coche estaba reservado a las señoras, mientras que los hombres viajaban en el pescante –asiento delantero junto al cochero-. Los bultos y equipajes iban en el techo del Ómnibus.

          Seis años más tarde, en 1860, otras empresas de Ómnibus comenzarían a competir con la citada compañía, comunicando Santa Cruz de Tenerife con distintas localidades de la Isla.

          La empresa de Juan Antonio Díaz realizaba un viaje diario a Güimar, con paradas en Candelaria y Arafo. Tardaba cinco horas y las postas las hacía en Barranco Hondo.

          La de Pedro Buenafuente Segura efectuaba cinco salidas diarias a La Laguna, con extensiones a La Orotava y Puerto de la Cruz.

          Sobre este medio de transporte, el antropólogo francés René Vernau, en su obra Cinco años de estancia en las Islas Canarias, escribe: «A los 4 kilómetros de haber salido de Santa Cruz, los caballos jadeantes, chorreando sudor, ya tienen necesidad de descansar; por ello, en el Mesón de la Cuesta realizamos la primera parada, para cambiar los caballos y que el cochero se tome su vaso de ron. Ahora nos acompaña un ayudante, un joven sucio y harapiento cuya función consiste en correr al lado de los caballos para excitarlos cuando su ardor disminuye…»

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