MONUMENTOS (3). A José Murphy y Meade
Autor: José Manuel Ledesma Alonso
(Publicado en el Diario de Avisos el 30 de marzo de 2025)
Monumento a José Murphy y Meade
El monumento a don José Murphy y Meade fue erigido en la plaza San Francisco por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, a instancias de la Tertulia Amigos del 25 de Julio, el 30 de septiembre de 2003.
En su base de hormigón tiene esculpido su nombre y fecha de nacimiento y muerte, y una placa de bronce con el texto: Procurador síndico de este Ayuntamiento, obtuvo para su pueblo natal, la entonces Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, el título de Capital de la Provincia de Canarias. La Corporación Municipal en señal de agradecimiento a este hijo esclarecido.
La escultura de bronce, obra de cuerpo completo del escultor lagunero Roberto Barrera Martín, de 3 metros de altura, lo representa triste y cabizbajo camino del destierro.
José Murphy y Meade nació en Santa Cruz de Tenerife, el 25 de febrero de 1774, en una casa alta y sobradada de la calle San Francisco, esquina a San Martín, con huerta trasera a la de San Juan Bautista. Sus padres, Patricio y Juana, irlandeses, se dedicaban al comercio y a la consignación de buques.
En 1799 se casó con su prima hermana Juana, con la que tuvo un hijo llamado José Patricio. Dos años más tarde morirían su esposa y sus padres, por lo que tuvo que hacerse cargo de las actividades navieras de la familia, viajando con frecuencia a Londres y París.
En 1801 era miembro del Real Consulado del Mar; en 1808 desempeñaba el cargo de Vocal y Comisionado de Hacienda, Comercio, Marina Mercante, Policía General y Beneficio Público en la Junta Suprema Gubernativa de Canarias, siendo su representante ante la Junta Superior de Sevilla y Diputado por ésta en la Junta Central de Madrid; entre 1813 y 1820 sería Diputado provincial; y en 1821 Procurador Síndico Personero del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.
Por ello, cuando el 12 de mayo de 1821 llegó la noticia del Real Decreto que ordenaba una nueva división de partidos electorales, por el que Santa Cruz quedaba dependiendo de La Laguna, el Ayuntamiento acordó recurrirlo y le designó para que defendiera en las Cortes de Madrid la capitalidad de Santa Cruz.
Murphy, a pesar de no ser diputado en las Cortes de Madrid, supo desenvolverse perfectamente en un ambiente desconocido para él, en algunos casos hostil, llegando a desarrollar una ardua labor en busca de apoyos en una laboriosa gestión personal de diplomacia de pasillos; hasta tal punto que, el 22 de octubre de 1821, notificaba al Ayuntamiento de Santa Cruz: “Tengo la satisfacción de comunicar a V. S. Ilma. que las Cortes Extraordinarias, en sesión del 19 del corriente, se han servido designar a esa Muy Leal, Noble, e Invicta Villa, por Capital de las Islas Canarias”.
José Murphy, que en su momento había apoyado las libertades que proclamaba nuestra primera Constitución, sería uno de los 23 diputados que, en 1823, al reinstaurarse el absolutismo, votó a favor de la incapacidad temporal de Fernando VII, por lo que fue sancionado con la confiscación de sus bienes y con la pena de muerte a garrote, la cual eludió exiliándose primero a Londres, a través de Gibraltar, y luego definitivamente a Méjico, donde se casaría.
En 1834, al ser amnistiado, desempeñaría las funciones de Cónsul General de España en Méjico, sin recibir emolumento alguno; por ello, al cesar en el cargo, su segunda esposa solicitó una pensión al Gobierno español, ya que carecían de medios de subsistencia, adjuntando un informe del Embajador español, donde exponía que “don José Murphy era un hombre entrado en años, de modales finos, de cierta instrucción y de honradez conocida, que había perdido su hacienda últimamente por haber sido maltratado por la fortuna”. La pensión le sería denegada.
Como en Tenerife se ignoraba dónde podían estar sus restos mortales, la Tertulia Amigos del 25 de Julio, al considerar que este ilustre personaje debería descansar en paz en su ciudad natal, comenzó a investigar su paradero con el fin de llevar a cabo su repatriación, descubriendo que había fallecido en Méjico, Distrito Federal, que su defunción se registró en la Parroquia del Sagrario, y que fue enterrado en un Panteón del Cementerio de Santa Paula, desaparecido a finales del siglo XX.
Reconocimientos
Para evocar su memoria y rendir homenaje a su insigne figura, el Ayuntamiento de Santa Cruz le reconoció su dedicación y eficacia, agradeciéndole sus fructíferas gestiones por los trabajos y tareas con las que defendió los derechos de esta Villa.
Aunque no sería hasta 1895, cuando el arquitecto municipal y concejal del Ayuntamiento Manuel de Cámara y Cruz propuso ponerle su nombre a la calle que hoy transcurre desde la del Castillo a Ruiz de Padrón.
En 1903, el alcalde don Juan Martí Dehesa ordenó que la carta enviada por don José Murphy, con la feliz noticia de la capitalidad, se incluyera en el Libro Verde del Ayuntamiento.
En 1974, coincidiendo con el bicentenario de su nacimiento, don Marcos Guimerá Peraza publicaría los textos escritos por Murphy: Reflexiones sobre Aranceles de Aduanas, Representación sobre Capitalidad y Observaciones sobre el Obispado de Tenerife, aunque previamente ya había publicado sus obras: La capitalidad y la división de Canarias y El Pleito Insular.
También, en 1978, un grupo de ciudadanos, junto con la Corporación Municipal, le colocaron una placa en el edificio que hoy que ocupa el lugar de la casa en la que nació y vivió, en la calle San Francisco, esquina San Martín.
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