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MONUMENTOS (2). Al Capitán Diego Fernández Ortega

Autor: José Manuel Ledesma Alonso

Publicado en el Diario de Avisos el 23 de marzo de 2025

Monumento al Capitán Diego Fernández Ortega

          El monumento al Capitán Diego Fernández Ortega, inaugurado el 25 de julio de 1916 en la intersección de la Rambla de Santa Cruz con la calle Viera y Clavijo, fue conocido popularmente por la Estatua al haber sido la primera representación pública de una persona que se erigió en las calles de esta ciudad.

          En la base del pedestal, enmarcado con iconografía de la gloria militar, se lee: Al Capitán de Infantería Diego Fernández Ortega, sus compañeros de armas.

          En el frente del pedestal, sobre el que se asienta el busto de bronce del protagonista, aparece la frase: Dio su vida por la Patria, el 5 -1 -1915, la cual está rodeada con una guirnalda de laureles, con lazo. En los tres lados secundarios del pedestal figuran cartelas con sus acciones de guerra más brillantes: en la parte trasera, las batallas de Wad Ras y la de Biut Anyera; en el lateral izquierdo, la de Sidi Hamed El-Hach (Gurugú); y en lateral derecho, la de Samma Zarrora.

          Al pie del monumento se halla la firma del escultor Enrique Cuartero y Huerta (Cuenca, 1888 – Madrid, 1965).

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        Diego Fernández Ortega (Santa Cruz de Tenerife, 1889 – Ceuta, 1915). Cuando tenía un año de edad, su padre, médico de Sanidad Militar, fue destinado a Alicante, falleciendo seis años más tarde en Cuba, de fiebre amarilla, por lo que Diego estudiaría en el Colegio de Huérfanos de la Guerra hasta que, a los 15 años, ingresó en la Academia de Infantería, obteniendo el título de teniente, tres años más tarde, siendo destinado al Regimiento de Infantería de Gerona nº22.

          Su primera experiencia bélica, con su correspondiente bautizo de fuego, lo vivió en la guerra de África de 1909, como 2º teniente del Batallón de Cazadores Arapiles nº 9, en el célebre combate del barranco del Lobo, en el que, al haber sido bajas todos sus jefes superiores, tuvo que tomar el mando sosteniendo un vivo tiroteo con el enemigo durante toda la noche, hasta que cayó gravemente herido. Por este hecho le concedieron la Cruz de 1ª clase de María Cristina.

          En 1911 fue designado oficial del Regimiento de Infantería África nº 68, con destino en Melilla. El 27 de diciembre, mientras comandaba un grupo de hombres en Beni-Bu-Gafar, en Bohama, sería herido de bala en el dedo índice de la mano izquierda y en el tercio superior del antebrazo derecho, con fractura del radio, por lo que fue ingresado, durante un mes, en el Hospital Militar de Melilla, donde recibiría un telegrama de felicitación de S.M. y del Gobierno, y  un permiso de dos meses que aprovecharía para visitar a su madre y hermanos.

          Ascendido a capitán, en 1913 tomó el mando de la 2ª compañía de Moros de la Milicia Voluntaria de Ceuta, liderando la vanguardia en el combate de las inmediaciones del monte Arapiles. Luego tomaría parte en el combate de Wad-Ras, en las cercanías del Puente Bucera, donde recibió una herida penetrante en el pecho, por la que sería ingresado en el Hospital de Tetuán.

          Al día siguiente de haber recibido el alta médica se hizo cargo de su compañía y, en posición de vanguardia, efectuaría arriesgados reconocimientos del terreno en el camino de Tetuán, en las inmediaciones de Fabamo, en los valles de Jobot, y en el bosque de Anyera. Todo este cúmulo de acciones le hicieron acreedor de otra medalla de la Cruz de 1ª Clase de María Cristina.

          El 5 de enero de 1915, estando de guarnición en la Casa del Hach, en Benimesala, en las inmediaciones de Ceuta, salió a repeler la agresión hecha al Blokaus de Anyera y recoger las bajas habidas. Después de sostener el fuego con el enemigo apostado en el bosque, se adentró con un grupo de soldados y, cuando arrastraba el cadáver de un oficial, recibió una herida de bala que le produjo la muerte. A título póstumo recibiría la tercera Cruz de 1ª clase de la Orden de María Cristina. 

          Aunque sus acciones en el Norte de África le habían labrado un historial de valentía y arrojo que se tradujeron en sucesivos ascensos y condecoraciones, su brillante historial militar es uno de los más precoces del estamento castrense, pues con apenas 26 años de edad ya tenía en su haber siete medallas, cuatro de ellas por méritos de guerra, entre ellas la Cruz de Primera Clase del Mérito Militar, con distintivo rojo, y tres Cruces de Primera Clase de la Orden de María Cristina.

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