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En la Casa – Museo del célebre tenor Julián Gayarre. en El Roncal (Navarra), solamente se oye la voz del grancanario Alfredo Kraus

Autor: Antonio Salgado Pérez
Inédito. Publicado en esta página web el 4 de febrero de 2026.

En el citado Museo, y como pieza insólita, se encuentra la laringe del famsoso tenor (1844-1890), también conocido como “El ruiseñor del Roncal”.
El Panteón. Museo que le dedicó su amigo Mariano Benlliure es una escultura excepcional.

Julián Gayarre

           

          En nuestra enriquecedora geografía peninsular, hay parajes que, aunque como escondidos y agazapados y sin apenas aparecer en folletos turísticos, tenemos que descubrir para gozar de su belleza original. Por ejemplo, El Roncal, inmerso en el corazón del Pirineo Navarro, donde sus casas, blasonadas, se aferran a las calles, estrechas, sinuosas y empedradas, envueltas en niebla y nieve, entre cumbres de un verdor inconfundible. En El Roncal parece que el hombre ha pedido permiso a la naturaleza para vivir allí.

          Y estando en Roncal tuvimos la gratificante oportunidad de repasar “in situ” la excepcional historia del gran tenor universal Julián Gayarre (1844-1890), que tuvo por cuna esta idílica campiña, donde, siendo muy jovencito, pastoreó con ovinos. Más tarde, en Pamplona, cuando trabajaba en una mercería, descubrieron sus primeros síntomas de afición musical. Pero dicen sus numerosos biógrafos que “perdió dicho empleo, ya que fue despedido por abandonar la tienda para seguir, absorto, a una banda de música que pasaba por la calle”. Luego, tras estudiar música en Madrid e Italia, conquistó los mejores escenarios de ópera del universo. Su recuerdo ha quedado grabado en multitud de documentos de la época que elogiaban la magnífica voz de Gayarre; incluso, compositores como Wagner o Gounod ensalzaron su canto.

La laringe del tenor

           En la casa-museo dedicada al tenor, la amable guía nos dijo, evidentemente compungida, que era una verdadera lástima que no existieran registros de su voz para escucharla hoy en día. Pero este vacío se viene paliando, afortunadamente, con la del extinto tenor grancanario Alfredo Kraus, que es la que se nos brinda cuando en el acogedor y curioso recinto descubrimos, con detenimiento, parte de la vida del famoso divo a través de objetos y recuerdos personales de éste; incluso, su laringe, ya que reputados doctores de la época se interesaron vivamente en experimentar qué había en realidad en aquel órgano cuya notas musicales extasiaron al mundo.

          Hay que tener en cuenta que en 1959 se estrenó la película “Gayarre”, de Domingo Viladomat, que protagonizó el referido tenor isleño. Antes de su óbito, acaecido en 1999, a los 72 años, Kraus visitó el mausoleo del gran Julián. En aquella visita comentó sentirse enormemente emocionado por estar delante de la tumba de uno de los más grandes prodigios del bel canto, el cual desplegó todo su arte por el mundo entero y de quien tuvo el privilegio, como ya hemos apuntado, de hacer una película biográfica.

Mausoleo Julián Gayarre

Gran protagonista en un pequeño cementerio

          En efecto, no tenemos la voz de Gayarre, pero si hemos podido admirar el excepcional mausoleo que el insigne escultor valenciano Mariano Benlliure realizó al eximio cantante navarro. Dicho mausoleo fue exhibido en la Exposición Universal de Paris de 1900. Resultó premiado con la Medalla de Honor de Escultura. No es de extrañar que la reina regente María Cristina quisiera instalarlo junto al teatro Real de Madrid, pero la familia del tenor se negó, y es el gran protagonista del pequeño cementerio de Roncal, a ochocientos metros del pueblo que vio nacer al gran Gayarre. El conjunto escultórico está construido en mármol blanco y bronce. Se levanta sobre cuatro gradas y consta de un sarcófago decorado en sus frentes por niños, realizados en relieve muy planos y que están cantando libretos de las óperas más célebres interpretadas por Gayarre. En esta bellísima obra existe alegorías sobre la música, la armonía, la melodía y la fama. Y el poeta escribió: “Canta, ruiseñor, canta / y no dejes de cantar / canta al que aquí descansa / es Gayarre de Roncal”.

           Solamente por ver este magnífico mausoleo vale la pena visitar tan singular pueblo que se nos antojó como agazapado, escondido en estos contornos por donde seguimos oyendo al poeta: “Tenores buenos los hay;/ buenos tenores hubiera,/ más tu padre dijo ya:/ Como el de casa no fueran”.

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