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Nuestro sentido recuerdo y homenaje a Ricardo Melchior Navarro

Autor: Antonio Salgado Pérez
Publicado en esta página el 10 de marzo de 2026

Su óbito se produjo el 31 de enero del presente año.

Real Casino de Tenerife. De izquierda a derecha, Domingo Febles. Presidente del Real Casino, doña Marcedes Navarro, su hijo Ricardo y el autor de este reportaje

         

Como sentido homenaje para tan entrañable compañero y amigo, que falleció el 31 de enero del presente, vamos a transcribir las palabras que pronunciamos en aquella trigésimo quinta edición del Ciclo de Conferencias organizado por el Real Casino de Tenerife, en el verano de 2002, donde nuestro inolvidable Ricardo Melchior Navarro, disertó sobre el tema: “Transporte guiado. Una solución de futuro”.

          «Nos conocimos, amigo Ricardo, en los albores de la década de los 80. Y aquel encuentro tuvo como marco un peculiar ambiente de vocablos que rezumaban energía.

          Allí, en la Unión Eléctrica de Canarias and Company, más conocida por el acrónimo de UNELCO, Ricardo se encontraba entre aquellos excelentes compañeros como Antonio Losada, José Juan Cabrera, Rafael Folch, Marcelino Rodríguez, César Escobar o José Luis Mestres; por nombrar los órganos volitivos de diferentes apartados técnicos de la empresa. Excelentes profesionales dirigidos por Juan Marina y presididos, como todos nosotros, por Eduardo de la Cruz Alarcó que, entre otras cosas, portaba el emblema de la seriedad, de la firmeza y de la fibra emprendedora.

          Allí, en UNELCO, empezamos a conocer el talante y la definida personalidad de nuestro conferenciante de hoy, cuyo risueño semblante, de entrada, nos hizo recordar las estrofas de un cartelito que, como oro en paño, cuelga en una de las paredes de nuestro hogar y que, entre otras cosas, dice lo siguiente:

Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho
Ella enriquece a aquellos que la reciben
Solo dura un instante
Pero su recuerdo es a veces eterno.

           Y así conocimos y fuimos conociendo a Ricardo Melchior, con ese aspecto deleitable, que infunde comodidad y optimismo. En su actual actividad ha demostrado una capacidad de estar cerca de la población, en las buenas y en las malas ocasiones, poniendo todo su saber y empeño al servicio del pueblo. Y eso no es poco. De hecho, como se ha dicho, es una rareza.

           La razón de esta dedicación, llevada adelante con una gran discreción, a pesar del cargo que ostenta, está en su persona que, como las abejas, va recogiendo, fundamentalmente, las cosas buenas.

          Ricardo siempre nos ha resultado un hombre cercano, familiar, respetuoso y extremadamente educado. Siempre, a todo el mundo, recibe con su carisma habitual ya sea una persona anónima o un alto cargo, porque sabe que es el mejor signo sensible de la amistad.

          Tiene Melchior la particularidad de ser un hombre sencillo. Por lo tanto, está suficientemente vacunado contra el mareo de la popularidad que, algunas veces, tanto deteriora. Reúne en su persona a un profesional de renombre internacional, de alta responsabilidad que es, de forma simultánea, afectuoso y acogedor con sus amigos, No es frecuente encontrar alguien así. En el fondo, Ricardo, imita al Nilo, río que disimula sus generosas fuentes.

          Ese entrañable amigo y maestro de periodistas que atiende por Francisco Ayala, decía recientemente, y refiriéndose a nuestro personaje de hoy, lo que sigue: “no hay cuerpo que resista tantos títulos; tantos trabajos; tantas tesis; tanta variedad de temas; tanta dedicación polifacética y tanto éxito en todo”.

          Nuestro conferenciante de hoy, agricultor y ecologista, que siente una atracción muy especial por ese Valle de Guerra donde, de pequeño, se familiarizó con vacas, terneros y plataneras, sigue siendo un gran amante de los pájaros, de los animales, primordialmente de los fornidos verdinos canarios, a los que incluso ha llevado a concursar.

          Ahora Ricardo Melchior, ingeniero, economista y políglota, agobiado de tanta responsabilidad, no tiene oportunidad de ocuparse de aquellos nutridos palomares que, en su niñez, constituyeron unos de sus mejores regalos de Reyes, que le hicieron olvidar aquella escopeta de balines que también había pedido a los Magos de Oriente y que se padre, abiertamente antibelicista, no le dejó.

          También ahora, Ricardo, tras salir de su domicilio enclavado en ese tranquilo Camino de San Diego lagunero y oír el canto del gallo en las dependencias del Cabildo, debe añorar sus partidos en el Náutico, como destacado jugador de baloncesto; y, cómo no, también debe añorar, sus participaciones atléticas en aquel bucólico Campo de la Manzanilla, donde aquellas prolongadas series de vallas eran fácilmente salvadas por sus ágiles saltos. Era la época dorada del cultivo del músculo, de los poros laboriosos; era la época de aquella máxima de Juvenal, ya conocida, “mens sana in corpore sano”.

          Melchior, que aún sigue fumando puros quizás porque su abuelo, a los 90 años, lo seguía haciendo, conoció a su “niña de los ojos”, a Sabela, en Alemania, de simple flechazo. Y de esa unión, Nicolás, que nació para el foro jurídico; y Ricardo, que sigue las mismas pautas técnicas de su progenitor.

          Ricardo Melchior, impulsor de nuestros cotizados vinos; creador de bodegas comarcales, heredó de su padre, la integridad y la honestidad; heredó de su padre el amor por el campo canario, los espacios abiertos. Heredó de su padre, el contacto con la clase trabajadora. La madre de Ricardo, Doña Mercedes, que a sus 85 años, sigue siendo una figura excepcional, donde su cultura, coherencia y apego por la vida, constituye una trilogía ejemplar, nos dijo en una ocasión, que su marido, en testamento hológrafo, le indicó que, en su ausencia, educara a los cuatro niños de la mejor manera posible, otorgándoles una sólida formación. Y Doña Mercedes, paradigma de esa mujer canaria que se crece ante las mayores adversidades de la vida, nos consta que cumplió fielmente el deseo de su esposo, prematuramente desaparecido de este mundo.

         Por todo ello, fue una lástima que allá, hace unos días, concretamente en la University College of Cork, no estuviera presente el padre de Ricardo Melchior que, por descontado, se hubiese enorgullecido de que su hijo recibiera el nombramiento de doctor “Honoris Causa”, en Ciencias, por la Universidad Nacional de Irlanda, premio otorgado por un numeroso grupo de científicos internacionales por su labor en los estudios de las energías renovables, energías que, como en aquel acto pronunció el presidente del Cabildo de Tenerife, “estas energías no tiene fronteras; representan la paz y son universales”.

         En fin, nuestro conferenciante de hoy, que disertará sobre el tema “Transporte guiado, una solución de futuro”, estamos seguros que, entre otros puntos, intentará acercarnos a ese nostálgico y entrañable medio de transporte, llamado tranvía, vocablo que ha producido en el periódico local El Día, una interesante encuesta-debate donde ciudadanos y expertos vienen dando sus autorizadas opiniones. Tranvía, en fin, del que tanto disfrutó Ricardo, en tierras peninsulares y extranjeras, en sus largas etapas como estudiante.

           Por todo ello, querido Ricardo, enfatizamos, de nuevo, las gracias en nombre del Casino por la deferencia que nos has proporcionado al aceptar nuestra invitación. Y a todos ustedes, distinguido público, nuestra gratitud por la atención que nos han dispensado. Muchísimas gracias.»

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