Año 1981. Desde San Rafael y San Roque a Santa Lastenia. Traslado de los restos de dos Capitanes Generales.
Autor: Alfredo Ezquerro Solana.
Inédito. Publicado en esta página web el 20 de septiembre de 2026.

En una placa existente en el patio de Capitanía, puede leerse la extraordinaria rapidez con la que se levantó el Palacio, cuyas obras finalizaron el 31 de diciembre de 1880. En menos de dos años, el eficaz y enérgico General Weyler fue capaz de que se derribara el viejo Hospital de San Pedro y sobre su solar se construyese el espléndido Palacio que hoy podemos admirar, Una leyenda de la época cuenta que Gumersindo Robayna, el pintor que decoró la bóveda del Salón del Trono, cansado de las exigencias del General para que acelerase el ritmo de sus trabajos, sustituyó la cara de uno de los leones del escudo de España por la del propio General. Sin duda, una “fake” de la época.
En 1981, estábamos pues obligados a recordar el centenario de tal efeméride. Y así fue, pues bajo la presidencia del Capitán General, el TG. González del Yerro, se constituyó una Comisión de 16 personalidades civiles y militares, que se esforzaron durante todo el año para que los actos programados revistieran la mayor brillantez. En los medios de comunicación de la época se reflejaron todas las actividades previstas (edición de un libro con la historia del Palacio, un alarde de Músicas Militares, exposición filatélica, con un imborrable recuerdo para su principal impulsor, mi llorado amigo D. Ángel Pérez Rodríguez, traslado de los restos de dos Capitanes Generales al Cementerio de Santa Lastenia, una espléndida exposición en Capitanía, etc.). Por iniciativa del propio Capitán General, se reunió la Comisión por última vez el 17 de octubre de 1981 y el TG. González del Yerro, tras agradecerles su desinteresada colaboración, propuso hacerse una foto como recuerdo. Esa imagen se ha convertido en una imperecedera muestra gráfica de aquel año de intensos trabajos. En alguna ocasión he propuesto que, debidamente enmarcada, identificados los personajes y como un homenaje hacia ellos, debería situarse en un lugar próximo al itinerario que siguen las periódicas visitas turísticas al palacio.
Y a una de esas actividades, el traslado de los restos de dos Capitanes Generales a Santa Lastenia, vamos a dedicar el resto de este trabajo, aclarando en primer lugar quienes eran estos dos destacados militares. Para ello, nos vamos a servir fundamentalmente de sus Hojas de Servicios, que se custodian en el Archivo General Militar de Segovia.
El Mariscal de Campo D. Federico Salcedo y San Román había nacido en Cádiz en 1820. Comienza su carrera militar en la Armada, encuadrado en la Artillería de Marina. Participa en las Guerras Carlistas y en 1849 en la Guerra de Marruecos, ya como Capitán de Infantería. En 1860 combate en la famosa Batalla de Wad Ras a las órdenes del tinerfeño General O’Donnell. En 1863 embarca para Puerto Rico y Santo Domingo, con el Grado de Coronel de Ejército por méritos de guerra. En julio de 1868 asciende a Brigadier y participa en la Batalla de Alcolea, en la que se enfrentaron los Generales sublevados Prim y Topete contra las tropas realistas mandadas por el General Pavía. Tras una corta estancia en Cuba, regresa a la Península en 1869 y asciende a Mariscal de Campo en 1872, siendo nombrado al año siguiente Capitán General de las Islas Canarias, Su Hoja de Servicios finaliza aquí, por lo que no tenemos datos sobre su estancia en Canarias, que debió ser muy corta, pues el 28 de septiembre de 1874 cesa en el Mando de nuestra Capitanía y ese mismo día es nombrado su sucesor, el Teniente General D. José Orive y Sanz. No finaliza su mandato por su fallecimiento, (¿tal vez lo fue por enfermedad?) pues en el Decreto de cese el General Serrano, Presidente del Poder Ejecutivo, dice que ha quedado satisfecho de su celo e inteligencia, y se propone “utilizar oportunamente sus servicios”. Es posible que quedase en situación de Cuartel en Tenerife a la espera de un nuevo destino que nunca llegó, pues falleció meses después, el 4 de febrero de 1875.

El Teniente General D. Melitón Catalán y López había nacido en Aranda de Duero en el año 1821. En 1838 es Teniente de las Milicias Provinciales y participa en la Guerra Carlista a las órdenes de los Generales O’Donnell y Espartero. En 1846 tiene que emigrar a Portugal como consecuencia de dicha contienda. Amnistiado en 1846, en 1850 vuelve al servicio activo con el Grado de Capitán. En 1853, sin duda para recuperar el tiempo perdido en la década anterior, se presenta voluntario para ir a Cuba y Santo Domingo, regresando a la Península en 1866 ya como teniente coronel. Participa en la Guerra Carlista de 1870-73, donde asciende a Brigadier y es nombrado Comandante General de Navarra. En 1873, también por méritos de guerra, asciende a Mariscal de Campo y en 1875 a Teniente General. Por Decreto de 29 de julio de 1877, el Rey Alfonso XII le nombra Capitán General de las Islas Canarias. Su Hoja de Servicios se cierra con el total de sus servicios efectivos “hasta el 4 de febrero de 1878, que falleció”. Estuvo pues, al mando de nuestra Capitanía tan solo unos meses, dando paso al Capitán General con el que abríamos este trabajo, el Teniente General D. Valeriano Weyler y Nicolau.
Damos ahora un salto en el tiempo y regresamos al 16 de mayo de 1981, día en el que estaba previsto el traslado de sus restos a la Sacramental de Santa Lastenia.
Por aquella época, el Cementerio de S. Rafael se encontraba en un deficiente estado de conservación y era utilizado como albergue ocasional, sobre todo por las noches, por personas de la más variada condición. En el programa de actos editado por Capitanía para celebrar el Centenario, figuraba el traslado de los restos de los dos Capitanes Generales para el día 16 de mayo, noticia que ya había sido recogida por los mcs. Avisado por la Policía Municipal, fui al Cementerio unos días antes y allí me encontré con un panorama desolador. La tumba del General Salcedo había sido vandalizada y sus restos estaban esparcidos por el suelo. Tal vez los asaltantes buscaban botones de oro, condecoraciones, etc. y habían producido en la sepultura importantes destrozos.
Se procedió a guardar los restos de ambos Generales en sendas bolsas especiales, que el día 16 de mayo fueron introducidas en dos arquetas de madera con los nombres de ambos Generales. En Santa Lastenia fueron escoltadas por la Policía Municipal hasta el lugar donde dos Ingenieros Militares, el Teniente Coronel Añorbe y el Comandante Padilla (mi “compadre” y amigo, profundo conocedor de la historia militar de Canarias y cuya muerte hemos llorado el pasado año), habían construido un espléndido mausoleo en el que fueron depositados sus restos.

El cenotafio estaba preparado para acoger varios cuerpos, colocándose en dos de los nichos ambas arquetas y quedando el resto vacíos, a la espera de que en el futuro pudiera ser inhumada alguna otra persona que la Autoridad Militar decidiera, como así ocurrió en 2006, año en el que fue enterrado el General de División Pedro M. Fernández Díaz de Junguitu, Gobernador Militar de Las Palmas, con cuya amistad me honré en la década de 1980, cuando ambos compartíamos destino en el Estado Mayor de Capitanía.

Respecto a las primitivas tumbas de San Rafael y San Roque, suponíamos que habrían desparecido a raíz del expolio de 1981 pero con gran satisfacción, y con nuestro sincero agradecimiento al Ayuntamiento, hemos visitado el cementerio el día de Todos los Santos y en él permanecen las dos tumbas, ahora vacías, en buen estado de conservación, aunque en la del General Salcedo se aprecian las huellas del vandalismo sufrido en 1981.
También son llamativos los cortos períodos de tiempo que ambos Capitanes Generales estuvieron en sus cargos, especialmente en el caso del General Salcedo, cesado cuando llevaba un año en el destino. Cuando visité San Rafael en 1981, me sorprendió enormemente ver los restos de uno de los dos Capitanes Generales esparcidos por el suelo, y el cráneo cortado limpiamente con una sierra, de manera que ambas partes encajaban a la perfección, como aquellas cazuelas de porcelana con tapadera que usaban nuestras abuelas. Me habían llegado rumores (sin confirmar) de que uno de los dos Capitanes Generales había sido exhumado poco después de su entierro por orden judicial para hacerle una autopsia, ante la sospecha de que hubiera sido envenenado. Ante los datos aportados, es muy probable que ese fuera el General Salcedo, pues por las fotos adjuntas se puede comprobar que su tumba fue la que apareció más vandalizada en 1981, al estar la lápida hecha añicos. Tal vez en los archivos tinerfeños, en especial en el de la vieja necrópolis de San Rafael, pueda encontrarse alguna respuesta a estos interrogantes.
Todos los años, a principios de noviembre, se celebra ante el Panteón de Capitanía en Santa Lastenia un sentido homenaje a las personas allí enterradas, ceremonia en la que se reza un responso y se deposita una corona de flores en recuerdo de nuestros compañeros.
Dulce et décorum est pro Patria mori
(Horacio)
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