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Vivencias y pinceladas de Burgos (II)

Autor: Antonio Salgado Pérez
Publicado en El Día el 16 de mayo de 2013.

La Catedral de Burgos es la cumbre del gótico europeo.
“El espolón capitalino” un pequeño paraíso.

 

          En Burgos capital surge, majestuoso e infinito, un símbolo de espiritualidad y arte; la cumbre del gótico europeo, el icono más representativo de la ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984: su catedral donde, por encima de todo, y como simple espectador, fijamos nuestras miradas en la tumba del Cid, donde una losa de granito, marcada con una inscripción latina que formuló Menéndez Pidal, cubre los restos del héroe y de su esposa, doña Jimena.

           Y escrutamos el cimborrio, verdadera joya arquitectónica de la catedral, por cuyos ventanales abiertos en los lados del octógono penetra una luz que vivifica gárgolas, leyendas, medallones y figuras. Y en el fondo del crucero, la famosa “escalera dorada”, de gran riqueza ornamental y audacia arquitectónica que, salvando grandísimas distancias, nos ha hecho recordar, por su similar estructura, la que aún posee, en su parte antigua, el otrora y esbelto hotel Quisisana, obra del reputado Mariano Estanga Arias, hoy convertido en colegio.

          Abandonemos este ciclópeo discurso de piedra, propio de un tiempo de boato y pompa, cuando era preciso señalar la primacía de la cruz sobre la arrogancia del blasón y la miseria del campo, y vayamos a dar un paseo por El Espolón burgalés, que no es dique, ni espigón, ni malecón ni rompeolas, sino un simple lugar de tránsito, miradas y signos.

           Por este pequeño paraíso, analiza el aludido Pascual Izquierdo, “pasan gacelas de temblor incipiente y mozalbetes con asomo de rubor; matrimonios con el amor a cuestas; siluetas de madurez y, en muchas ocasiones, ancianos a la búsqueda de sombra y conversación”. El Espolón está considerado como uno de los paseos provincianos más bellos de España. Constituye una síntesis de vigencia decimonónica, jardín ilustrado, paquete botánico donde sobresale, de una forma muy especial, el plátano de sombra, el plátano de paseo, árbol tan resistente como longevo, que en invierno es candelabro y, en primavera, un vergel. Y aquí y acullá, el entrañable recuerdo, en bronce, de la castañera, del guardia urbano, del lector de periódicos, del peregrino jacobeo, de los abuelos… Y nos alejamos de estos contornos donde la limpieza es una constante y un milagro ver un confeti en las aceras.

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