San Carlos y el mal fario

 
Por José Manuel Padilla Barrera  (Publicado en La Opinión el 18 de octubre de 2016)
 
 
 
          El cuartel de San Carlos ya tiene colocado su escudo, nuevo, porque el original desapareció hace años. Una gran noticia. Eso quiere decir que la obra marcha. La fecha de terminación prevista es el día 30 del próximo noviembre. Deberíamos alegrarnos, pero no me fío, porque creo que al viejo cuartel le persigue un mal fario.
 
          Antes de nacer fue un hijo no deseado. Su creador, el ingeniero militar Luis Muñoz y Fernández Vázquez, renegaba de él y decía: "Aunque el proyecto aparece firmado por mí, solo ha sido por efecto de obediencia”. El desarrollo de los trabajos fue un continuo martirio para el ingeniero. Cuando no faltaba agua para amasar, se acababa la piedra en la cantera o no había madera para los andamios. Ante su desesperación, su proyecto se encarecía día a día y languidecía lentamente. De tal manera lo hacía que 20 años después de comenzado, en 1870, cuando Luis Muñoz se encontraba ya retirado, se dudaba seriamente de que pudiera terminarse. Por fin en 1875 se entregó al Batallón Provisional, pero con una sola planta. Años más tarde se levantó la segunda para dejarlo con el aspecto actual. Total, más de 30 años para una obra que debió acabarse en… dos.
 
          En diciembre de 1978, el mal fario funcionó a tope, el cuartel fue entregado al Ayuntamiento de Santa Cruz y estuvo a punto de desaparecer; lo que de él queda se salvó gracias a una campaña en su favor del Colegio de Arquitectos. El viejo caserón quedó desamparado y dejado a su suerte. El año 2000, en una hábil maniobra, el Ayuntamiento le colocó la papa caliente al Gobierno de Canarias, haciendo un intercambio con el colegio Fides.
 
          Después de los 25 años de total abandono, en mayo de 2003, cuando ya el edificio se caía a pedazos, el Gobierno decidió acometer las obras; todo perfecto, el ritmo de los trabajos era muy bueno, se tocaba el fin con las manos, pero apareció el mal fario en forma de tranvía, que trajo dos desgracias. La primera y quizás la más importante porque no tiene solución: por una decisión de no se sabe quién, las vías del tranvía que vienen de la avenida Bravo Murillo describen una extraña curva y pasan a menos de cinco metros de la fachada principal, y por si fuera poco a un nivel superior al de la rasante de la calle, dejando, para siempre, al edificio con sólo un angosto pasillo a su frente. Y segunda: ante la temible trepidación que según los técnicos se iba a producir sobre la edificación, se decidió reforzar la cimentación y todo el dinero del que se disponía para acabar la obra fue concienzudamente enterrado en metros y metros cúbicos de hormigón. Y claro, sin dinero, hubo que paralizar la obra; eso era en 2005.
 
          San Carlos volvió a entrar entonces en un nuevo periodo de abandono, esta vez de nueve años, y llegamos así al 2014. Al Gobierno de Canarias se le encendió entonces la bombilla y cayó en la cuenta de que mantenerlo sin uso, después del gasto efectuado, era antieconómico. Por lo que comenzaron de nuevo las obras que debían concluir en mayo de 2015; todo iba sobre ruedas, los trabajos discurrían perfectamente, el fin se veía cercano, pero otra vez se cruzó el mal fario: la empresa contratista solicitó procedimiento concursal. Otro parón hasta redactar la liquidación y esperar la decisión del juez. No ha sido demasiado grande, en mayo de este año se adjudicó por tercera vez la obra y, como decía, debe estar terminada el 30 de noviembre. Crucemos los dedos.
 
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