Los desertores en la Gesta del 25 de Julio

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por Juan Carlos Cardell Cristellys

 

Ediciones Idea,  (Tenerife 2004). En la Colección Historia olvidada
Número de páginas: 310

Se puede adquirir, además de en las librerías más conocidas, en Ediciones Idea:
    Calle San Clemente 24 (Edificio El Pilar), 6ª planta. 38002 Santa Cruz de Tenerife
    Calle León y Castillo, 39, 4º b.  35003 Las Palmas de Gran Canaria
    

          

          La deserción durante la Gesta del 25 de Julio de 1797 en Santa Cruz de Tenerife ha sido un tema muy poco tratado. Hay que destacar que son mayoría los archivos en los que no existe dato alguno sobre el tema, bien porque los documentos han desaparecido o porque han sido “mutilados”.

          El mérito de esta obra de Cardell reside en la minuciosa labor recopilatoria llevada a cabo en varios archivos tomando como base documentación pública y privada con la que ya se contaba y las relaciones y poesías satíricas de la época. El autor ha ensamblado lo que ha ido consiguiendo, de modo que con su trabajo se puede hoy día conocer en qué lugar o lugares empezó la deserción y quienes fueron los causantes de ese inicio. También podemos leer en este libro los Bandos que mandó publicar el General Gutiérrez ante los numerosos casos de deserción. El propio comandante General, al explicar al Rey Carlos IV los motivos que le llevaron a aceptar los términos de la capitulación, que a primera vista podían parecer muy favorables a los vencidos indicaba que era necesario “correr un velo” sobre ciertos comportamientos.

         Con seguridad este libro puede molestar. A unos porque rompe el estereotipo de que todos, como un solo hombre, defendieron el Puerto, Plaza y Lugar de Santa Cruz. A otros porque sus apellidos coinciden con los de quienes, en aquella ocasión, no supieron cumplir con su deber. Y a alguna población de la isla de Tenerife por las sátiras que se vertieron contra ella y algunos de sus habitantes, normalmente de las élites, por su comportamiento frente al enemigo.

         Pero la Historia no es el Mito. Y el mérito del verdadero historiador, como Juan Carlos Cardell, no estriba en loar hazañas, reforzar ese mito y halagar a unos y otros, sino en sacar a relucir lo que, de verdad, sucedió. Con luces, que fueron muchas y muy brillantes; pero también con sombras que, aunque pocas, existieron.