220 aniversario de la segunda escala de Nicolás Baudin en Tenerife

Por José Manuel Ledesma Alonso (Publicado en El Día el 15 de noviembre de 2020).

 

 Baudin - 1 Personalizado

Nicolás Baudin

         

          Nicolás-Thomas Baudin, marino, explorador, cartógrafo, hidrógrafo y naturalista, nacido en Saint-Martin-de-Re (Francia) en 1754, hizo escala en el puerto de Santa Cruz de Tenerife en los dos viajes científicos que realizó a las Antillas y a Australia.

          La primera de estas expediciones la llevó a cabo en 1792, cuando Leopoldo II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, le confió el mando de la fragata La Jardiniére con el fin de que recolectara plantas por las costas del Pacífico y el Índico para el jardín imperial de Schönbrunn (Viena-Austria). Debido que un temporal le sorprendió cuando regresaba, tuvo que depositar las plantas en la Isla de Trinidad, llegando a Francia en 1795.

          Con el fin de recuperar las citadas plantas, el 30 de septiembre de 1796 volvió a zarpar del puerto de Le Havre, al mando de La Belle Angélique, acompañado del botánico Ledrú, el zoólogo Pierre Mauger, el minerólogo Advenier, el jardinero Anselmo Riédlé, el astrónomo Pierre F. Bernier y una tripulación de 108 marineros.

          Como una fuerte tormenta les sorprendió entre Madeira y Azores, rompiéndole los mástiles y el timón del barco, se dirigieron al puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde permanecerían cuatro meses mientras les reparaban los aparejos. Durante este tiempo, los naturalistas alquilaron una casa en Santa Cruz y se dedicaron a recorrer la Isla, llevando a cabo importantes trabajos de investigación, tales como la primera relación científica de historia natural de las Islas Canarias; la redacción del catálogo de plantas del Jardín de Aclimatación de La Orotava; enumeraron los 50 dragos existentes en Tegueste; las características del bosque de Agua García, etc.

Segunda escala

          El capitán Baudin volvería a hacer otra escala en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, del 2 al 13 de noviembre de 1800, cuando se dirigía a New Holland -Australia- para estudiar su mineralogía, zoología, y botánica.

           La expedición, organizada por la Academia de Ciencias de París, y sufragada por Napoleón Bonaparte, la componían la corbeta Le Géographe y la gabarra Le Naturaliste, con 251 personas a bordo; de los que 23 eran astrónomos, geógrafos, botánicos, zoólogos y minerólogos, además de 5 dibujantes y 5 jardineros.

          Le Naturaliste regresaría a Francia, en diciembre de 1802, con gran cantidad de especímenes de plantas, animales vivos, minerales, y una gran colección de dibujos, mientras Baudin continuaría navegando hacia Timor e isla Mauricio con Le Géographe, acompañado de Freycenet con la goleta La Casuarina que habían adquirido en Sidney. Al fallecer Baudin, el 16 de septiembre de 1803, la expedición regresaría a Francia. Sólo sobrevivieron siete científicos.

          Sin embargo, desde el punto de vista científico la expedición fue un éxito, pues el Museo de Historia Natural de París tuvo que construir un nuevo edificio para albergar las nuevas colecciones de plantas y minerales que trajeron.

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Santa Cruz de Tenerife

 

Estancia en Santa Cruz de Tenerife

          "En cuanto fondeamos, el capitán del puerto y los oficiales de Sanidad vinieron a bordo. A las once, uno de mis oficiales fue a saludar de mi parte al gobernador y al cónsul francés. A su regreso me comunicó la actitud favorable de este comandante que, después de recibirlo con mucha amabilidad, me envió saludos con uno de sus oficiales para reiterarme que se ponía a nuestra disposición. Después de comer fui a verle acompañado de una parte del estado mayor y de los naturalistas de las dos corbetas. Su excelencia nos recibió con extrema cordialidad y la buena disposición que mostró me hizo pensar que nuestra estancia en Tenerife sería muy agradable para todos.

          De las siete embarcaciones que encontramos al llegar al puerto de Santa Cruz, tres eran españolas, dos inglesas, apresadas por el corsario La Mosca, una americana, y una sueca. Como una de estas naves iba a ser enviada por el cónsul francés a Gibraltar a llevar un centenar de prisioneros ingleses, aprovechamos esta circunstancia para deshacernos de varias personas enfermas e incapacitadas. Al día siguiente, parte de la tripulación y de los pasajeros que habían embarcado regresaron a Tenerife. Por sus declaraciones supimos que la misma noche de su marcha, cuando estaban acercándose a Canaria, los prisioneros ingleses se sublevaron, se apoderaron de la embarcación, y permitieron a todos aquellos que no quisieran seguirles regresar a tierra en la chalupa de la nave. Por lo demás, no hubo muertos ni heridos en esta acción. Sólo teníamos que lamentar la suerte de nuestras cartas que, según todos los indicios, no llegarían a su destino.

          Como don José Carta tuvo la amabilidad de prestarnos su observatorio o, mejor dicho, su casa entera, hice desembarcar una parte de nuestros instrumentos astronómicos con el fin de observar el funcionamiento de nuestros relojes con mayor comodidad que a bordo. Los naturalistas, dibujantes y demás especialistas de la expedición, se ocuparon de la parte de las investigaciones y trabajos que le correspondía a cada uno.

          El cónsul me comunicó que había tenido muchas dificultades para conseguirnos las cien pipas de vino que le había pedido que nos comprara. El poco vino que quedaba de buena calidad tenía un precio desorbitado y los comerciantes ni siquiera tenían la intención de venderlo, ya que preferían reservarlo para mezclarlo con el de la última cosecha. Como no quería perder un tiempo valioso esperando a que los comerciantes redujesen sus pretensiones me limité a pedir veinte pipas que me costaron doce mil francos y, con un suplemento de cerveza inglesa, procedente de un botín, me encontré con suficientes provisiones para llegar hasta la Isla Mauricio.

          El marqués de Nava, fundador del Jardín Botánico, situado en los alrededores de la Villa de La Orotava, mandó recoger las plantas y semillas que le habíamos traído de París, como muestra de agradecimiento por la amabilidad con la que nos había atendido en nuestra primera escala. Lamento haberme marchado sin haberle saludado ya que estoy especialmente agradecido por las provisiones que nos hizo llegar en el momento de zarpar.

          La víspera de la marcha, embarcamos todos los instrumentos que habíamos llevado a la casa de don José Carta, que nos atendió del modo más amable y cuya agradable compañía ha hecho que muchos de nosotros sintiéramos separarnos de él.

          A las dos de la tarde del 13 de noviembre del año 1800 fui a casa del cónsul para terminar nuestras gestiones y hacer la comida de despedida y, provistos de agua, vino, y de todo lo que necesitábamos, zarpamos de Tenerife con buen viento de nordeste poniendo rumbo en dirección a nuestro destino."

 

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