El ingeniero militar Luis Muñoz en Tenerife

 
Por José Manuel Padilla Barrera  (Publicado en La Opinión el 11 de noviembre de 2017).
 
 
          En la mañana del lunes 10 de mayo de 1841, después de ocho largos días de navegación, arribaba al puerto de Santa Cruz de Tenerife, procedente de Cádiz, un místico (velero de tres palos con aparejo de vela usado en el levante español) con un nombre muy curioso: El Buen Mozo. Transportaba una gran cantidad de tabaco en rama y manufacturado, arroz, sardinas, aceite, cacao y además trece pasajeros. Entre ellos el coronel de Ingenieros Luis Muñoz y Fernández Vázquez.
 
          Esa misma mañana en las Cortes de Madrid, su antiguo compañero en el Batallón de Voluntarios de honor de la Universidad de Toledo, Baldomero Espartero, capitán general, duque de la Victoria, duque de Morella, vizconde de Banderas y grande de España era elegido Regente del Reino, ante la renuncia presentada por la reina gobernadora María Cristina de Borbón el 12 de octubre del año anterior. Decía en el anterior artículo que la integración de Espartero en Infantería había sido voluntaria, pero no fue así, he descubierto que lo que ocurrió fue que no logró aprobar el 2º curso para llegar a oficial de Ingenieros y se le dio la posibilidad, como a otros muchos, de pasar a un arma que requería menor nivel científico. Así son las cosas, de haber aprobado hubiese llegado probablemente, como Luis Muñoz, a brigadier de Ingenieros.
 
          Durante 12 años estuvo el coronel Muñoz en las islas siempre, salvo esporádicos viajes, en Tenerife. En el año 1853 cambió de archipiélago, ascendido a director subinspector en clase de coronel se le destinó a las islas Baleares, para un año después, siendo ya brigadier, pasar a encargarse de la Dirección Subinspección de Galicia. Una vez retirado volvió a su lugar de origen, Membrilla. Presentó instancia para que se le concediera el ascenso a mariscal de campo, pero no consta que lo consiguiera.
 
          Pasado el primer año de estancia en la isla, hombre de gran cultura y formación científica, pronto buscó acomodo en la institución que mejor podía aprovechar esas cualidades: La Real Sociedad Económica de Amigos del País, asentada en La Laguna, desde 1777. Su director, el 18 de septiembre de 1842, lo comunicaba así a los componentes de su corporación:
 
                    "El marqués de San Andrés ,vizconde de Buen Paso con la consideración debida a VSS hace presente tener entendido que el Señor D. Luis Muñoz Coronel y Comandante General del Cuerpo de Ingenieros en esta provincia desea inscribirse en el número de individuos de esta Ilustre Corporación."
 
          Para ello ordena abrir un expediente en el que conste la opinión de seis miembros de la sociedad elegidos por sorteo. Uno de ellos decía:
 
                    "Estoy persuadido que si esta Real Sociedad admite entre sus individuos, como se propone, al Sr D. Luis Muñoz Coronel y Comandante Pral. del Cuerpo de Ingenieros en esta provincia, no sólo adquirirá un colaborador filantrópico y de los conocimientos que necesita para sus continuos trabajos, sino que también por su categoría será de la mayor importancia para este debilitado Cuerpo. Aunque estos son mis debidos sentimientos, Vs no obstante, dispondrá como siempre lo que juzgue mas conforme. Laguna Octubre 19 de 1842. Esteban Saavedra y Falcón"
 
          Así de este cariz fueron los otros cinco informes solicitados. El 5 de noviembre se le comunica a Luis Muñoz que ha sido admitido y se le encarga de las áreas de Agricultura y Artes. Es obligado señalar que estos datos sobre la Real Sociedad Económica de Amigos del País los debo a la gentileza de Daniel García Pulido.
 
          En octubre de 1849 se crea La Real Academia de Bellas Artes de Canarias, y en diciembre del año siguiente se nombran por primera vez socios honorarios, uno de ellos fue Luis Muñoz.
 
          En el antiguo cementerio de San Rafael y San Roque de Santa Cruz hay una sepultura con una lápida que reza: Rafael María Muñoz Barreda 1839-1843
 
          Luis Muñoz y su mujer Micaela Barreda tuvieron la desgracia de perder aquí a un hijo, un pequeño de cuatro años. No he podido determinar si tuvieron alguno más ni la fecha de su matrimonio, aunque el hecho de que el niño naciera cuando su padre tenía 47 años, me hace suponer que fue un matrimonio tardío, lo que confirmaría lo que ya dije en mi anterior artículo, la dificultad que tenían los ingenieros militares para contraer matrimonio.
 
          Durante su mando de la Comandancia de Ingenieros de Santa Cruz de Tenerife Luis Muñoz escribió tres amplias memorias: una sobre el estado de las fortificaciones de las islas, a la que se le puede considerar como reglamentaria, otra con la descripción de las mismas con consideraciones sobre cómo mejorar sus defensas, que sin duda es de carácter más personal y finalmente una tercera conteniendo una relación detallada de los materiales de construcción empleados en las islas, con destino al gabinete tecnológico del Cuerpo en Madrid, con remisión de muestras que reunió a su costa, viajando por las islas para su reconocimiento y adquisición. Esta última memoria y la contestación del gabinete tecnológico son de un gran interés, serían una fuente impresionante para la historia de los métodos constructivos en Canarias. He intentado localizarla pero sin éxito hasta el momento.
 
          A lo largo de tantos años los trabajos de Luis Muñoz en Tenerife son innumerables, pero normalmente se trata de obras de mantenimiento y alguna rehabilitación, pero hay tres que si merecen atención.
 
          El primero de ellos fue el proyecto de adaptación del antiguo convento de San Agustín, en la Orotava, para cuartel de Infantería. Tal como ocurriera en el resto de España, muchos de los conventos procedentes de la desamortización de Mendizábal se convirtieron en acuartelamientos, y esto fue una suerte para estos edificios históricos porque los ingenieros militares levantaron en todos ellos planos del estado en que los encontraron que andando el tiempo han valido a los arquitectos actuales para su rehabilitación.
 
          El último de los trabajos, a finales de 1852, poco antes de partir para Baleares fue un proyecto de Casa Palacio para Capitanía General que iba a estar ubicada en lo que hoy es la plaza del Príncipe. Lo redactó a instancias del capitán general José María de la Viña, pero no fue aprobado por Madrid por lo que se decidió entonces alquilar el Palacio de Carta. Este proyecto no se realizó, pero 25 años más tarde sí que tuvo mucha utilidad. El 31 de agosto de 1878 el capitán general Valeriano Weyler, cansado de la incomodidad del caserón del Palacio de Carta ordena la redacción de un nuevo `proyecto para Capitanía General que se debería construir sobre el solar que en esos momentos ocupaba el Hospital Militar. Cuatro días después lo tenía sobre su mesa y eso solo fue posible porque su autor el ingeniero Tomás Clavijo lo que hizo fue adaptar el antiguo proyecto de Luis Muñoz.
 
Plano Padilla Custom
 
Proyecto de una casa para Capitanía General de Luis Muñoz
 
         Pero donde verdaderamente la presencia de Luis Muñoz se hizo notar y dejó huella indeleble en Tenerife fue en el cuartel de San Carlos : El martes 21 de mayo de 1850 teniendo acopiados los materiales se da principio a los trabajos del nuevo Cuartel de San Carlos. Como tantas veces le ha ocurrido a lo largo de su vida profesional, se encuentra solo, él firma el proyecto como ingeniero, firma el Vº Bº como ingeniero comandante, su segundo el teniente Saturnino Rueda está enfermo y hasta el listado del personal que trabajaba en la obra lleva su firma como jefe del detall. En la obra el maestro mayor no tiene experiencia alguna acaba de alcanzar esa categoría con un examen cuya prueba principal precisamente fue la confección de un plano del nuevo cuartel, era un celador cedido por la Comandancia de Obras de Las Palmas; ese celador era nada menos que Domingo Sicilia, más tarde conocido alarife canario. A Luis Muñoz no le gustaba su propia obra y se quejaba amargamente: "Aunque el proyecto aparece formado por mí, ha sido solo por efecto de obediencia. Sin el auxilio de un oficial del Cuerpo para el Detall y mejor maestro mayor no debe continuarse la obra. Son pocos los operarios inteligentes para estos trabajos por cuya razón he pasado todos los días a dar la orden al punto de la obra." Tenía razón, disponía de 11 albañiles, 6 labrantes y 58 peones de albañil.
 
          Estas y otras razones hicieron que la obra no fuera bien, que se retrasara y sobre todo que se fuera encareciendo, y eso le tenía en un continuo desasosiego y para su descargo, el lunes 13 de enero de 1851, ordenaba la colocación de una pequeña arqueta de madera de tea fuerte sobre el dintel de la puerta de la derecha de la segunda cuadra de Artillería, y en ella depositaba una memoria donde se explaya y cuenta sus cuitas, con la esperanza de alguien algún día la rescatara. Y aunque algún amigo lector ya me comentó que en el anterior artículo le había dejado con la miel en los labios con este tema, el espacio de que dispongo no da para más, y sobre ese rescate y el contenido de la arqueta habrá que esperar a una próxima publicación, aunque prometo que no se dilatará tanto en el tiempo.
 
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