La escultura de Mercurio del Casino de Tenerife

 
Por Antonio Salgado Pérez  (Publicado en el número 9 -noviembre de 2001- de la Revista del Casino de Tenerife)
 
 
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El Mercurio del Real Casino de Tenerife
 
 
 
          Siempre fue una escultura que nos llamó y llama la atención, posiblemente porque nos era y es  muy familiar en nuestras docentes ramas mercantiles. Y tuvimos la oportunidad de observarla con toda minuciosidad y detalle durante varios años, en nuestra etapa como directivo del Casino de Tenerife; primero como vocal (1998-1999) y, luego como secretario (2000-2008). En la referida etapa, y concretamente en el mes de noviembre de 2001 y en el número 9 de la Revista del aludido Casino, publicamos el siguiente comentario:
 
          Hoy traemos a las páginas de nuestra revista un comentario sobre el Mercurio que se halla en el entresuelo de nuestra sociedad, constituyendo una de las pocas esculturas del patrimonio del Casino. Se trata de una espléndida copia en bronce del Mercurio de Juan de Bolonia que se conserva en el Museo del Louvre. Tal vez fue adquirida en el año 1929, ya que el 6 de febrero de la citada fecha, se acordó, por acuerdo de la Junta Directiva, comprar una figura de bronce en 310 ptas., para el descanso primero de la escalera principal.
 
          Debemos tener en cuenta que existió una anterior escultura de Mercurio, posiblemente de mármol, ubicada al pie de la escalera principal del antiguo Casino, que apareció hecha pedazos en la mañana del 1 de agosto de 1902.  Este mismo día, el conserje, con gran consternación, lo ponía en conocimiento de la Junta Directiva.
 
          A Mercurio, dios romano del comercio, la elocuencia y mensajero de Júpiter, se le representa con un caduceo, sombrero de anchas alas y sandalias aladas. El caduceo es una varilla con dos alas en la punta, rodeada de dos serpientes, que lo usaban los griegos como símbolo de paz y hoy en emblema del comercio. Las serpientes aluden a la prudencia y las alas, a la actividad.
 
          El autor del original, Juan de Bolonia, también conocido por Jean Boulogne y por Giambologna, franco-flamenco, nació en Boulogne en 1529, y se halla sólidamente vinculado a la escultura italiana. Trabajó algún tiempo al lado de Miguel Ángel y más tarde se estableció en Florencia, donde contribuyó como nadie al embellecimiento de los jardines con estatuas para las fuentes. Falleció en esta ciudad el año 1 608 y se le considera uno de los artistas más representativos de la última fase de la escultura italiana del Renacimiento. Su “Mercurio” se tiene por la más bella manifestación de manierismo escultórico El profesor Martín González (Historia de la Escultura, pp. 205-207) nos dice que está dotado de un gracioso movimiento, abriendo ostentosamente sus líneas, como queriendo proclamar la hermosura y esbeltez de sus miembros; es el auténtico pregón de la línea abierta, que predominará en el barroco.
 
          José Pijoan (Sumrna Artis, vol. XIV, p.219) hace el siguiente comentario sobre el referido artista y esta escultura: "No fue hasta 1574, que concibió y produjo la obra que le dio fama universal, el Mercurio volando. Tenía entonces el escultor cincuenta años (...) En seguida causó admiración." Vasari la califica de “molto ingegnosa e certe tanto rarísima”. A Viena un Mercurio empezó por ir como regalo para congraciarse al emperador, porque el príncipe Francisco pretendía casarse con la hija de Maximiliano II. Aquel Mercurio de Viena pasó a París, y sea original o copia ejecutada por el mismo autor, está en el Louvre. Decimos copia u original porque la que se supone ser versión primera fue a Roma, a la Villa Médici, y de allí, a mediados del siglo XIX, al Museo Nacional de Florencia. Queda todavía en la villa romana de los Médici una tercera copia antigua, que bien podría ser el original. 
 
          Más que como obra de arte, el Mercurio se admira como prodigio de habilidad. ¡Corre, vuela! Un autor del siglo XVII dice “Que los que quieran verlo se apresuren, porque pronto ya no se verá...Un pie está ya en el aire; el otro, empujado por el soplo de la cabeza del viento Bóreas, se eleva sin tocar el suelo” Pero el Mercurio de Juan de Bolonia no es sólo una obra ingeniosa, calculada para producir una impresión de acróbata haciendo juegos de equilibrio. El joven dios es bello, es inmensamente gracioso. 
 
          No es aquel Mercurio que baja las almas a la barca de Caronte, sino el dios mensajero que sube al Olimpo con una fausta nueva, anticipando algo de lo que él también va a participar. La cara, de facciones algo impersonales, como todas las obras de Juan de Bolonia, carece de pasión. Y esto, que en otros casos es un defecto, es un acierto psicológico, tratándose de Mercurio. También los griegos representaron Hermes-Mercurio como un dios sin amores, odios ni rencor. A pesar de la gran originalidad del Mercurio volando de Juan de Bolonia, se ha observado que una primera idea pudo inspirarla la pequeña estatuita de Mercurio que va en el pedestal de la estatua de Perseo, por Benvenuto Cellini.
 
          Pero allí Mercurio brinca para enseñar a Perseo el acto de volar. El Mercurio de Juan de Bolonia no salta, flota en el aire. Se ve la atmósfera o el éter entre sus miembros
 
 
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