The Beatles le dejaron sin trabajo

 
Por Antonio Salgado Pérez  (Publicado en El Día el 29 de septiembre de 2018). 
 
 
 
          Estamos en los albores de la década de los 60 del pasado siglo. Se decía que era fácil bailar el “twist”: “sólo tienes que pensar que estás apagando un cigarrillo con la punta de los pies y, al mismo tiempo, secando tu cuerpo con una toalla”. En el Reino Unido, solamente una minoría selecta o rectora, se podía permitir un Jaguar tipo E. En Yanquilandia se estrenaba West Side Story, “Todo es grande en América”. Era el final de Marilyn Monroe y el nacimiento de James Bond, el doctor No y Úrsula Andress, con aquel bikini blanco que trastornó muchas mentes. Mientras Elvis Presley era promocionado a sargento, comenzaba a levantarse el Muro de Berlín, para evitar el éxodo masivo de alemanes del Este al Oeste…
 
          Por aquellas fechas, nuestro personaje, David Warden, que había nacido en la localidad británica de Birkenhoad Cheshire, en la primavera de 1938, había regresado del Ejército y empezado a tocar, en solitario, en el Tower Club de New Brighton (Wallasey). No conocía el solfeo, pero tenía un oído privilegiado y una buena voz, que adornaba con el instrumento que siempre había tocado, la guitarra.
 
          -¿Sabe usted? Durante mi permanencia en el cuartel fue cuando me dio por cantar y tocar la guitarra. Y como observé que no lo hacía mal y hasta me aplaudían, pensé, entre otras cosas, que si seguía actuando tendría todas las bebidas gratis, que ya era una gran ventaja, si tenemos en cuenta que, como soldado, nuestra paga diaria eran treinta y cinco peniques.
 
          Nunca se cansó de tocar. Y tampoco se cansó de aceptar toda la cerveza que sus compañeros le ofrecían. La música que David interpretaba solía calar hondo. Él seguía fijándose mucho en los ídolos del momento. Era la época de Elvis Presley, Tommy Steele, Lonnie Donegan, Marty Wilde, Bill Haley, Litle Richard…
 
          Aunque siempre intentó ser amateur, “porque le aterraba pagar los inflexibles impuestos británicos”, lo cierto es que David Warden empezó “a tocar en serio”, de forma oficial, en el mencionado Tower Club, de New Brighton.
 
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Cuando David Warden tocaba en solitario
 
         
          - Yo salía solo al escenario. Sólo, con mi guitarra, que era lo que al principio sostenía y apaciguaba mis nervios de principiante. Allí, durante un año, y todos los fines de semana, yo tenía mi número en dicho recinto. Me fue muy bien. Recuerdo con mucha nostalgia que allí se reunía, en marcada camaradería, todo el gremio de conductores de los autobuses locales. Era curioso observar, por ejemplo, que en un lado de la sala se ponía este grupo y, en el opuesto, el público en general. No era discriminación; era, simplemente, una costumbre que casi se había convertido en ley.
 
          Pero aquel gozo en un pozo. Tras aquel año de alegrías y recuerdos, un día, el dueño de la sala de espectáculos le llama aparte. Se pone entre serio y apenado. Y David intuye que su contrato no se va a renovar. En efecto. El dueño le dice “estamos muy contentos con usted, pero no venga el próximo sábado. Tenemos a alguien que le va a sustituir. Es un grupo de chicos jóvenes”. Y David, perplejo, le interroga:
 
          - ¿Y cómo se llama el grupo?
 
          El dueño rebusca entre sus carpetas y de una de éstas extrae una nota, que le lee a David:
 
          - El grupo se llama “The Beatles”.
 
          - ¡Qué horror!, dijo  David. ¿No pudieron ponerse otro nombre?
 
          La verdad es que el despedido tenía razón. Y es que “beatle”, en inglés, significa escarabajo.
 
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¿Hace falta presentarles?
 
         
          Por supuesto, aquel grupo era totalmente desconocido para David, que pasaba a engrosar la eterna fila de los parados británicos. Por aquel entonces, y a sus 55 años, David Warden nos recordó esta anécdota con una amplia y sincera sonrisa, acción que ejercitaba con frecuencia.
 
          - Me quitaron el puesto, el trabajo, pero ahora sé que fue un alto honor el que me hicieron. A partir de mi despido yo nunca volví por aquel sitio, por el Tower Club. Huelga decir que, por tal motivo, nunca vi actuar a “The Beatles”. Poco a poco, y de oídas, me fui enterando de que eran unos “chicos extraños”, con insólita cabellera, tipo escarabajo, de ahí aquel nombrecito. Eran unos “hippies” que, con sus canciones, empezaron a sublevar a determinada juventud, que fue enloquecido con el ritmo del cuarteto formado por Paul, Ringo, John y George. Como inglés, claro que estoy orgulloso con los componentes de este grupo al que la Reina le otorgó el título de Sir. ¿Quién no ha oído a “The Beatles”? ¿Quién no seguirá deleitándose con la música de este excepcional cuarteto? Aunque estimo que el éxito se les subió un poco a la cabeza, tengo que reconocer la auténtica valía de todos ellos. Muchos jóvenes le han querido imitar. Creo que sólo le han podido igualar en el peinado. Sus voces aún son irrepetibles.
 
          David Warden, tras aquel “ilustre despido” siguió actuando en otras salas de espectáculos; pero cuando se casó y empezaron a venir los hijos, David tuvo que hacer de todo: lechero, carpintero, albañil, gruista… Pero en un test que le habían hecho en el Ejército, David recordó que en aquel estudio se había detectado sus innatas condiciones para ser conductor. Pero no para conducir, precisamente, turismos, sino autobuses y similares.
 
          - Hace ya muchos años que estoy metido de lleno en esta profesión. Me gusta conducir. Me gusta este trabajo porque, entre otras cosas, tienes la oportunidad de comunicarte diariamente con muchas personas distintas.
 
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"Me gusta el trabajo de chófer"
 
         
          A David Warden le conocimos, precisamente, en una de aquellas guaguas que solían transportar a alumnos tinerfeños por diferentes puntos de Inglaterra. Concretamente, en Hatfield, localidad muy próxima a Londres. Y fue en Hatfield, y en una soleada mañana del mes de julio de 1993, donde conversamos con aquel risueño chófer, que era el encargado de desplazar a los alumnos a distintos centros culturales y recreativos.
 
          - Me gusta convivir, hablar con estos niños tinerfeños, que son mucho más espontáneos y “chillones” que los nuestros, los ingleses, siempre tan reservados y calladitos. Sin embargo el escocés es más comunicativo. El inglés sólo habla con el que tiene al lado, si lo conoce, si no, es una especie de tumba.
 
          David Warden coincidía, en parte, con aquellas estadísticas que se recogían en el seno de las familias donde se hospedaban estudiantes tinerfeños, que afirmaban que las únicas quejas que solían tener de estos alumnos eran las siguientes: “que nunca pedían las cosas por favor, ni daban las gracias. Que apenas daban las buenas noches ni los buenos días, a pesar de las advertencias recibidas”.
 
          - A mí me encanta la forma que van vestidas las niñas. El carácter cariñoso del grupo. Lo bien que se adaptan al ambiente. Pienso que el niño extrovertido aprende aquí más inglés porque comunica con más facilidad con la familia y sus amistades, a pesar de la evidente dificultad del idioma.
 
          Allí, en su volante, con la sonrisa que siempre tenía en su semblante, dejamos a aquel singular personaje que, como epílogo, nos dijo:
 
          -¿Sabes? Hace nueve años que estuve en Puerto de la Cruz. Me encantó. Y aprendí a decir, primero, amigo y, después: por favor una cerveza San Miguel.
 
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