Las escalas de la expedición de Magallanes en Tenerife

 
Por Juan Carlos Cardell Cristellys  (Publicado en El Día / La Prensa el 18 de agosto de 2018).
 
 
 
          Desde el siglo X hasta finales del siglo XV la gastronomía en las mesas reales y palacios episcopales eran muy pobres en cuanto a sabores, sólo conocían la sal, el vinagre, miel y algunas plantas aromáticas, cuando las especias de oriente tales como la pimienta, canela, clavo, jengibre, nuez moscada, así como otros productos de la farmacopea como el alcanfor, la quina y el opio; y los perfumes delicados como el almizcle, el ámbar y el agua de rosas empezaron a llegar a Europa fueron muy codiciadas. El guisado más burdo adquiere un sabor irresistible al aplicarle una pizca de granitos sobre él. Otros autores dicen que las semillas del árbol de la pimienta se usaron como primer insecticida (Nota 1). Se pagaba más que su peso en oro, sólo era asequible a los ricos.
 
          Este fue uno de los motivos que impulsó la búsqueda de  las especias, las cuales se traían entonces por la ruta que venía desde las islas Molucas (2) en el océano Índico pasando a tierra y siguiendo en caravana por la India, y llega a Arabia teniendo que pagar impuestos a los ladrones de caravanas, y atravesando los desiertos hasta llegar a Egipto, y desde su costa con el mediterráneo y atravesarlo pagando a la  armada Veneciana un alto impuesto,  que los mismos venecianos la vendía en los mercados de Centroeuropa a un precio muy alto.
 
          En todo este tráfico se tardaba más de dos años y es por ello que se trató de encontrar una ruta más corta para llegar a las islas de las especias. Quitándole a los islámicos el dominio económico de la especiería, por lo que se abarataría las especias, esto inició la carrera de buscar nuevas rutas.
 
          Mientras Colón, buscando camino para la India, descubría un nuevo mundo. Los portugueses con igual objeto habían emprendido muchos años antes siguiendo las costas occidentales del África. Vasco de Gama dobló el Cabo de Buena-Esperanza, y atravesó el Indico, llegando a las ciudades de Melinde y Calicut, haciendo alianzas y tratados con sus reyes, cargando sus buques de las ricas y peregrinas producciones de la India, regresó a Portugal, consiguió fijar en Lisboa esta nueva ruta de riqueza que hasta entonces era la prosperidad de algunos estados de Italia, especialmente de Venecia.
 
          Una vez descubierta América, por  Cristóbal Colón, en octubre de 1492,  muchos aventureros quisieron conquistar nuevas tierras y encontrar otras rutas por el Océano Atlántico en busca de las islas de las especias. 
 
          El 7 de junio de 1494 se firmó el Tratado de Tordesillas, un compromiso suscrito en la localidad de Tordesillas, Valladolid, entre los representantes de Isabel y Fernando, reyes de Castilla y de Aragón y los del rey Juan II de Portugal en virtud del cual se estableció un reparto de las zonas de navegación y conquista del océano Atlántico y del Nuevo Mundo mediante una línea situada 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, a fin de evitar conflictos de intereses entre la Monarquía Hispánica y el Reino de Portugal. Sabemos que los portugueses iban con ventaja pues ya conocían la existencia de Brasil y es por ello el poner la línea divisoria a más de 100 leguas de las islas de Cabo Verde, pues en caso contrario pertenecería a España. En la práctica este tratado garantizaba al reino portugués que los españoles no interferirían en su ruta del Cabo de Buena Esperanza, y viceversa los primeros no lo harían en las recientemente descubiertas Antillas.
 
          El 22 de abril de 1529 el rey Carlos I de España y Juan III de Portugal firmaron el Tratado de Zaragoza. La llegada de Colón a las llamadas Indias Occidentales planteó la necesidad de llegar a un acuerdo sobre los derechos de navegación en ultramar de castellanos y lusos. Por el Tratado de Tordesillas de 1494 ambos acordaron repartirse el dominio ultramarino en virtud de una línea imaginaria de demarcación que, de norte a sur, discurría a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Pero establecer con precisión la ubicación de dicha línea resultaba complicado, especialmente en la zona del Pacífico, lo que convirtió a las islas Molucas, de las que procedían las valiosas especias, en objeto de disputa. El Tratado de Zaragoza por el que Carlos I vendió a Portugal el derecho a navegar a las islas por 350.000 ducados puso fin al conflicto. Las Molucas quedarían bajo dominio luso hasta comienzos del siglo XVII.
 
          Eran los portugueses los que poseían la biblioteca más importante del mundo de aquella época en portulanos y cartografía marina de la costa africana. La inició el rey D. Enrique el Navegante, el cual  exigió a todos sus capitanes que al volver le entregaran un diario de navegación y todo mapa que hiciere de las costas, así consiguió tener mapas progresivos de la costa africana más allá de Guinea en el año 1460 hasta llegar al Cabo de Buena Esperanza en 1487.
 
          En aquella época los portugueses tenían numerosos asentamientos por la costa de África y sus marinos usaban esta ruta que aprovechaban las corrientes marinas llamadas Brasil que salían desde la costa africana a la altura del Gofo de Guinea y les llevaba hasta el Brasil, por lo que Magallanes evitó bordear la costa occidental de África.
 
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 Mapa de la corrientes marinas; en rojo son las cálidas y en azul las frías.
 
          
          Por ello aprovechó el mes de septiembre en que la ruta de los alisios es más beneficiosa para navegarla que unido a la corriente llamada Canaria les llevó hasta las Islas Canarias, llegando al macizo de Anaga.
 
          La corriente de las Islas Canarias se distingue de la rama sur de la corriente del Atlántico Norte por su temperatura más fría, y fluye hacia el sur-oeste hasta las Islas de Cabo Verde, y desde allí torna al oeste.
 
          Magallanes sabía que unas naos portuguesas lo buscaban por lo que evitó el navegar por la ruta de la vertiente norte (3) de la isla de Tenerife que pasa por el Puerto de la Cruz y Garachico y era muy utilizada por los navegantes portugueses por lo que optaría por cambiar su rumbo por el Canal de Anaga-Agaete, que es el brazo de mar de océano Atlántico que separa geográficamente las islas de Tenerife con la isla Canaria.
 
          Un navío que escogiera ir por el Canal de Anaga-Agaete navegaría forzosamente  pasando por las costas de los municipios que limitan con el canal en Tenerife que son los de la costa: Santa Cruz, El Rosario, Candelaria, Arafo, Güimar, Fasnia, Arico, Granadilla de Abona, San miguel de Abona y Arona. Con lo que conseguía estar oculto y arropado y fuera de la zona de tránsito por los navíos portugueses, y también de la costa africanas y así llegar a la posesión que tenía en Tenerife el Duque de Medina Sidonia y una  vez que saliera de  Tenerife coger en alta mar la corriente hacia el Brasil. 
 
          Como las cinco naos fueron comprados en mal estado, en Huelva fueron remozadas y calafateadas, acopiando suficientes pertrechos para 2 años de viaje, según los listados de pertrechos para la navegación. 
 
          Magallanes tenía el conocimiento desde el principio de que existía un paso por América del sur cerca del paralelo 72, quizás por haber vivido en palacio haber tenido acceso a las cartas marinas que había en la biblioteca iniciada por D. Enrique de Portugal, Infante de Portugal y primer duque de Viseu apodado El Navegante desde el siglo XV, y las diversa conversaciones con prácticos y marinos, cosa que mantuvo en secreto pues no lo dijo ni al Rey de Portugal ni a Carlos I de España, ni a los capitanes de sus navíos que en toda su travesía hasta llegar al estrecho se lo estuvieron reclamando. El miedo de Magallanes a caer prisionero por los portugueses quizás sea debido que su forma de negación a ser súbdito portugués no fuera efectiva jurídicamente y quisieron atraparle para que lo certificara, pues de ser así según las leyes portuguesas a toda su familia se les embargarían todos sus bienes y serían exiliados.
 
          La conquista de la isla de Tenerife por el Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo (4) fue financiada en gran parte por el Duque de Medina Sidonia. Una vez terminada la conquista por Fernández de Lugo, éste le asignó al Duque la mayor Data que se repartió en Tenerife por medio de su testaferro  Gonzalo Suárez Quemada, antiguo regidor de la villa y puerto de Sanlúcar, eludiendo así la prohibición que tenía expresa el Adelantado de repartir tierras en las islas de realengo a nobles españoles.
 
          En los Archivos de la Casa Ducal de Medina Sidonia (5) constaban las siguientes tierras en Tenerife, como pertenecientes a la Casa Ducal, donde nos señalan los límites de esta Data:
 
                    “Entre los barrancos del Río de Abona (actual límite entre Granadilla y Arico, por el noreste), y el Río Chasna (Barranco de la Orchilla, actual límite entre Granadilla, San Miguel y Vilaflor, por el suroeste), con sus respectivas aguas”.
 
          La flota de Magallanes permaneció en Sanlúcar de Barrameda , 41 días antes de partir, y consta que esa villa, puerto y señorío era del Ducado de Medina Sidonia, con propiedades en la isla de Tenerife, por lo que es probable que Magallanes hablara y pactara con el Duque el fondeo de la flota en lugares donde él tenía sus intereses como era su hacienda de Daute y la de Abona (6).
 
          Al llegar a Sevilla echaron a tierra los navíos y se vararon para limpiar, reparar, calafatear y emplomar y embrear sus cascos, labores que requirieron a traer mano de obra de otras comarcas (7). Según Relación del coste que tuvo la Armada de Magallanes. Arch. de India. en Sevilla, papeles del Maluco, leg. 1.º.- (de 1519 á 1547), en su apartado de Naos y Aparejos (8) antes de partir se había gastado sólo en jornales para calafatear las naos la cantidad de  129.539 maravedíes. Según esta Relación sabemos que ya tenía a bordo, una parte de la brea que le sobró del calafateo de las naos en tierra, 3 cucharas para el breo, 6 cueros de carnero para escopetos para brear y encebar, y una caldera de cobre grande para cocer brea, la cual nos dice:
 
                    "-Quinientos once maravedís que costaron tres cucharas para el breo....
                    -Dos mil cuatrocientos noventa y cinco maravedís que costaron setenta y seis cueros de carnero para  escopetos para brear y ensebar las º º . y pº el viage de respeto, que costaron lo dicho, según mas largamente  paresce por el libro de la dicha Armada.
                     -Dos mil doscientos maravedís que costó una caldera grande de cobre para cocer breo, que pesó cincuenta   y cinco libras."
 
          El 1º de agosto de 1519 salió de Sevilla la Expedición de Magallanes, hacia Sanlúcar de Barrameda y desde allí el martes 20 de septiembre de 1519 partió compuesta por 5 navíos, Magallanes estaba al mando de la nao Trinidad, (capitana, 110 toneles, 62 marineros), seguida de la nao San Antonio, la más grande, capitaneada por Juan de Cartagena (120 toneles, 57 tripulantes), y la nao la Victoria capitaneada por  Luis de Mendoza con 45 tripulantes (9), la carabela Santiago capitaneada por Joan o Juan Serrano (75 toneles, con 31 tripulantes) y la nao Concepción capitaneada por Gaspar de Quesada (10), (90 toneles, 44 marineros). Hacen un total de 239 tripulantes. A estos hay que añadir un listado de tripulantes como consta en la “Relación de la gente que falleció y volvió en la nao Victoria” (11), que ha aparecido después de terminada la Expedición de Magallanes, de 26 tripulantes más lo que hacen una dotación total de 265 tripulantes. Con la intención de abrir una nueva ruta hacia oriente y  llegar a las islas de las especias.  
 
          Según el Diario de Pigaffeta se tardó en llegar a Tenerife 6 días, lo cual equivalía a una media de navegar a dos nudos que era la velocidad normal de las naos de aquella época. 
 
ANTECEDENTES DE LA VILLA Y PUERTO DE SANTA CRUZ DE TENERIFE
 
           La isla de Tenerife hacía tan sólo 25 años que se había conquistada y fundado como Lugar y Puerto de Santa Cruz de Añazo.  
 
          En varias Actas del Cabildo lagunero al menos desde el año 1500 se menciona a la «Villa de Santa Cruz», cuando el Puerto estaba recién nacido, y así se sigue denominando durante muchos años. Viera y Clavijo dice que Santa Cruz se llama “Villa” desde su inicio en 1494, y Cioranescu añade: 
 
                   "Los vecinos no supieron aprovecharse del título que se les había ofrecido espontáneamente, sin duda porque no veían su interés". (12)  
 
          En cuanto a su muelle:
 
                  "En el año 1513 se construyó un pequeño muelle de mampostería y sillares, (viene a coincidir con el  inicio del puerto actual del Muelle Sur), en La Caleta. Se trataba de un alto muro, mitad de cantería, mitad de madera, por donde se encauzaba el tráfico de mercancías y pasajeros, aunque a consecuencia de la pobreza de su diseño y materiales, pocos temporales lo respetaron y se siguió utilizando la Playa y La Caleta como desembarcadero.
 
                   Se adecuó el primer muelle, se abrieron pozos para el abastecimiento de agua potable y se instalaron  las norias a lo largo del Barranco de Santos y en la calle que lleva su nombre” (13).
 
          Este Embarcadero de la Playa La Caletilla en Santa Cruz, era un simple abrigo en la costa, con una rada de pequeñas dimensiones, bien protegido y con una playa formada por la acumulación de materiales arrastrados por las olas en la desembocadura del Barranquillo del Aceite. Su acceso difícil para las personas, siendo el desembarco de mercancías muy dificultoso por carecer de muelle de desembarco.
 
          En el año 1519 Santa Cruz era una Villa o Lugar, según documentos que la nombraban como Villa y otros como Lugar, su población apenas llegaba a 200 habitantes: marineros, pescadores, funcionarios, artesanos y pequeños comerciantes. Su alcalde del Lugar era Marcos Pérez, nombrado por el Cabildo en 1515,  Santa Cruz estaba sólo defendido por un Baluarte, y su guarnición tenía que bajar de La Laguna. 
 
LLEGADA A LA ISLA DE TENERIFE
 
          Son los textos escritos en su Diario de a bordo por el cronista de la expedición, el italiano Antonio Pigafetta, y el Diario de Navegación de Francisco Albo (14) y lo investigado por el historiador D. Martín Fernández Navarrete (15), los que más han escrito sobre su estancia en Tenerife. El coste de la Armada de la Expedición de Magallanes fue de 8.335.000 maravedíes.
 
          El 26 de septiembre de 1519 llegaron a la isla de Tenerife y según nos dice el cronista:
 
                    “Partimos de Sanlúcar el 20 de septiembre, dirigiéndonos hacia el sudoeste, y el 26 llegamos a una de las islas Canarias, llamada Tenerife, situada en 28 grados de latitud septentrional. Detuvímonos ahí tres días en un sitio adecuado para procurarnos agua y leña: en seguida entramos en un puerto de la misma isla, llamado Monte-Rosso, donde pasamos dos días”.
 
           Sabemos que Magallanes tenía que pasar por las islas Canarias, pues en el listado en la “Relación del Coste que tuvo la Armada de Magallanes” (16) en su  apartado de “Mantenimientos que van en la Armada y gastos hechos en ello” (17) ya tenía previsto antes de salir el siguiente gasto:
 
                    "-  Seis mill setecientos y cincuenta maravedís que se dió a la caravela, y de mantenimiento que se compró para la persona que fue con las cartas á Canaria, en que montó lo dicho según mas largamente  paresce   por el libro de la dicha rmada…………………….…………………………………6.750.
 
                      -  Quince mill maravedis (18) que se dieron á Luis de Mendoza (19), Tesorero de la Armada, en cuarenta ducados  para cosas que fuese menester de comprar en Canaria. ……… ..   15.000."
 
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 Plano de Torriani de 1588, se ve la rada de La Caletilla a la altura de la desembocadura de la Calle del Barranquillo del Aceite.
En la playa existen unos navíos varados junto con un pescante y una rampa de varada.
 
          Estas cantidades de dinero con destino a gastar en Canaria ratifican su paso obligado de la Expedición de Magallanes a las islas Canarias. Lo de “cartas a Canaria” se refiere a cartas de pago o pagarés en destino.  
    
          Para aclarar los términos de: “a Canaria” o “en Canaria” (20), en el siglo XVI, tenemos la  Relación escrita por Maximiliano Transilvano  con fecha  5 de octubre de 1522 que nos dice:
 
                    “Acabada de aderezar el Armada de las cinco naos que el Emperador mandó armar, se partió con ellas de la ciudad de Sevilla el capitán Hernando Magallanes, á diez días del mes de Agosto del año del Señor de mil é quinientos y diez y nueve, y prosiguiendo su viage llegó dentro de pocos dias á las islas Fortunadas, que por común vocablo se llaman agora las islas de Canaria”.
 
          La  Carta de Antonio Brito al Rey de Portugal sobre algunos sucesos en la India y los del viage de Magallanes, escrita en el año 1523, nos confirma su paso por Tenerife y nos indica (21):
 
                    "Después que partieron de Sevilla recalaron en Canarias, y estuvieron surtos en Tenerife; allí tomaron agua y bastimentos, y haciéndose á la vela la primera tierra que tomaron fue el cabo de los bajos de Ambas, y vinieron lo largo de la costa hasta el rio que se llama Janeiro”.
 
          Llegaron a la isla de Tenerife, con cinco naos, capitaneados por Magallanes, para aprovisionarse de carne, agua y leña (22), y completar la tripulación, con un total de 239 miembros (23).
 
                    “Se permitía que los navíos que salen de Sevilla puedan tocar sólo en los puertos de las isla para tomar leña y otras cosas de mantenimiento, tal como se permite en 1511” (24).
 
          La Villa y Puerto de Santa Cruz sería uno de los puertos con más posibilidades de fondeo de la Expedición de Magallanes. Y hay quien supone que Magallanes subió a La Laguna a cumplimentar al Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo y darle la noticia de la proclamación del rey Carlos I como emperador, lo cual no es cierto, ya que D. Alonso había marchado a la Corte del rey Carlos, que se encontraba entonces en Barcelona. El 26 de septiembre, coincidiendo con la posible llegada a Santa Cruz, el Cabildo organizó en La Laguna una fiesta de correr toros, quizás sea la primera corrida que se organizaba en Tenerife.
 
           Al no encontrar  documento alguno, ni Actas del Cabildo, ni registro de entrada en el puerto que acredite que las cinco naos recalaran en la Villa o Lugar de Santa Cruz, ni tampoco en los protocolos notariales de la época, como los protocolos de Juan Márquez (1518-21) y Alonso Gutiérrez, hasta 1521, entre otros, ni existir rastro alguno de haber contratado alguna compra en la isla, ni tradición oral que atestigüe, ni archivos particulares sobre la estancia de Magallanes no sólo en el Puerto de Santa Cruz e incluso en los puertos cuyas poblaciones eran muy superiores a la de Santa Cruz, tales como los de Garachico, La Caleta de Icod, y el Puerto de La Orotava,  en las que por su población se tendría algún documento archivado relacionado con la Expedición de Magallanes, no podemos tener argumento de la estancia en esos puertos.
 
          Sabemos que Magallanes tenía que ir forzoso por Canarias, por las cartas de pago y los 45 ducados que traía para pagar en Canarias,  y el fondear en la costa de  Tenerife, quizás fuera la necesidad de acopio de  pez, por ser mucho más barata que en Cádiz, y así preverla en su larga travesía, al no ser suficiente la que traía al salir de Sanlúcar y con más razón si algunas de sus naos hizo aguas navegando a Tenerife.
 
          Seguramente Magallanes, tendría información al respecto, por el Duque de Medina Sidonia y fuera al Fondeadero de Abona por haber allí una fábrica de pez, con personal portugués y por conocer que ya se hacía su comercio desde principios del siglo XVI con Portugal concretamente con Lisboa y Cádiz.
 
          Magallanes había comprado las  naos en Cádiz y en agosto de 1519 se las llevaron a Sevilla.  Un testigo las tildó de “muy viejos y remendados”, y Sebastián Álvarez, espía del rey de Portugal, al verlos entrar en el puerto de Sevilla, le envía una carta a su rey en la que le dice: 
 
                    "Me horrorizaría si con ellos tuviera nada más que viajar a las isla Canarias, pues sus costillas son más blandas como la manteca”.
 
          Desde principios del siglo XVI por la abundancia de los bosques de pino en la zona de Abona, que estaba incluida en la Data dada por el conquistador Alonso de Lugo al Ducado de Medina Sidonia, se ubicaron hornos de pez y  se aprovechó la resina para su producción, la cual era solicitada tanto para calafatear los navíos como para utilizarla como remedio medicinal en ocasiones (25). Allí era fácil abastecerse de tableros y leña, agua y carne (26).
 
          El Puerto de Abona (27) ya era mencionado como Puerto de los Abrigos de Abona a principios del siglo XVI en los protocolos de Bernardino Justiniano para el embarque de pez, a veces como alternativa al puerto de Agache, (El Escobonal, Güimar), o bien se recibía una cantidad en uno y otra en el otro (28). Por las buenas condiciones del fondeadero se le cita como único embarcadero en el sur de la isla. La pez se enviaba desde allí a Lisboa y a Cádiz y a otros puertos (29), y estaba considerado el “mejor puerto existente en toda la Costa Sur”, por encima de los de El Médano  y Los Abrigos.
 
          También los protocolos de Alonso Gutiérrez (30) citan el puerto de Abona varias veces por la entrega de pez, especificándose su obtención en los “hornos de Abona” (31) y su posterior envío a Aveiro o Villa do Conde en Portugal (32).Este puerto contaba en su entorno con un punto próximo de aguada, cuya fuente principal se denominaba Guajara, como señala una Data de 1505.
 
          El cronista Pigaffeta nos dice:
 
                    "Detuvimos ahí en un sitio adecuado para procurarnos agua y leña: en seguida entramos en un  puerto de la misma isla, llamado Monte-Rosso, donde pasamos dos días”.
 
            Aunque en las naos llevaban pez, no le sería suficiente la cantidad para tan largo viaje y más si tuvo pérdidas de agua en las naos al iniciar la travesía a Tenerife, pensaría que no le llegaría para el resto del viaje. 
 
          En Abona, Magallanes se aprovisionaría de leña, agua y carne y concertaría el precio y cantidad de la pez  y serían los que le indicaron Montaña Roja como playa o ensenada en donde se podía que tumbar la nao para calafatearla, la cual se encuentra a corta distancia de dicho fondeadero de Abona. El tráfico de navíos en este puerto de Abona era mayor que el de los puertos de Santa Cruz, La Orotava o el de Garachico, sobre todo con navíos extranjeros, y más con los portugueses, en el cual apenas existía control de entradas y salidas de mercancías, además que aún estaban exentas de impuestos.
 
          Además pensar que Magallanes hiciera su primer escala en la isla de Tenerife en otros los fondeaderos o puertos tales como el de Garachico, La Caleta de Icod, o el del Puerto de La Orotava  no tiene lógica pues tendrían que retornar las naos desde esos puertos a Montaña Roja, para allí tumbar la nao y calafatearla.  La Caleta de Abona corresponde a El Médano y en ella está el punto de arranque de la Montaña Roxa. Por ello los escritos hablan del Puerto de Abona para diferenciarlo de La Caleta de Abona o El Médano. 
 
          Todo ello nos hace decir que con más probabilidad es el Puerto de Abona donde Magallanes fondeara.
 
          En la estancia de Magallanes en Tenerife, tuvo dos noticias que hicieron que viera peligrar la expedición. En esos días, un pequeño navío que pescaba cerca de la costa de África llegó a Tenerife y alertó a Magallanes de que una escuadra portuguesa, enviada por la corona del país vecino, les seguía la pista para prenderles. Este peligro obligó a Magallanes a alargar su estancia en la isla y trasladarse el 29 de septiembre  hacia la bahía de Montaña Roja, en El Médano (Granadilla de Abona). Nada más llegar a Montaña Roja y esperando el barquichuelo que traía la pez le lleva también un mensaje secreto, de su suegro Diego Barbosa (33), que le alerta de un motín que estaba fraguando su propia tripulación. La conspiración se debía a que el capitán Juan de Cartagena le pedía junto con los otros oficiales:
 
                    “….qué le diesen la derrota a donde iban y que Magallanes le respondió que no se curase de ello (34). Y que él [Magallanes] debía consultar con él [Cartagena] todas las cosas tocantes a su viaje, como “conjunta persona”, y con los otros oficiales, conforme a las instrucciones que de Su Majestad llevaban…”. 
 
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La nao Victoria. Detalle en un mapa de Abraham Ortelius (1590).
 
          Sin embargo, Magallanes supo manejar y acallar la conspiración matando a pocos días de salir de Tenerife al  tesorero Luis de Mendoza, el que había recibido los 45 ducados para gastar en Canarias.
 
          Fueron cuatro las personas de la isla que quizás fueron enviados desde el puerto de Abona a Montaña Roja en el barquichuelo que llevaba la pez, por no haber allí población, para ayudar a calafatear a las naos que allí recalaron y  para ello tener que tumbarlo en la ensenada o playa. De los cuatro sabemos sus nombres: Pedro de Tenerife o Maestre Pedro (35),  Maestre Hernán López, y a dos grumetes, Pedro Andrés Blanco y Blas Afonso.
 
          Pedro  de Tenerife o  Maestre Pedro, era experto en calafatear (36), portugués, llevaba varios años viviendo de incógnito en Tenerife, quizás en el puerto de Abona trabajando en los hornos de pez, de oficio calafateador. Por él se interesó Magallanes, mandó ir a buscarlo, quizás para  que viajara con él, sin embargo, él no deseaba formar parte de este viaje, por lo que luego fueron “obligados a subir a bordo”  junto con los otros tres por la tripulación de Magallanes en la carabela Santiago. De estos sólo sobrevivió Pedro el de Tenerife (37), que fue apresado en la islas de Cabo Verde por los portugueses y llevado a la cárcel de Lisboa, siendo liberado por la intersección del rey Carlos I y llevado a su presencia en Sevilla, unas semanas después que sus compañeros de la nao Victoria llegaran a ella el 8 de septiembre de 1522.
 
          El historiador Martín Fernández Navarrete nos dice (38):
 
                   “Maestre Pedro fue cogido en la isla de Tenerife por orden del capitán el día 1.º de Octubre de 1519 y embarcado en la Santiago, sin que haya noticia alguna de su ni patria: regresaba á España en la nao Victoria, y fue uno de los que quedaron presos en la isla de Santiago de las de Cabo Verde, como consta de la relación de la gente que falleció y que volvió en la nao Victoria, está en el archivo general de Indias de Sevilla, estante número 3 .cajon 1 º legajo número # titulado, Armadas de la Guarda de las Indias &c."; y aunque resulta de la lista anterior otro maestre Pedro, Lombardero de la nao Concepción, este había quedado en Tídore cuando salió de allí la nao Victoria, y falleció en aquella isla, como consta del documento número 40”.
 
          De Pedro Andrés Blanco (39), grumete, sabemos que murió de enfermedad en la nao Victoria el 14 de julio de 1522 cuando estaban fondeados en la isla Santiago. De  Blas Afonso, portugués, sabemos que murió con varios más en el cautiverio que sufrió la tripulación de la nao Trinidad en abril de 1522 mientras se reparaba en Tídore. De Hernán López, conocido en otras Relaciones como Fernando portugués, fue en la nao Trinidad y murió en el cautiverio, al igual que Blas Afonso, que sufrió la tripulación de la  nao Trinidad en abril de 1522, mientras se reparaba en Tídore.
 
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Foto de la Playa La Tejita y al fondo Montaña Roja en el Médano. Tenerife.
 
        Por fin, el  lunes 2 de octubre, al anochecer, cuando los alisios comenzaron a soplar, todo estuvo listo para que las cinco naos, continuaran su viaje, con  rumbo a América, desde donde hizo derrota á pasar entre Cabo Verde y sus islas, dirigiéndose a coger la corriente llamada Brasil que lo conduciría a sus costas.
 
          Resulta curioso que los cuatro hombres fueran metidos a la fuerza en las naos, en Montaña Roja. ¿Sería por temor de Magallanes a tener pérdidas de aguas en algunas de las naos durante la travesía y no tener personal cualificado para calafatear en caso necesario? Pues era preceptivo que las naos debían de estar preparadas para temporales y mares calmos, hielos antárticos y zonas tropicales. En la travesía se tuvieron que calafatear 2 veces la nao la Trinidad, y una vez la nao la Victoria.
 
          El 7 de noviembre de 1521 llegan juntos a las islas Molucas (islas de las Especies), llenaron las 2 naos de clavos y el 18 de diciembre con las dos naves cargadas de clavo quisieron partir hacia España. Sin embargo, se descubrió una vía de agua en la nao la Trinidad que obligó a su reparación.
 
          El 21 de diciembre de 1521 salió del  puerto de Tídore la nao Victoria con 60 tripulantes y 13 indios de aquella isla, mientras la nao la Trinidad se quedó carenando en Tídore, hasta que 4 meses después quedó reparada el 6 de abril de 1522. 
 
          El 9 de Julio de 1522, casi tres años después  de salir de España la expedición, nos encontramos a la nao la Victoria al mando de Juan Sebastián Elcano fondeada ante las costas de Santiago en las islas de Cabo Verde, ya que necesitaba víveres y hacer reparaciones urgentes y no podía entrar en la isla pues al venir de las Molucas  y según el Tratado de Tordesillas, sólo los portugueses podían navegar esas aguas. 
 
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Plano del recorrido de la Expedición de Magallanes- Juan Sebastián Elcano.
 
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NOTAS
1.- La semilla se emplea como «pimienta roja». Al frotarse en la piel genera una sustancia que aleja a los mosquitos.
2.- Se la conocía como la Isla de las especias o Maluco, actualmente son las islas Molucas.
3.- Los vientos y el oleaje inciden frontalmente a la costa norte de Tenerife, casi todo el año, dificultando la ubicación de refugios para los navíos. Los temporales más fuertes son los procedentes del Norte y del Noroeste, con alturas de ola que superan los 9 metros. Las corrientes marinas van hacia el Sudoeste, siguiendo la dirección de la Corriente Fría de Canarias. 
4.- Natural de Sanlúcar de Barrameda, 1456- San Cristóbal de La Laguna 20-05-1525).
5.- Afonso Díaz, S. Editorial La Prensa (3-03-2018), separata de El DÍA. Pág.3. Santa Cruz de Tfe.
6.- Archivo de la Fundación Casa Medina Sidonia.
7.- Paseo por la Sevilla de Magallanes. Pág. 54. Junta Andalucía. Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Consejo Cultura 2016.
8.- Fernández de Navarrete, Martín. “Expediciones al Maluco, Viage de Magallanes y de Elcano”. Tomo IV, pág.164.    De orden de su S. M. Madrid en la Imprenta Nacional. Año 1837.
9.- La nao Victoria fue un buque de alto bordo (borde alto u oceánico) de la primera escuadra que la Monarquía Hispánica   proveyó para ir a las «islas de las especias». La tradición cuenta que la nao Victoria se construyó en los astilleros de Zarauz  (País Vasco), de los que no queda ningún rastro. Su nombre viene de la iglesia de Santa María de la Victoria de Triana (Sevilla); su capacidad de carga de 85 toneles vizcaínos (102 toneladas). Tuvo un coste de 300. 000 maravedíes, incluyendo el bote y los aparejos. Al inicio de la expedición contaba con una tripulación de 45 hombres: 9 oficiales,  11 marinos, 3 artilleros, 10 grumetes, 2 pajes y otros 10 hombres más entre criados del capitán y otros viajeros. 
10.- Según el Extracto de Individuos de las Naos antes de salir son 239 tripulantes. Fernández Navarrete, Martín. Colección de los Viajes y Descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde finales del siglo XV. Tomo IV, pág.12. Expediciones al Mameluco. Viajes de Magallanes y Elcano. Año 1837.
11.- “Relación de la gente que falleció y volvió en la nao Victoria”. Pág. 25.Tomo IV. Ibídem
12.- Cardell Cristellys, J.C. El Lugar de Santa Cruz entre finales de los siglos XV al XVIII y su población en el año 1797. Pág. 142.  Ediciones IDEA.
13.- Íbidem. Pág. 94.
14.- El cual lo comienza el 29 de noviembre de 1519.
15.- Fernández Navarrete, Martín. Colección de los Viajes y  Descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde finales del siglo X”. Tomo IV, Expediciones al Mameluco. Viajes de Magallanes y Elcano. Imp.Nacional. Año 1837.
16.- Archivo de Indias en Sevilla, papeles del Maluco legajo 1º, del año 1519 a 1547.
17.- Fernández de Navarrete, Martín. Expediciones al Maluco, Viage de Magallanes y de Elcano. Tomo IV, pág.179.De orden de su S. M. Madrid en la Imprenta Nacional. Año 1837.
18.- En el año 1500, un maravedí=16 euros; actualmente serían: 6.750 mrv= 108.000 euros. y 15.000 mrv.= 240.000 euros. Y en el año 1598, después de la devaluación, 1 maravedí= 0,1875 euros.
19.- Luis Mendoza fue nombrado Tesorero de la expedición de Magallanes y muerto a poco de salir de Tenerife
20.- Fernández de Navarrete, Martín. Expediciones al Maluco, Viage de Magallanes y de Elcano. Tomo IV, Págs. 249 y 256.  Relación escrita por Maximiliano Transilvano de cómo y por quién y en qué tiempo fueron descubiertas y halladas las islas  Molucas, donde es el propio nascimiento  de la especiería, las cuales caen en la conquista y marcación de la Corona Real de  España. E divídese esta relación en veinte parráfos principales. (Biblioteca de manuscritos de la Academia de la Historia).
21.- Ibídem. Pág. 305. Extracto hecho por D. J. B. Muñoz del original en la Torre do Tombo, Gav. 18, Maz. 2, núm. 25.
22.- Según Francisco Antonio  Pigafetta, nacido en Vicenza, en 1490, Caballero de la Orden de Rodas, en 1534 pasó a España,  trabó amistad con Magallanes. Según documentos del Archivo General de Indias dados a conocer por Pedro Torres y Lanzas: “fue  debidamente pertrechada antes de hacerse a la mar”. Parece lógico que la escuadra sólo se suministrara lo consumido en el viaje a Tenerife de carne, agua y leña, tras seis días de viaje.
23.- Relación del Archivo General de Indias en Sevilla. Entre los papeles traídos de Simancas. Legajo 1º, extractos de D. Juan Bautista Muñoz, anotaciones de Contadurías de Indias, mismo archivo Legajo 1/11 titulado Armadas de la Guarda de las Indias Estante nº 3 cajón 1º. Fernández Navarrete, Martín. Colección de los Viajes y  Descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde finales del siglo XV. Tomo IV, pág.22. Expediciones al Mameluco. Viajes de Magallanes y Elcano.  
24.- Aznar Vallejo, E, La integración de las Islas Canarias en la corona de Castilla (1478-1526). Aspectos administrativos, sociales y económicos. La Laguna, 1983, Pág. 353. Lobo Cabrera, Manuel. Tenerife y las Indias en el primer tercio del siglo XVI. Pág. 83. Anuario de Estudios Atlánticos.
25.- Lobo Cabrera, Manuel. Tenerife y las Indias en el primer tercio  del siglo XVI. Pág. 85. Anuario de Estudios Atlánticos. 
26.- En la primera década del siglo XVI  ya  había en diversos puntos de la isla ganado vacuno, porcino, caprino y lanar.
27.- Alfredo Mederos Martín y Gabriel Escribano Cobo Prospección Arqueológica del Puerto de Abona y Atalayas de las Montañas de Magua, del Puerto y la Centinela (Arico, Tenerife, Islas Canarias). Pág. 2 Anuario de Estudios Atlánticos.
28.- Justiniano (1990-(1526-27)), Págs. 557 y 791. 
29.- Alfredo Mederos Martín y Gabriel Escribano Cobo Prospección Arqueológica del Puerto de Abona y Atalayas de las Montañas de Magua, del Puerto y la Centinela (Arico, Tenerife, Islas Canarias). Pág. 324.Anuario de estudios Atlánticos.
30.- Gutiérrez (1979(1520-21)), Pág. 133 y Gutiérrez (1980(1522-25)), Págs. 254, 315, 398 y 467.
31.- Alfredo Mederos Martín y Gabriel Escribano Cobo Prospección Arqueológica del Puerto de Abona y Atalayas de las Montañas de Magua, del Puerto y la Centinela (Arico, Tenerife, Islas Canarias). Pág. 315 Anuario de Estudios Atlánticos.
32.- Ibídem. Págs. 381-382.
33.- Era portugués y Comendador de la Orden de Santiago, su hija  Beatriz Barbosa se había casado con Magallanes el  20  de enero de 1518.  
34.- Martín Fernández de Navarrete. Colección de los viages y descubrimientos que hicieron  por mar los españoles desde fines del siglo XV, Tomo IV. Pág. 290. Expediciones al Maluco. Viaje de Magallanes y Elcano. Madrid. Imp. Nacional.1837. 
35.- Ibídem. Tomo IV. Pág. 25. AÑO 1837.
36.- Ibídem. Tomo IV, pág. 12. Año 1837.
37.- Ibídem. Tomo IV. Pág. 25. Año 1837.
38.- Ibídem. Tomo IV. Pág. 25. AÑO 1837. 
39.- Ibídem. Tomo IV. Pág. 25. AÑO 1837.
 
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