La Ermita de Nuestra Señora de la Consolación en la Gesta del 25 de Julio de 1797

Por Juan Carlos Cardell Cristellys (Publicado en el Diario de Avisos el 21 de julio de 2013).

Este trabajo obtuvo el Premio "General Gutiérrez" de Periodisno, que anualmente otorga el Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias, en su XIV edición.

  

          E1 día 3 de mayo de 1494 era la festividad de la Invención de la Santa Cruz, fue el día en que se celebró la primera misa en la isla de Tenerife, en el real campamento o asentamiento de los conquistadores españoles instalado en Añazo. En dicho asentamiento se ubicaría la cabaña que será el primer templo del Lugar, construido con materiales precarios y pobres, y que acogería a la Cruz de la Conquista la cual dará su nombre a la población de la Santa Cruz (Nota 1) y por extensión a toda la zona se la conocerá como Santa Cruz de Añazo (2), la cual se encontraba al amparo de la nueva Torre erigida por el Adelantado Alonso de Lugo cerca del Barranco de Santos (3). El primer edificio de fábrica de carácter religioso que construyeron los conquistadores en el Lugar de Santa Cruz fue la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación erigida entre los años 1495 ó 1496, la cual se ubicó sobre una “roca o laja volcánica” (4) que se adentraba desde el mar hacia el interior de la costa por la zona del embarcadero de La Caleta. Presidía el altar de la ermita la pequeña imagen de la Virgen de la Consolación que la hizo traer de la Península el Adelantado Alonso de Lugo.

         Como la población del Lugar había aumentado, la capacidad del primer templo de la Santa Cruz o de la Ermita de la Consolación de albergar a toda la feligresía era insuficiente; por ello, el sacerdote doctor Juan Guerra construyó en 1499 una denominada “Santuario de la Santa Cruz", en honor al Santo Madero, junto al Barranco de Santos, al margen opuesto de la Ermita de la Consolación.

          Hacia el año 1500 estaba ya construida la iglesia Santuario de la Santa Cruz en el mismo sitio en que hoy se halla la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción.

          Por otra parte, la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación su fundación se debe, según la tradición, al Adelantado, como agradecimiento a su amigo Lope Fernández de la Guerra por el “consuelo” recibido (5), porque supuestamente hipotecó sus tierras en Agaete para ayudarle en la conquista de Tenerife, después de la derrota de Acentejo. Se cree que se ubicó en el sitio donde Lope Fernández de la Vega le comunicó aquella noticia (6):

               “Agravábase por momentos la situación de los acogidos en el Torreón, pues se hallaban casi todos heridos y decían, con razón, si con doscientos hombres que podían prestar su servicio se iba a conquistar la isla. Reunió entonces el general en consejo a sus oficiales, e hizo un resumen de la campaña, manifestándoles que su mayor dificultad estribaba en aquellos momentos en la falta de recursos pecuniarios para levantar otra expedición, ‘y confieso, añadió, que al observar a mis soldados tan tristes, valetudinarios y hambrientos, yo mismo hubiera entrado en el modo de pensar de los que opinan que debemos de abandonar la guerra y restituirse cada cual a su casa, si poniendo los ojos en mi propio honor y en la reputación de mis oficiales, no reflexionase, que la perseverancia y la firmeza forman el verdadero mérito de las grandes acciones.

               No pudieron oir a Lugo sus nobles compañeros estas palabras sin conmoverse, y prometieron a una voz seguirlo en su empresa, pero Lope Hernández de la Guerra, más conmovido que los demás, se levantó de su asiento y le dijo a su amigo y general: ‘Yo quisiera Sr, D. Alonso, ser la persona más poderosa de Canaria, para tener la dicha de poner todo mi caudal en tan buenas manos. Los dos ingenios de azúcar que poseo en la Gran Canaria, son vuestros, y podéis emplear su producto en la continuación de la Conquista’. Admirados con este rasgo de generoso desprendimiento, le felicitaron todos, y Lugo y Hernández Trujillo le abrazaron sumamente afectados. Acordóse entonces retirarse a Canaria a reorganizar la expedición, reclutando hombres y comprando armas y víveres. Posteriormente D. Alonso de Lugo llevado del fervor religioso, que era la base de su carácter y la nota más saliente de su tiempo, construyó en el sitio en que tuvo lugar la conferencia una ermita dedicada a la Virgen de la Consolación, que es el mismo donde hoy está el Castillo de San Cristóbal".

          Otros historiadores creen que la Ermita se erigió por la “devoción de los pescadores” (7) del Lugar, por su proximidad al embarcadero de La Caleta de donde salían o entraban tanto los viajeros como los pescadores, lo que se prestaba como lugar de petición para agradecer un buen viaje o regreso.

          Otros dicen que dicha advocación la tenía, años antes del año 1496, debida a alguna de las misiones franciscanas anteriores a la conquista (8). En el entorno de la ermita se ubicaron las primeras casas. Desde los primeros días de la fundación del Lugar hubo dos objetos de culto para la población, la Cruz que dio nombre al poblado, cuyo templo estaba situado entre el Barranquillo de Cagaceite y el Barranco de Santos, y la imagen de Nuestra Señora de la Consolación, alojada en su modesta ermita en la laja del inicio de la Calle La Caleta. Además de la Santa Cruz, se la consideraba Patrona del Lugar y Puerto a Nuestra Señora de la Consolación, cuya festividad se celebraba el 15 de agosto con asistencia del Cabildo de la Isla, con sede en La Laguna, a los actos y procesión, que se celebraban a su costa.

          Existe documentación de asistir el Cabildo a dicha celebración hasta mediados del siglo XVIII.

          En el año 1558 con motivo de la visita del Inspector General de Guerra D. Alonso Pacheco, el edificio de la ermita se valoró en 300 doblas, más que suficientes para comprar una buena casa.

          La ermita de Nuestra Sra. de la Consolación continuó así durante unos ochenta años, hasta que las necesidades de defensa del puerto y de la isla hicieron que fuera preciso tomar decisiones que obligaron a derruir la ermita.

          En el año 1570 ya se había pedido licencia al obispo para quitar la ermita y mudarla a otro lugar: el Cabildo escogió el enclave en el que se situará el Castillo de San Cristóbal coincidiendo sobre la Laja donde se encontraba la Ermita de la Consolación. Su demolición y las dos casas aledañas comenzaron en el año 1573 después de haberse comprometido el Cabildo, por escritura notarial, a su reconstrucción en lugar diferente.

          Parece ser que fueron los frailes de la Orden de San Agustín los primeros religiosos que acompañaron a los conquistadores castellanos. Desde mediados del siglo XVI, y probablemente desde antes, los agustinos aparecen como patronos de la Ermita de la Consolación además de ser propietarios de la zona circundante, pero hay quienes atribuyen a los dominicos el inicial cuidado de la primera Ermita de la Consolación, levantada sobre la Laja, razón por la que la Orden Dominicana influyera ante el Cabildo en la elección de su nuevo emplazamiento, y con el tiempo se transformaría en convento. Se decidió reconstruir la ermita sobre un solar de un montículo situado entre el margen derecho del Barranquillo del Aceite (9) y el Barranco de Santos, conservando su nombre de Nuestra Sra. de la Consolación (10), quedando en las afueras del Lugar hacia el oeste de las calles de la Candelaria y de la Cruz Verde.

          Los terrenos del solar pertenecían a la parroquia lagunera de Los Remedios y al Cabildo, y fueron cedidos a los padres dominicos a condición de que contribuyeran en la construcción de muros y terraplenes para evitar los daños de las peligrosas y periódicas avenidas de agua por el Barranquillo (11).

          La construcción en su nueva ubicación duró hasta el año 1574 (12). Al inicio recibieron los dominicos el apoyo y patronazgo de dos hermanos regidores laguneros, los capitanes Luis y Andrés Lorenzo.

          Tras la petición realizada años antes, el 9 de marzo de 1596 el Rey Felipe II da facultad para mudarse al Puerto de Santa Cruz a los frailes dominicos del Convento de Candelaria que estaban expuestos al continuo riesgo de las berberías y “quizá de salir de aquella Teibada marítima”. Pero no tuvo efecto por no ser del agrado del Cabildo de Tenerife, residente en La Laguna, el punto designado.

          El 24 de febrero de 1610 el Vicario Provincial de la Orden de los Predicadores fray Juan Martín, se presentó ante el Gobernador y Provisor del Obispado residente en La Laguna el licenciado D. Juan Porras y Sosa con la pretensión de fundar un Convento de Santo Domingo en el sitio donde estaba la nueva ermita y pedir que se concediese a sus frailes la Ermita de la Consolación. El Provisor Juan Porras bajó al Lugar el 27de dicho mes y reunió al vecindario a los cuales les pareció bien la pretensión de los religiosos, pero como habían faltado varios vecinos, el juez dejó dispuesto que al día siguiente domingo se leyese después de misa lo acordado. Pero el 2 de marzo siguiente el Bachiller Mateo de Armas, Simón Álvarez y Francisco Perera se opusieron por nueve razones entre ellas que el vecindario era muy pobre, que en los alrededores de dicha ermita las mujeres tenían muy pobre traje. Deducimos que al bachiller ya sus compañeros no se les hizo caso.

          Es a partir del 26 de mayo de 1610, cuando se empieza a perder su nombre de la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación, quedando soslayado bajo la denominación del recién fundado Convento de Sto. Domingo, aunque queda la ermita unida al edificio conventual. El convento lo constituirá además una amplia y mayor capilla y la edificación aneja donde se ubicarán las celdas y el resto de las dependencias. En el año 1618 cuando el Lugar se vio amenazado por los piratas moriscos se llevó procesionalmente la imagen a La Laguna, a expensas del propio Cabildo.

          En el año 1620 se amplía la iglesia componiendo el altar mayor y la vuelven a rehacer a mediados del siglo XVII, añadiendo una capilla lateral, y un siglo después la reedifican casi de nueva planta. Se levantarán las edificaciones conventuales, que irán renovándose con el tiempo, llegando a ser un gran convento de dos plantas y gran balcón canario corrido en su fachada principal, junto a un amplio claustro interior y una pequeña torre de sillería rematada en espadaña. (13)

          El primer convento del Lugar fue el de Sto. Domingo y en él pernoctaban los dominicos que salían de La Laguna de viaje hacia Las Palmas, en donde se encontraba la sede catedralicia, y también los frailes que venían de península o de las islas hacia La Laguna.

          En el plano de 1701 de Tiburcio Rossel ya aparece. con el nombre de Convento de Sto. Domingo.

          En el entorno de dicho convento comenzó a nacer un nuevo barrio de la población, conocido con el nombre de Barrio de Vilaflor.

          En 1730 estaba en el altar principal de dicho convento de Santo Domingo la imagen de Ntra. Sra. de la Consolación, que se había traído de la vieja ermita, pero los frailes la sustituyeron por otra imagen de mayor tamaño, lo que suscitó las protestas de los feligreses que consiguieron al menos que la colocaran en otro altar. En 1753 se efectuaban aún entierros en dicho convento, como consta en el Libro XIII de Entierros de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Concepción donde se especifican los enterramientos correspondientes al Convento de la Consolación.

          En 1797 el convento dominico o Convento de la Consolación fue el último reducto ocupado por las tropas inglesas invasoras y fue pieza clave en los finales de la Gesta en aquella madrugada del 25 de Julio en los momentos más importantes y decisivos.

          Merece que resaltemos lo acontecido en aquella gloriosa jornada del 25 de julio en el Convento Santo Domingo. Desde la Plazuela de la Iglesia, los ingleses llevaban prisioneros españoles y, al mismo tiempo, les preguntaban por la gran plaza. Los españoles los conducían hacia la Plaza del Convento de Santo Domingo para no estar tan expuestos, y para que los ingleses no pudieran reunirse para asaltar al Castillo Principal, e iban haciendo todo el daño que les fue posible por calles y plazas.

          La cabeza de la tropa inglesa se encontraba a la esquina de la casa de Juan Josef enfrente del Convento de Santo Domingo. La semioscuridad del amanecer, las voces españolas y francesas que aquellas gentes pronunciaban y el lugar que ocupaban, fueron causas de que los nuestros supusieran que tropezaban con fuerzas amigas.

          Marcha el Teniente Coronel Castro (14) al frente de su tropa, y junto a ella el joven Veraud (l5, 16 y 17), oyéndose los tambores ingleses tocar su peculiar llamada, para que al son pudiesen acercarse sus extraviados.

          ¡Viva España!, gritaron los nuestros al entrar en la Plaza del convento y como estas propias exclamaciones salían del grupo enemigo, Cándido Veraud creyó ser españoles la gente incorporada allí y se aproximó a los ingleses quienes guardaban un gran silencio a excepción de dichas exclamaciones y llegando solo el Teniente Coronel D. Juan de Castro al frente de su regimiento, lo que valiéndose de la ocasión, los ingleses hicieron una descarga y le acertaron con una bala de pistola en el corazón quedando muerto en ese mismo instante a 8 pasos por bajo de la Cruz (18) y a la vista de su hijo más viejo el teniente D. Tomás de Castro, del mismo regimiento. Dicho Teniente Coronel D. Juan Castro era de edad avanzada, estaba enfermo, con las piernas llenas de pústulas y tenía que valerse de un bastón para prisionero andar, y murieron allí en la misma descarga 2 ó 3 milicianos.

          Las milicias contestaron con sus armas y fueron retrocediendo Veraud que era el más adelantado cuando fue cogido por el brazo por un oficial inglés que con el sable al mismo tiempo le amenazaba.

          Venía el Teniente del Batallón D. Laureano de Arauz, seguido de 405 soldados por una calle que desemboca hacia la Plaza del Convento. Y viendo en ella a un inglés paseándose con una banderita azul en una pica, dijo a sus soldados: “iMuchachos! iVamos a coger aquel inglés!”

          Y arremetieron al desembocar la calle en cuyas aceras estaban unas filas de enemigos formados sin poder ser vistos por los nuestros, echaron mano de D. Laureano Arauz y de sus soldados, a quienes condujeron a la Plazuela.

          Los ingleses se retiraron hacia el Convento de Santo Domingo, tomando prisioneros conforme iban subiendo a los Capitanes D. Andrés de Torres, D. Tomas Suárez, D. Juan Tabares, y el Teniente D. Agustín Peña; los demás fueron por el camino viejo, y un Capitán de los Cazadores se encontró en la Huerta de D. Josef Carta.

          Antes de las 4 de la madrugada los ingleses se habían internado hasta el convento, rompieron su portería y entrando dentro sin dar tiempo para que los religiosos ocultaran el Santísimo, estando con estos religiosos el Rvdo. Padre Fray Vicente Sol que les acompañaba desde que sintieron a los enemigos dentro del citado lugar.

          Llevaron a Cándido Fernández Veraud con otros 3 o 4 vecinos más que habían cogido en las calles, y los pusieron en los escaloncillos por fuera de una de las puertas de dicho convento.

          Muchos ingleses entraron en el atrio, y subieron las celdas donde hicieron algunos pequeños robos, entre ellos le quitaron 20 pesos fuertes y algunas piezas de ropa a D. Esteban Lartiga, Subteniente de Artillería Miliciana que desde que se retiró a cenar permanecía en su celda por hallarse "desazonado" (19). Desde las ventanas de las celdas hacían fuego, y mataron a un miliciano de Güimar y a un paisano.

           Los prisioneros españoles que tenían los ingleses en el atrio protestaron al ser usados como parapetos, ya que las balas de un cañón violento, que les disparaba la cuadrilla de pilotos, silbaban por encima de sus cabezas y a uno de los prisioneros la metralla le tumbó el sombrero, luego los hicieron entrar en el convento.

          El Claustro Principal del Convento de Sto. Domingo estaba embaldosado, y lo usaban los marineros para coser y remendar las velas de sus barcos. Había en ese día unas velas enrolladas en los corredores y sobre ellas habían tendido los ingleses a varios de sus heridos. Un fraile les suministraba una bandeja con bizcochos y algunas botellas de vino, y como D. Laureano Arauz no había comido, cogió de la bandeja del fraile un bizcocho y el fraile le dijo que era para los heridos. Un oficial inglés que lo observó, se sonrió, y sospechando porqué su prisionero había hecho aquello le dio un pedazo de salchichón y un poco de ron, del cual bebió y comió Arauz, quien siguió paseándose con su bienhechor, aunque no se entendían ni una palabra (20).

          Una vez que se reunieron los ingleses se dieron cuenta que no eran ni la mitad de la tropa que habían salido a tomar el Lugar, y sintiendo que no oían tiros en ninguna otra parte y que nuestros violentos les disparaban y que mucha gentes les rodeaban comenzaron a intimidarse y comenzaron ellos de nuevo a repetir las intimaciones con la esperanza de que quizás surtirían efecto antes de amanecer el día sin que se pudieran dar cuenta los del Lugar de las pocas fuerzas que tenían los ingleses. El fuego cesa por ambas partes al ver aun oficial de la marina inglesa que se adelantaba con bandera blanca de parlamento, y D. Santiago Madan le condujo al Castillo de San Cristóbal, en donde volvió a intimar, y obtuvo la respuesta del General Gutiérrez:

               “Todavía en la Plaza quedan pólvora, balas y gentes"

          Fracasada la negociación, retornó el emisario al convento y la lucha se reanudó con mayores bríos.

          Se observó que en la Calle de Las Tiendas había muchos ingleses, sin orden, por lo que se mandó hacer fuego y quedaron mortalmente heridos el Capitán Mr. Torbes y el Alférez y Teniente de Navío Mr. Mongal, que llevaron los suyos al convento, y 4 soldados ingleses muertos que hallamos enfrente de la Casa del Escribano Publico D. Domingo Velasco (21) y en un minuto y medio quedó aquella calle limpia de ingleses por haber entrado en las tres calles que atraviesan hacia el convento, luego fueron algunos oficiales con 46 soldados de las milicias agregadas por dichas calles obligando a que los ingleses se replegaran hacia dicho convento.

          Al tiempo que iban los 2 frailes, el Prior del Convento Fray Carlos Lugo y el Maestro Fray Juan de Iriarte (22), a llevar la misiva de la primera intimación a S.E., antes de pasar el Puente de al lado del convento avistaron a D. Rafael Fernández, Subteniente del Batallón, el cual por medio de una seña preguntó a los Padres si por allí había enemigos, los cuales haciéndoles señas de que no viniese por allí, porque no le habían entendido su pregunta, se creyó este oficial de que le decían que no había enemigos y a poco más de acercarse así aquel puesto al desembocar a la esquina al frente de su tropa le hirieron mortalmente, muriendo a las 2 horas (23), siendo herido también el Alférez graduado D. José Duggi. Los frailes se vieron con S.E. y le dijeron la misma misiva que el parlamentario inglés anterior y obtuvieron la misma negativa de S.E. por lo que no volvieron al convento. Viendo el enemigo, que los frailes no llegaban con la respuesta y que conforme pasaba el tiempo iban siendo cada vez más cercados y tiroteados, repitieron otra intimación con el Padre Director del Rosario, Fr. Domingo Ambert en la que se decía:

               “que si no se cesaba el fuego y se rendían, harían arder el Convento y todo el Lugar”.

          Pero una vez que se sintió libre el fraile se retiró sin ir a ver a S.E.

          A las 4 y ¾ de la madrugada el Teniente Coronel D. Juan Guinther mandó a un soldado de la 3ª Compañía llamado Juan Guillermo, que posee la lengua inglesa, con una bandera blanca, a intimidar al enemigo que se rindiese, y trajo la respuesta que por ningún título se rendía.

          Al mismo tiempo se presentó el Teniente de Cazadores D. Antonio Carta que venía de Paso Alto con 30 hombres y nuestro Comandante le mandó subir por la Calle del Castillo hasta salir a tomar puesto por detrás del convento, pero al llegar a la Casa de D. Diego Serrano (24) empezó a cesar el fuego por salir el oficial inglés a parlamentar. El Cadete D. Miguel Manzano marchó detrás del convento y recogió gente que venía de la Batería de la Altura de Paso Alto y San Antonio, pues los Milicianos Cazadores que traía el Teniente D. Antonio Carta le abandonaron todos y se retiraron.

          Los milicianos y oficiales que habían huido y no habían llegado más allá de La Cuesta y los que se habían ocultado en las casas del Lugar, cuando empezó a clarear y oyeron que tenían acorralado al enemigo en el convento y corrieron a presentarse en las inmediaciones del convento.

          Esto sería cerca de las 5 y ¼ de la mañana, iba aclarando el día, a este tiempo había enarbolado su bandera el Castillo de San Cristóbal, cuando se avistaron 15 lanchas que se dirigían con nuevas tropas para hacer un segundo desembarco al muelle e inmediatamente remaron con brío para ganar la Playa de la Carnecería, y hubieran perecido sin remedio a no haberlas pronto desengañados el fuego que se les hizo desde los Castillos.

          Esto fue observado por los enemigos que estaban en lo alto del campanario del convento, y al no oír más disparos dentro de la población y ver que las banderas españolas tremolaban en los castillos, dedujeron que no habría ninguno de los suyos que no estuviese reunido en el convento; que su número estaba reducido a menos de la mitad del que emprendió el desembarco.

          Conociendo que le faltaban casi todos los oficiales y que en aquella plazuela del convento también fue herido mortalmente un joven oficial inglés, al cual le quitaron el bordado del cuello y con gran cuidado, le depositaron en el lecho de uno de los frailes, donde expiró. Al día siguiente embarcaron su cadáver con el rostro tapado, con uniforme de marino y entre guardia de honor; sin que los ingleses, que daban visibles muestras de duelo, dijeran su nombre ni condición (25).

          Los prisioneros españoles que los ingleses habían conducido al atrio del convento, empezaron a escaparse y temiendo que estos informaran de sus pocas y precarias fuerzas, intentaron negociar una capitulación que les fuera ventajosa.

          A las 5 y ½ de la madrugada, el Comandante ingles Mr. Trowbridge que se hallaba formado enfrente del citado Puente de madera de Sto. Domingo (26), solicitó hablar, enviaron un oficial a parlamentar e hicieron presente con una señal con un pañuelo blanco y el Capitán D. Fernando del Hoyo detuvo el fuego que hacían los Cazadores y los Milicianos, que se habían unido para atacar el convento, y el oficial inglés dio señas de sus deseos de parlamentar y que en prueba de ello descargaron sus armas al aire a una señal de sus oficiales.

          La situación de los ingleses era apurada. Consta de narraciones de testigos presenciales que los defensores del Lugar reunían paja y otros combustibles para quemar el convento (27).

          Salió de entre ellos un Teniente Coronel con bandera blanca y ojos vendados, y fue hacia el Puente que hay en la Calle de las Tiendas, a donde llega también el Teniente Coronel D. Juan Guinther, Comandante del Batallón de Canarias y que sabe varios idiomas, con su Ayudante Mayor D. Juan Bataller quienes también contuvieron a sus tropas, que querían vengar al Subteniente D. Rafael Fernández que agonizaba en esos momentos por una bala inglesa que le alcanzó el pecho, salvando al parlamentario y avanzando uno y otro hacia el puente, y entonces fue cuando algunos Oficiales de la Plana Mayor salieron del Castillo Principal. También llega en este tiempo el Capitán D. Miguel Carabeo que venía de Las Cruces con 30 hombres. Llevan al parlamentario ante S.E. pero, habiéndosele dicho que no se admitirían proposiciones de quien no tuviese facultades del Contralmirante de la Escuadra para capitular, se retiró.

          Volvió a salir al breve rato con el oficial de marina Samuel Hood con los ojos vendados y se dirigió al Castillo de San Cristóbal con bandera blanca y tambor batiente, cuando les salieron al encuentro en el Puente de la Calle de las Tiendas D. Manuel de Salcedo, Teniente del Rey, D. Marcelino Prat, Sargento Mayor de la Plaza, el Teniente Coronel D. Juan Creagh, el Capitán Madan, que llevaba la bandera parlamentaria, y el Ayudante de la Plaza, quienes los condujeron con los ojos vendados a presencia de S.E. Este oficial no dudó en proponerle lo mismo que se había negado, ya que solicitaba que se le entregara la nominada Fragata de Filipinas con todo su cargamento, y los caudales del Rey que hubiese, y que con estas condiciones se retirarían sin hacer daño al vecindario, pero S.E. respondió:

               “que tenía gente sobrada en la Plaza, y mucha más si la necesitase dentro de poco, con pólvora y balas en abundancia para dejar uno y otro; y que si se rendían se les trataría con humanidad”.

          Entre ambos Jefes convinieron una Capitulación que extendió el mismo Samuel Hood, y volvieron los parlamentarios al convento en donde luego J. Trowbridge, Comandante de las Tropas Británicas, la ratificó. Una vez hecha la Capitulación, los ingleses rompieron los fusiles que tomaron o que les sobraban, haciéndolos pedazos por los claustros y entregaron a los prisioneros, pero a Cándido Fernández Veraud, no le soltaba el Jefe Británico, pero al ir bajando las escaleras del convento las tropas inglesas, Cándido que iba en medio giró y se fue escaleras arriba como si fuese a buscar alguna cosa, y fue al campanario, viéndose así libre de los ingleses.

          La espada de Cándido que era de puño y conteras de plata, se la regaló el Jefe Británico a cierto Jacinto Delgado (alias Macaco), prisionero, vecino del Lugar, quien fue el que los dirigió por las calles hasta el convento. Cándido quiso demandar al nuevo tenedor de su espada, pero la alegría por la Victoria y el deseo de regresar a su casa le disiparon la idea (28).

          D. Bernardo Cólogan (29) entró en el claustro y al examinar a los heridos, dio con un oficial inglés que yacía con una herida mortal en el vientre, y al mirarle sorprendido, le llamó por su nombre, a cuya voz entreabrió los ojos el herido y se reconocieron. Como que habían sido condiscípulos en Inglaterra, y el inglés le suplicó le escribiese a su familia dándola parte de su trágico fin, Cólogan lloró, rasgó su camisa y le vendó las heridas con el mayor esmero, pidiendo a Arauz le franquease sus hombres para conducir al herido al Hospital de los Desamparados. Hicieron una especie de angarillas con picas y le llevaron con todo cuidado asistido por Cólogan y Arauz, pero al llegar al hospital murió. Un oficial inglés confesó a D. Bernardo Cólogan, que en el bote donde dicho oficial desembarcaba ya tenía toda su gente muerta o herida.

          Para dar a conocer dicha Acta a Nelson, que estaba a bordo del navío Theseus, mandaron al Capitán Waller y al Capitán de Puerto D. Carlos Adán.

          En mayo de 1806 (30) al enterarse Viera y Clavijo del soberbio mausoleo en la Catedral de Londres destinado para depósito del cadáver de Nelson compuso la décima siguiente a modo de epitafio:

               “Hic jacet Nelson, sed non omnis” (31).

               “Aquí roto el vital lazo, // Nelson, héroe marinero, // yace, mas no todo entero, //pues se echa de menos un brazo: // perdió/o de un cañonazo // cuando batido salió // de Santa Cruz y si halló // triunfos, los pudo adquirir // en Trafalgar y Abuquir, // pero en Tenerife, no.”

          En 1798 el convento ya contaba con 19 religiosos in sacris y 4 conversos.

          El jueves 7 de octubre de 1805, estando en el Lugar, visitaron el Convento de Santo Domingo Doña Juana del Hoyo y D. Lope de la Guerra (32), madre y tío de D. Juan Primo de la Guerra, el cual recibe una carta de su madre que la transcribe en su Diario y nos dice:

               “Tu tío y yo fuimos luego a Santo Domingo a oír misa, descubierta la Virgen de Consolación, en memoria de los Guerra; ya no había misa, pero se descubrió la Virgen, que no es aquella de la conquista, pero nos la enseñaron también, que está en otro altar y pienso que le han puesto otro apellido, lo que no me gusta y yo la comprara de buena gana y la trajera a casa, para no perder la memoria. Es chiquitita y de talla pero le han puesto vestido... Se apareció allí el padre (no sé si Rueda), nos contó lo apurado que se vio solo en el convento y llamó por la Virgen del Rosario”. (33)

          Esto nos indica que vuelve a suceder lo mismo que en el año 1730 con la imagen de la Consolación que los frailes la utilizaban para sustituirla por otra, casi un siglo después en 1805, pero con el agravante de que el nombre de la imagen de la Consolación ya se ha perdido, pues el fraile la conoce como la del Rosario y pasa a ser una imagen de las llamadas vestida.

          En 1836 el convento se ve afectado por la Desamortización de Mendizábal, y por una Real Orden del 2 de agosto de 1839 lo dedican a cárcel pública. En 1840 el Ayuntamiento recibió el Convento de Santo Domingo para acoger los presos, siendo el alcalde era el que pagaba la manutención. En 1842 se establece en el convento una casa de asilo y se abre un torno para el suministro del rancho a los presos (34). Ya 1847 su estado era ruinoso y en 1848 es derruido para construir en dicho solar el Teatro Guimerá.

          Del antiguo Convento de Sto. Domingo, se aprovecharon y trasladaron algunas de sus pertenencias:

               - A la Iglesia Parroquial de Nuestra Sra. de la Concepción: El órgano, las losas de mármol que formaban el piso de la sacristía y las barandillas. Las imágenes del convento, entre ellas la antigua imagen de Nuestra Sra. de la Soledad, traída por el Adelantado, que en un principio se colocó en el altar mayor y luego en el de la Candelaria, y las otras imágenes como Santo Tomás, Santo Domingo, Nuestra Sra. de la Candelaria, Santa Rosa de Lima, Santa Catalina de Siena, Jesús Nazareno, San Felipe de Neri y Nuestra Sra. del Rosario se distribuyeron en las capillas del templo.

               - A la Iglesia del Convento de San Francisco: El retablo dorado del siglo XVII que perteneció a la capilla del Convento de la Consolación y que está situado ahora en la Capilla del Carmen.

          La imagen de la Virgen Nuestra Sra. de la Consolación, al desaparecer su primitiva Ermita y más tarde su Convento de la Consolación, conocido como Convento de Sto. Domingo, se encuentra actualmente en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, pero debido a los años transcurridos, su advocación y festividad como Patrona del Lugar han caído actualmente en el total olvido de su pueblo.

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NOTAS
1.-  CIORANESCU. A. Historia de Santa Cruz de Tenerife, Tomo 1, p. 37.
2.-  El investigador e historiador D, Luis Cola Benítez ha localizado recientemente el lugar exacto donde se plantó  “la Cruz Fundacional”. Se trata de un punto situado en el solar que posee el Cabido en la Avenida Bravo Murillo. Por ello, la parada del tranvía situada en las inmediaciones, ha recibido el nombre de “Fundación “.
3.- DUGOUR, J.D. “Empezando inmediatamente el desembarco de las tropas por la pequeña punta que se halla en la orilla derecha del Barranco de Mazo, hoy de Santos, en el cual entraba el mar y formaba como una especie de ensenada”. Con anterioridad existió otra Torre levantada por Hernán Peraza por las inmediaciones de Paso Alto, la cual ya se hallaba derruida cuando el Adelantado Alonso de Lugo llegó a la isla de Tenerife. (Nota del autor).
4.- Su ubicación actual sería por la Plaza de España. (Nota del autor).
5.- SERRA Y FERNÁNDEZ MORATÍN, L. Cuarto Centenario de la Conquista de Tenerife, p.18. Imprenta de Álvarez Hermanos. Santa Cruz de Tenerife. Abril 1894.
6.- VIANA, VIII, 1410; NÚÑEZ DE LA PEÑA 159, VIERA Y CLAVIJO, Tomo V, p. 684, (XVII, 33)
7.- PALACIOS, C. J. Orígenes de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. (1494-1750)’ 3.4.3. Universidad de La Laguna.
8.- CIORANESCU, A. Historia de Santa Cruz de Tenerife. Tomo 1, p. 40. RUMEU DE ARMAS, A. Piraterías y ataques navales, Tomo II, p. 316.
9.- En donde en el año 1610 se fundó el Convento de Sto. Domingo.
10.-  Solar donde se localizan el Mercado Viejo y el Teatro Guimerá.
11.-  CIORANESCU, A. Historia de Santa Cruz de Tenerife. Tomo 1, p. 140.
12.-  DUGOUR, J.D. Apuntes para la historia de Santa Cruz de Tenerife, p.14. PADRÓN DE ESPINOSA, R. El Castillo de San Cristóbal, p. 5, nota 2. RUMEU DE ARMAS, A. ‘Piraterías y ataques navales”, Tomo JI, Pág. 176.
13.-  CIORANESCU, A: Op. cit., Tomo II, pp. 276 y 283. TARQUIS RODRÍGUEZ, P. Retazos históricos, pp.109 y 128. RUMEU DE ARMAS, A. Op. cit., tomo III, pp.400-402.
14. - BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE, Fondo Documental Antiguo. Caja MS-257.
15.- Ibídem. Fondo Documental Antiguo. Caja 53. Ref. 53-3/3.
16.-  LANUZA. Documento CXXIX, p. 533.
17.-  Se trata de Cándido Fernández Veraud, estudiante, fue el que trajo el paisanaje del Realejo Alto el 24 de julio por orden de su alcalde D. Tomás Armas. Años más tarde aparece como abogado del Gobernador del Castillo de San Cristóbal D. José Monteverde y Molina en unos pleitos sobre tierras. Dato suministrado por D. Daniel García Pulido Archivo Histórico de La Laguna. Signatura A-XXIV-l9.
18.-  Posiblemente se refiera a la Cruz de madera que ya existía en la calle Cruz Verde.
19.-  Se refiere a encontrarse en un estado depresivo.
20.- BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE. Fondo Documental Antiguo. Caja MS- 257. ALVAREZ RIXO, J. A. Algunos episodios referentes a 1a Invasión de Santa Cruz por los ingleses la noche 24 de Julio de 1797 Oídos, leídos y reunidos por J.. A. Álvarez Rixo. Cronista, historiador del Puerto de la Cruz y de La Orotava,
21.-  El cual vivía en la Calle Santo Domingo núm. 4. (Nota del autor).
22.-  Fray Juan Tomás de Iriarte y Nieves-Ravelo, era hermano de D. Domingo Iriarte que firmó la Paz de Basilea. Nació en el Puerto de la Cruz el 21-12-1735 y era el 3° de 17 hermanos. Fue Maestro de la Orden de los Predicadores en el Convento y Colegio de Sto. Domingo en la Laguna, tuvo como discípulo a D. Diego Nicolás Eduardo Villareal. Más tarde fue Maestro del Convento de la Consolación de Santa Cruz de Tenerife.
23.-  BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE. VICENTE MARRERO, D. Relación de Domingo Vicente Marrero.
24.-  Su esposa María ya era viuda en 1797 y vivía con su hijo Diego, 2 esclavos y 1 criado, en la Calle Castillo.
25.- MONTEVERDE BETHENCOURT, J. Relación Circunstanciada . Madrid
26.-  Era un puente de madera situado por encima del Convento de Sto. Domingo que atravesaba el Barranquillo del Aceite.
27.- PEDREIRA TAIBO, L. La derrota de Nelson.
28.- BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE, Fondo Documental Antiguo. Caja MS- 257. ÁLVAREZ RIXO, J. A. Op. cit.
29.-  Se trata de Bernardo Cólogan Fallon. (Nota del autor).
30.- PRIMO DE LA GUERRA, J. Diario P. 305. Aula de Cultura de Tenerife, año 1976.
31.-  “Aquí yace Nelson, pero no todo“.
32.- Su interés por la imagen es por ser descendientes del conquistador D. Lope Fernández de la Guerra, amigo del Adelantado, que le dio el “consuelo”, motivo que dio lugar a la Ermita de Nuestra Sra. de la Consolación. (Nota del autor).
33.- PRIMO DE LA GUERRA, J. Op. cit. P. 292. Aula de Cultura de Tenerife, año 1976.
34.- COLA BENÍTEZ, L. “Pobres presos pobres” (Retales de la Historia – 113). Publicado en La Opinión el 16 de junio de 2013.

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