Los primeros desertores del Lugar de Santa Cruz de Tenerife en la madrugada del 25 de Julio de 1797.

Por Juan Carlos Cardell Cristellys  (Publicado en El Día / La Prensa el 10 de junio de 2006).

 

          Sabemos que el ataque al Lugar y Puerto de Santa Cruz de Tenerife por los ingleses pertenecientes a la escuadra del Contralmirante Nelson en la madrugada del  25 de Julio de 1797 comenzó hacia las 02´15 horas.

          El primer desembarco fue realizado por los ingleses que iban en la única lancha que llegó a las escalinatas del muelle, accediendo así a su cabeza, y por varios de los marinos y oficiales mandados por el capitán Richard Bowen provenientes de las lanchas que vararon en la playa de la Alameda de Branciforte (Nota 1) que corrieron desde la playa hacia el muelle. Los ingleses lograron clavar los cañones que había en el muelle, pero la metralla de un disparo de cañón (2) procedente de uno de los castillos y el fuego de la fusilería hicieron una gran mortandad entre los atacantes, muriendo allí la mayoría de ellos, entre otros el capitán Bowen (3), no logrando entrar ninguno por el muelle hacia el Lugar.

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Foto del Muelle con sus escalinatas, al fondo se ve la playa de la Alameda de Branciforte donde vararon las lanchas de Nelson, el  capitán Bowen y otros oficiales con sus  marinos


          La Relación de Bernardo Cólogan (4), así lo atestigua:

               “El muelle está con sus cadáveres, yo hice recoger allí 2 nuestros y 10 de ellos, y los hice poner en la Alameda para que su vista no desanimase. Han perdido el mejor oficial, capitán Bowen, hermoso hombre, quedó muerto al lado del Vivac con su primer teniente y varios de sus mejores compañeros.”

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El llamado Boquete y del Vivac del Muelle.  Foto finales siglo XIX


          Por el Diario de a bordo del Theseus escrito por el propio Nelson, sabemos que:

               “Debido a la oscuridad de la noche no encontré inmediatamente el Muelle, el punto señalado para el desembarco. (5)

                La noche era tan excesivamente obscura que solo yo, los capitanes Thompson, Freemantle y Bowen, con 4 o 5 botes del total, encontramos el muelle, que fue instantáneamente asaltado y tomado, aunque defendido aparentemente por 400 o 500 hombres, y los cañones, 6 de 24 libras, clavados, pero era tal el fuego de fusilería y la metralla  que se mantenía desde la ciudadela y las casas sobre la cabeza del muelle que no pudimos avanzar y casi todos fuimos heridos o muertos.” (6)

          El Memorial  de Francisco Grandy Giraud (7) nos confirma no sólo el abandono del muelle, sino también que los ingleses llegaron a clavar los cañones:

               “Verificado el desembarco de los Enemigos en otro punto de la Línea, e internados en la Plaza, tubo aviso el Comandante General de hallarse abandonada la Batería del Muelle; y siendo su conservación esencial ordenó al Exponente fuese a encargarse de ella, lo que ejecutó sin dilación, y hallándola no sólo abandonada, sino clavada su artillería, tubo que solicitar, durante el fuego de los enemigos en el Pueblo, un herrero que luego la puso al corriente…”

          Veamos lo que nos dicen las diferentes Relaciones y Documentos de la época sobre dónde empezó la deserción y quienes fueron los oficiales que la comenzaron.

          .La Relación de D. Juan Guinther (8) nos indica que la deserción comenzó en el muelle:

               “Los demás que estaban en tierra empezaron su fuego, que  correspondieron los nuestros Cazadores Milicianos, a quienes S. E. con mucho valor y serenidad de ánimo les hizo bajar la puntería para el mejor acierto, dando otras varias disposiciones; pero habiendo abandonado los artilleros del Muelle aquella Batería, varias personas persuadieron a nuestro animoso General a que se retirase de aquel paraje en que se hallaba expuesta su preciosa vida...”

          Vemos que la Relación de D. José Roman coincide en que hubo deserción de los oficiales que estaban a cargo de la Guardia Principal y de la Batería del Muelle pues nos dice:

               “… y que la Batería del Muelle de quien debamos esperar fuego útil había callado los suyos por haberla abandonado cobardemente su comandante, …

                … y si las Compañías de Granaderos y Cazadores que se hallaron de refuerzo aquellos días se hubiesen portado con igual valor no hubiera amanecido ningún inglés vivo, pero poseídos por el terror huyeron en bandas, cosa demente y en tan crecido número que pudieron formar un Cuerpo de Reserva sobre La Cuesta mandados por sus muchos oficiales que huían, solo se oyen justos elogios de valor de D. Luis Roman y D. Francisco Jorva, que habiéndose huidos los Milicianos que cubran el Muelle y echado a correr el capitán que estaba de Guardia Principal, se apoderaron con sólo 10 hombres de Milicias, y uno sólo de la Habana de este puerto en donde  hicieron  un fuego vivísimo de fusil y pistola sostenido con valor, impidiendo que por aquella parte subiesen los que dejaban vivo el terrible cañón del flanco izquierdo del Castillo…”

          La Relación de Bernardo Cólogan (9) también nos habla del abandono del muelle:

               “Este ataque duró por cosa de una hora y cuarto; el muelle pronto se abandonó por los nuestros, que acudieron a donde más los necesitaban, mientras el Castillo Principal hacía fuego infernal sobre los que se apoderaron de este punto y que D. Luis Román, que mandaba el cuerpo de guardia del vivac, no los dejaba descansar.”

          La Relación de Domingo Vicente Marrero, alcalde que era del Lugar, especifica que eran 2 los oficiales que huyeron del Muelle (10), pues  dice:

               “Que del Muelle que comandaba el teniente de Artillería Miliciana D. Francisco Grandi por no haber hasta entonces llegado los 2 oficiales que ocupaban aquel puesto aquella noche.”

          Y más adelante, en otro apartado  de su  Relación:

               “No hay duda que algunos otros como los oficiales y artilleros abandonaron su puesto del Muelle, Concepción y San Pedro: pero ¿Por qué fue esto?

                Porque visto los primeros que la guarnición que tenían allí de los Cazadores se habían retirado y dejándolos solos tuvieron por conveniente el retirarse antes de ser víctimas, pues no tenían quien los sostuviese.

                Los segundos cuando vieron el desembarco por aquel puesto tan crecido, se amedrentó aquel oficial y algunos pudieron salirse del Castillo creídos que el enemigo al instante lo asaltaría. Y el tercero porque habiendo pasado por allí un oficial revestido de la cobardía, intimidó a aquella gente, diciendo marchaba hacia aquel puesto una numerosa columna enemiga y estando aquel fuerte sin puerta fue prudencia el retirarse antes de ser pasados a cuchillo.”

          De estas Relaciones podemos aseverar que la deserción empezó en el mismo muelle apenas comenzó el desembarco inglés y que la iniciaron los dos oficiales que se encontraban en aquel sitio; uno tenía a su cargo la artillería del muelle y el otro la Guardia Principal, siendo secundados por los milicianos a su cargo al quedar desamparados sin ningún mando.

          Del primer oficial que sospechamos que abandonó su puesto fue el teniente D. Joaquín Ruiz Ruiz pues, debido a ello, nada más comenzado el ataque inglés al muelle salió el General Gutiérrez del Castillo de San Cristóbal a visitar la batería abandonada, mandando cubrir dicho puesto. Meses antes Ruiz había sido nombrado como oficial artillero para la Batería de Santa Isabel por el General Gutiérrez, como sabemos por el oficio que el 5 de mayo dirigió el General al Coronel D. Marcelo Estranio en que  le ordena:

               “Por lo que hace a la conducción de los cañones de la Batería de Santa Isabel a la del Muelle,  y su colocación en ella, corresponde a V. S. valerse de los medios y dar la providencias que considere oportunas; y en cuanto a los dos morteros cargados que se hallan en aquella, disponga V. S. su colocación en el punto de la Línea que le pareciese más a propósito; con lo que contesto a lo que sobre ambos particulares me dice V. S. en su oficio de ayer.” (11)

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La Rada del Puerto de Santa Cruz. Foto de finales del siglo XIX.

          Para concluir con los nombramientos:

               “… al capitán encargado del Detall D. Antonio Eduardo le he dado a reconocer en mi Cuerpo por Mayor de Brigada de Artillería en caso de ataque, por consiguiente debe subsistir a mi inmediación para distribuir mi Orden y no debe tener puesto fijo en la Línea; al capitán D. Vicente Rosique lo he destinado a la Batería de la Concepción de Cañones, Morteros y Bala Roja, al de la propia clase D. Clemente Falcón al respetable castillo de Paso Alto donde manda dos Baterías; a los subalternos D. Joaquín Ruiz y D. Pablo Alfaro en las de Santa Isabel y San Miguel de Cañones y Morteros, quedando colocados los de Milicias en los demás puestos que he juzgado preferentes y de aquí tendrá V. E. en conocimiento de las resultas que trae mezclarse a hablar los extraños en asuntos de otro Cuerpo.” (12)

          Sabemos que el teniente de artillería D. Joaquín Ruiz Ruiz participó, junto a Francisco Duggi y Vicente Rossique, en la instrucción de las cuadrillas de pilotos en los cañones violentos. Pero días más tarde, el 18 de mayo,  dicho oficial es nombrado entre otros por D. Marcelo Estranio a la Batería del Muelle, en concordancia con lo ordenado por Gutiérrez, pues  los cañones de la Batería de Santa Isabel habían pasado a las de dicho Muelle, según  un oficio que dirige al General Gutiérrez en el que dice:

               “En cumplimiento de la orden de V. E. de ayer, he nombrado a D. Vicente Rossique y a D. Joaquín Ruiz, y a D. Francisco Duggi, quienes se hallarían en la Batería del Muelle a las seis de la tarde de todos los días festivos.” (13)

          La Relación de Domingo Vicente Marrero, nos dice claramente que el teniente D. Joaquín Ruiz era el oficial artillero y que abandonó su puesto:

               “Nuestro General se hallaba en San Cristóbal desde donde recibía los partes, y daba sus órdenes, acompañado de distintos oficiales, entre los partes le dan uno que la batería del Muelle se hallaba desamparada que la mandaba el teniente del Real Cuerpo D. Joaquín Ruiz (14), fue tanto el efecto que causó en nuestro Jefe esta noticia que se fue al muelle sin embargo del mucho peligro que corrió su vida, los oficiales le hicieron retroceder…”

          Todo apunta a que la deserción empezó en los puestos que había en el muelle y de allí partió la voz de que el General había sido muerto; quizás al verlo retirarse  a toda prisa ayudado por sus oficiales para introducirlo en el Castillo de San Cristóbal, pensaron que iba herido de muerte. Nos lo confirma la Carta de Marcelo Estranio (15), en la que relata:

               “Y S. E. se encontraba en el Castillo de San Cristóbal con varios oficiales entre ellos D. Juan Creagh y al recibir uno de los partes que le dan y que dice que la Batería del Muelle se hallaba desamparada y que la mandaba el teniente del Real Cuerpo D. Joaquín Ruiz fue tanto el efecto que causó en nuestro jefe y al oir los cañones de nuestra cortina S. E. dijo:

                ¡Vamos Señores¡

                Y tomando D. Juan Creagh por el brazo a S. E. siguieron ambos a la Batería del Muelle solos.

                Se dispararon en esta Batería del Muelle 3 cañonazos y diciendo el oficial de artillería que la mandaba que no descubría objeto alguno, manda S. E. suspender el fuego. Allí estaba el coronel D. Marcelo Estranio en la Batería del Muelle, mientras S. E. estaba visitando la cortina.”

Declaración de D. Joaquín Ruiz Ruiz

          Últimamente se ha encontrado un documento (16) perteneciente a este oficial, fechado apenas dos meses después de la Gesta, muy revelador sobre su vida, y en el que revela sus intenciones de marchar a tierras peninsulares:

               “D. Joaquín Ruiz Ruiz Teniente del Real Cuerpo de Artillería y próximo a marchar a la Península.

                Declaro mediante este documento como habiendo por mis persuasiones hecho condescender a la Señora Antonia Perero de estado doncella a que tuviese condescendencia a fin de que yo disfrutase de su virginidad y honradez ha resultado que se halla fecundada por mi de seis meses cuya criatura reconozco y confieso ser hijo natural mío y a tal le admito y conozco, por lo que viéndome en conciencia obligado a sostener a la citada Sra. Antonia Perero, en cuanto necesite, y así mismo a mi hijo y mío, desde su nacimiento, por lo que es mi voluntad última que siempre y cuando yo falleciese, todo lo que se conozca ser mío lo herede la citada Antonia Perero, y en particular es mi voluntad herede la casa que en esta Plaza tengo mía en la Calle de Santa Rosa y San Ignacio como consta que dicha finca es legítimamente mía Real y verdaderamente como se registra en la escritura que está a mi favor archivada en el oficio público de esta Plaza del Escribano D. Mathías Álvarez, en donde se encontrará en el año del Señor de 1797 en 20 del presente mes de Septiembre así mismo es mi voluntad que siempre y cuando yo falleciese antes de haber cobrado mis sueldos atrasados que en el día de hoy se hallan en la Real tesorería se saquen trescientos pesos fuertes y en calidad de dote, junto con la citada Casa que es la mía, se le entregue todo a la mencionada Antonia Perero, para que use disponga y disfrute como le parezca en compañía del Hijo que diese a luz, y aún en el caso de mal lograrse éste permanece mi voluntad que se entregue a mi fallecimiento todo lo expuesto en este papel que hago bajo mi propia letra y firma para  que lo disfrute en gracia de Dios sin que nadie tenga derecho a querérselo quitar ni disfrutar pues le hago esta donación después de mis días en recompensa del estupro que le he hecho, para descargo de mi Conciencia, y ínterin yo viva me constituyo por obligación según lo tengo prometido a socorrerla y sostenerla a proporción de mis facultades como mejor pueda, a la dicha Antonia Perero, y a su hijo, o hija, téngalo, o no lo tenga, me obligo, y es mi voluntad que en caso de que yo no cumpla mi oferta de sostenerla, alimentarla y socorrerla como mejor pueda, que me obligue a verificarlo la mencionada Antonia ante el tribunal que haya lugar sin que me valgan leyes y alegatos, y a ella todas la que le puedan favorecer Vmª. Y apara que conste ésta mi voluntad fiel y verdadera le doy el presente papel en Santa Cruz a 22 de septiembre de 1797.

               Fdo. Joaquín Ruiz.”

          Del oficial de artillería D. Joaquín Ruiz Ruiz, que abandonó su puesto de mando de los cañones del muelle, sólo sabemos por este documento su intención de viajar apenas terminada la Gesta a tierras peninsulares, abandonando todas las propiedades que tenía en el Lugar de Santa Cruz, lo cual podría deberse a su pobre actuación durante la Gesta, a lo que habría que añadir el problema de su vida personal por un embarazo no deseado que intenta resolver mediante un documento en el que se autoobliga a indemnizar a una señora mediante la cesión de sus propiedades y renunciando a todos sus derechos. Suponemos que el teniente D. Joaquín Ruiz se desplazaría a la Península y que allí su comportamiento en las guerras napoleónicas sería muy diferente al de la Gesta.

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Confluencia de la salida del Muelle con las calles de La Marina y San José. Foto de finales siglo XIX.


          En cuanto al otro oficial que se encontraba al mando de los milicianos que formaban la Guardia Principal en el Muelle y su martillo conocemos que era el teniente D. Fernando Molina y Quesada, pues en algunos episodios referentes a la  Invasión de Santa Cruz por los Ingleses, en la madrugada del 25 de julio de 1797. Oídos, leídos y reunidos (17),  se nos cuenta lo siguiente:

               “El sargento Domingo Herrera que aún vive (18), estaba apostado con su compañía en el Muelle, cuyo capitán era D. Fernando Molina Quesada, vecino de la Orotava, quien asimismo existe con tolerable salud aunque cuenta más de 90 años.

                Ocurrióle al sargento Herrera, que sería bueno, además de la centinela ordinaria del Muelle, poner otra mas hacia el último extremo del Martillo con sólo objeto de vigilar y escuchar vuelta al mar, para el caso de oír remar o ver lanchas cuanto mas pronto se sintiese mejor. Contestó Molina que le parecía bien, y el sargento acto continuo fue y estacionó la dicha centinela.

                Apenas la había dejado, cuando gritó ésta:  ¡lanchas¡  ¡lanchas¡ ¡lanchas enemigas¡

                Fórmase la compañía, y empiézase a oír el lenguaje de los ingleses que atracaban el Muelle. Y cuando el sargento Herrera observa que su capitán no mandaba hacer fuego, pasó a preguntarle que: ¿a qué esperaba?

                Pero ni humo, ni pelo de D. Fernando (según usa expresarse el buen sargento). No había otro oficial, y por lo tanto Herrera se vio obligado a tomar el mando, y lo ejecutó conforme a su tosca pero honrada inteligencia.

                Hizo hacer fuego, y se vino retirando e impidiendo el progreso de los enemigos, quienes poco o nada adelantaron por allí porque sobrevino el fuego del Castillo contiguo de San Cristóbal que mató al agresor capitán Bowen arriba dicho.”

          El cobarde oficial ascendió a Teniente Coronel, y el recomendable sargento no sólo ha permanecido siempre de sargento sino que hasta en el folleto que se imprimió con los pormenores de esta memorable defensa le robaron su apellido Herrera llamándole Méndez. (19)

          La Relación de D. Juan Guinther (20), nos indica el abandono del oficial de la Guardia Principal del Muelle, coincidiendo con la declaración del Sargento Herrera:

               “…los cazadores milicianos que estaban de retén en dicho Muelle se retiraron e incorporaron con los demás de su Cuerpo que formaron en la Plaza Principal llamada de La Pila.

                El capitán de la Guardia del Principal la abandonó con toda la tropa de su mando, a excepción de 7 hombres de milicias agregados al Batallón. Y uno de la Partida de la Havana, a quienes se agregaron 5 de los nuestros, que conducían prisioneros.

                El capitán D. Luis Román y el teniente D. Francisco Jorva, uno y otro de la División de Cazadores recobraron este puesto abandonado, y con bizarría extraordinaria a la cabeza de 13 soldados solamente, lo defendieron con un fuego vivo de fusil dirigido desde el parapeto que está a la izquierda de la Guardia.”

          Existe otro documento de la época conocido como la Carta de D. Pedro Forstall, misiva dirigida a su primo en Las Palmas y escrita apenas un mes después de la Gesta, pues lleva la fecha del 23 de agosto de 1797, en la que atestigua que al muelle sólo llegó una lancha inglesa y coincide con la narración del Sargento Herrera en cuanto a los hechos ocurridos en aquel lugar, pues podemos leer que:

               “ Dice que Patricio Forstall lo vio todo desde el balcón de la casa de D. Pedro Forstall, que vivía en la calle de La Marina, y que sólo una lancha llegó al muelle……. En el muelle hicieron una descarga y pocas en la Alameda, todos fusileros y rozadores huyeron quedando abandonado el sargento que mandaba estos y algunos heridos y aun la guardia  principal casi toda de milicianos se escapó, menos doce o trece hombres, que Roman y Jorva pudieron contener con los que hicieron fuego de la ventana y esquina del principal, estas tropas tenían dos violentos que abandonaron uno sobre el Muelle y otro en la entrada, siendo la mayor fortuna que los ingleses no pudiesen penetrar por allí, tanto por que les desconcertó antes del desembarco el fuego de San Pedro y de un cañón de la esquina del Castillo que se cruzaban, como por la viveza del fuego del principal, que defendía el estrecho paso de la entrada del Muelle...

                ... y menos que abandonasen sus violentos para que pudieran cogerlos el enemigo. Los oficiales de estas Milicias (que yo Pedro Forstall, vi salir huyendo) fueron los que derramaron por el pueblo la voz de la muerte del General, toma del Castillo, que no creyéndose lo primero muy fácilmente porque al principio de la alarma vino S. E. al Muelle pero luego le persuadieron a volverse al Castillo, a donde llegó un momento antes de que viniesen a forzar su entrada. Si este cuerpo se mantiene con sus violentos en la Plaza de la Pila destroza al pie de 300 ingleses que estuvieron formados cerca de una hora entre la Casa de Carta y la de Campos…

                … y principalmente si se ha de decir la verdad pura, por que se fueron los sirvientes de la batería y Clemente Falcón que la mandaba  los que hacia el guapo por intervalos y otros lo contrario, estaba borracho sin saber absolutamente lo que hacia, y así apenas llego a dispararse un cañón que cogía de lleno toda la playa y no hubiera dejado pasar un solo hombre por allí.
Conocemos  por los escritos del historiador  Álvarez Rixo que el oficial D. Fernando  Molina Quesada, que tenía a su cargo la Guardia Principal del Muelle, abandonó su puesto,  y que después de la Gesta siguió su carrera militar, llegando a obtener el grado de teniente coronel y vivió su jubilación en La Orotava.”


NOTAS

1. Actualmente conocido como Los Paragüitas. Nota del autor.
2. La tradición señala al Cañón Tigre, era corriente entre los artilleros poner nombre en tablillas a los cañones. La fusilería que disparaba desde las casas y defensas en la calle de La Marina era la Milicias de Garachico, en su mayoría compuesta por expertos cazadores. Nota del autor.
3. Bowen conocía el Puerto de Santa Cruz  de años antes por sus viajes como oficial de los barcos que llevaban reos  para poblar Australia y que recalaban  para hacer aguada.. Se dice que días antes de la Gesta  desembarcó de noche en el Lugar ayudado por irlandeses y se fijó en que la playa de Branciforte no era batida por ningún cañón. Sabemos que la noche anterior al ataque se reabrió una tronera  que  batía la playa y que en la noche del ataque causó gran daño entre los ingleses. Nota del autor.
4. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797.  Relación de Bernardo Cólogan. Pág.84
5. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797. Informe del Capitán Troubridge a Nelson.
6. Ibídem. Diario del HMS Theseus por Horacio Nelson,
7. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797. Memorial de Francisco Grandy Giraud, pág. 97.
8. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797. Relación de D. Juan Guinther, pág. 105.
9. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797. Relación de D. Bernardo Cólogan, pág. 82.
10. Los dos oficiales que estaban en el Muelle uno era D. Fernando Molina Quesada que mandaba la Guardia Principal y el  otro estaba al mando de los cañones era D. Joaquín Ruiz Ruiz.  Nota del autor.
11. Archivo Regional Militar de Canarias. Guerra contra Inglaterra. Secc. 2ª. Div. 4ª-2. Expte. 0099.
12. Archivo Regional Militar de Canarias. Guerra contra Inglaterra. Secc. 2ª. Div. 4ª-2. Expte. 0082.
13. Archivo Regional Militar de Canarias. Guerra contra Inglaterra. Secc. 2ª. Div. 4ª-2. Expte.0082.
14. El 5 de Mayo el General Gutiérrez da una orden al Coronel D. Marcelo Estranio nombrando a  D. Joaquín Ruiz para el puesto de la Batería de Santa Isabel, siendo confirmado el 16 de Mayo.
15. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797. Carta de Estranio al Cabildo de 19-Dic.-1797.
16. Documento encontrado por D. Daniel García Pulido.  Archivo Parroquial Iglesia de la Concepción. Legajo número 17, formado el año 1815 por el Beneficiado Rector de las Iglesias de esta Villa D. Juan José Pérez González.
17. Biblioteca Pública Municipal de Santa Cruz. Fondo Documental Antiguo. Caja MS-257.  Obra realizada por D. Juan Antonio Álvarez Rixo. Cronista e historiador del Puerto de la Cruz y de La Orotava.
18. Era el año 1842. Nota del autor.
19. Se refiere al nombre en que aparece en la Relación Circunstanciada,  Editada en Madrid y  atribuida a D. José Monteverde que fue el Gobernador del Castillo Principal o de San Cristóbal en la Gesta del 25 de Julio de 1797. Nota del autor.
20. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797. Relación de D. Juan Guinther, pág. 105.