Cronología de un ataque corsario inglés a navíos, y desembarco en Puerto Santiago un mes después del ataque de Nelson

Por Juan Carlos Cardell Cristellys (Publicado en El Día / La Prensa el 16 de julio de 2001 e incluído en el libro La Palma, francesa y otros artículos sobre el 25 de Julio).

  

          Sabemos que el Vicealmirante Nelson entrada la mañana del 25 de Julio de 1797 y estando en su navío Theseus, fondeado a las afueras del Puerto de Santa Cruz, recibe una lancha en la que le llevan los pliegos conteniendo la Capitulación de su derrota, firmada por su hombre de confianza el capitán Trowbridge y el General Gutiérrez, dando conformidad  con su firma. Una de las condiciones era que ningún barco inglés atacaría a ninguna de las islas Canarias.

          No obstante el General Gutiérrez no las tenía todas consigo y,  por  información que recibía, teme otro ataque inglés a Tenerife y así se lo hace saber a D. Juan Manuel Álvarez, Ministro de la Guerra, en una carta (Nota 1) de fecha 11 de octubre de 1797 en la que le dice:

               “Paso a manos de V. E. la adjunta copia de una carta escrita en Tánger por el Comisario de Guerra D. Antonio González Salmón, actualmente encargado del Consulado General de España en el Reino de Marruecos, la cual he recibido por medio de una goleta genovesa procedente de Safí, pues, aunque la especie de que trata sobre estarse preparando una nueva expedición inglesa contra estas islas me parece muy dudosa por las circunstancias que intervienen.” (2)

          Por la documentación que hemos podido localizar nos encontramos que los ingleses siguieron atacando a nuestros navíos, en las aguas de nuestro archipiélago canario. Reuniendo diversos documentos de la época he podido realizar  una pequeña cronología de un ataque corsario inglés posterior y el más cercano a la fecha histórica del 25 de Julio de 1797.

          El Diario de a bordo del bergantín corsario inglés Corso (3), también conocido como el Cazó cuyo capitán era Bartholomew James, nos indica que todavía en  el mes de julio de 1797 habían 3 navíos ingleses corsarios que eran la Minerve, la Lively  y  el Cazó practicando el corso en las islas Canarias, con el consentimiento del Almirante John Jervis mientras éste asediaba Cádiz, pues en él nos dice:

               “El 20 de julio nos separamos por espacio de una semana para ir en busca de un navío español bajo bandera norteamericana, conocido por el nombre de Washington. La Lively eligió partir hacia SE; La Minerve, al NW; y yo, debido a la categoría del capitán de menor edad, hacia el SW.

                El 23 de julio observé una vela al NE, que estaba seguro se trataba del navío Washington. Soplaba un fuerte viento, y como era una embarcación muy grande, que portaba 12 cañones de 12 libras y la misma cantidad de 6 libras, yo estaba receloso sobre lo que podría hacer sólo con mis pequeños 6 cañones, constantemente enterrados bajo el agua (4).  No obstante, sobre las 10 de la noche, me puse a su lado, y tras intercambiar unos pocos cañonazos, se rindió a un bergantín que podría introducir en su bodega.

                Y el 25 de julio me reuní con las fragatas, que no habían tomado nada, y con quienes acepté compartir mis presas durante nuestro crucero juntos o, de hecho, hasta que continuase yo bajo el mando de la Lively. El capitán Hallowell  (5), encantado de nuestros éxitos, y deseoso de hacerme lo más formidable posible, me entregó otras 4 piezas de 6 libras, y me permitió quedarme con la gente que encontrase apta para el servicio en el Washington, por lo que entonces portaba 10 y tenía aproximadamente unos 60 hombres, que era exactamente la mitad de mi complemento en cañones y dotación El Corso llevaba 20 piezas de 6 libras y 6 piezas de bronce de a 4, con una tripulación de 121 hombres. Quedando fondeados en las afueras de la rada, sin ningún amparo.

                Nos separamos por espacio de otra semana en diferentes direcciones alrededor de la isla, momento durante el cual visité Porto Santo, encontrándolo el lugar más cómodo para anclar, aunque no me detuve en la bahía, pero tuve contacto con tierra a través de los botes.

                El 2 de agosto nos separamos una vez más por un periodo aún mayor. El capitán Hallowell llevó consigo la Minerve a las islas occidentales, y cedió a mi petición de regresar a mi antiguo escenario de las Islas Canarias. Partimos por la tarde de ese mismo día, con todo el velamen posible, rumbo al SW; y hacia la puesta del sol divisamos una goleta al NW, que nos perseguía. Instantáneamente me dirigí hacia ella, y pronto supimos que se trataba de un corsario francés (6) de fuerza muy superior a la nuestra, tanto en cañones como en hombres, tal y como tenía información de su partida desde Tenerife con un centenar de hombres de La Mutine, que había sido tomada en aquella isla por las dos fragatas arriba mencionadas.  A las diez de la noche entramos en acción y, tras un fuego muy breve hasta las doce, la vimos, como creímos, rendirse y arriar sus colores y velas; pero esto fue sólo para preparar sus sweeps, de las que en ese momento no estaba provisto el Corso; y tuvimos la mortificación de verla ser remolcada en medio de la calma, no sin antes recibir por nuestra parte dos últimas andanadas a tiro de fusil; por lo que estoy convencido que debimos hacerle mucho daño entre sus hombres mientras se hallaban en los sweeps.

                Al amanecer hablamos con la Minerve, que se había acercado en razón de escuchar nuestra pequeña acción; pero ni ellos ni nosotros vimos al enemigo, y cada uno procedió una vez más hacia el crucero destinado.

                El mismo día 5 de agosto descubrí Tenerife. El día 6 de Agosto perseguí un bergantín por La Orotava, el cual la noche me impidió seguirle demasiado cerca de tierra.

                Los días 7 y 8 de agosto permanecí en la punta oeste de Tenerife, bajo un fuertísimo viento. El día 9 de agosto procedí hacia Canaria, arreglando mi aparejo y reparando el daño ocasionado por esa tempestad. Al atardecer vimos dos barcos doblando la punta oeste de la isla, siendo el primero muy grande, con galería de popa, y el otro una polacra, que la seguía próxima detrás, el primero de los cuales, al oscurecer, encendió una luz de popa. Sin haber sido posible cuantificar su fuerza, los seguí hasta el amanecer, momento en el cual me coloqué entre ambas embarcaciones y disparé un tiro a la más adelantada, que izó su bandera genovesa y se puso al pairo; cuando la abordé, hallé que no había sido confiscada legalmente, y por tanto hice presa de ella, poniendo al 2º teniente y a 12 hombres a su mando; y  preparando el ataque a la polacra, que supe era la que yo había estado buscando, con dieciséis cañones de seis libras, y de la que fui informado por el navío Felicity, vino ésta propuesta a darme batalla. Además, había recibido muchos mensajes insolentes por parte de su comandante a través de los botes pesqueros, diciendo que él llevaría el navío de dos cañones a Tenerife; como la Bella Paulina y su carga le pertenecían, al igual que el navío Felicity, que yo había tomado ante sus ojos, el cual tenía diez piezas de 9 libras y cuarenta y siete marineros. Pero la disposición de este hombre para la lucha no fue nunca seria o genuina, como se comprobaría posteriormente, cuando la suerte por fin me lanzó favorablemente en su rumbo haciéndole imposible una escapada, y acabé capturándole. Habiendo, no obstante, asegurado el navío Felicity e intercambiado los prisioneros, momentos en los cuales la polacra se nos acercaba con gran  apariencia de una resolución determinada, me dirigí contra ella con todo el velamen que pude desplegar. En ese momento, su corazón le falló de nuevo, tomando el viento de costa y fondeó bajo el amparo de las baterías de la bahía de Isleta en el extremo SE de Gran Canaria, dejándome en la tranquila posesión de su Felicity, con la cual me hice a la vela hacia el sur.

                El día 14 de agosto hallé la presa totalmente desatenta a mis señales  y con una bordada diferente, lo que obligó a darle caza, hallando que los prisioneros se habían alzado sobre el oficial y su gente, y hubiesen tenido éxito en su empresa de tomar de nuevo el barco si yo no hubiese sospechado tan afortunadamente de su designio. Por esta circunstancia, me vi obligado a debilitar el Corso enviando algunos marineros adicionales y trasladando varios presos de ella, para su mayor seguridad; y determiné instantáneamente que fuese enviada a Madeira, ya que la había visto con buen rumbo en dirección a esa isla.

                El día 16 de agosto estando entonces a la vista de la costa de Berbería, en las cercanías del Roquete, vi cinco bergantines, a los que dí caza, y los que hallé cargados de pescado perteneciente a los españoles de Tenerife; pero durante mi último crucero había tenido tanta mala suerte con estas embarcaciones, y estaban éstas tan llenas de gente, que les permití proseguir tras haberme provisto de una ración de pescado para la tripulación.

                El día 19 de agosto estaba tan fastidiado con la presa que no pude ganar el barlovento de Gran Canaria; pero, acercándome a la bahía de Isleta, vi a mi viejo amigo con la polacra aún fondeada, poco inclinada como estuvo siempre en poner en ejecución sus amenazas de combate.

                El día 24 de agosto sin embargo, envié la presa para Madeira. Y el 27 de agosto dí caza a un bergantín hacia el NW, el cual, tras una persecución de catorce horas, tomé, siendo el Gran Poder de Dios, un bergantín español de Tenerife, con rumbo a Lanzarote, en el cual hallé seiscientos pesos fuertes, y al instante partí nuevamente en dirección al NW, capturando otro bergantín español denominado Virgin Mary, de la misma procedencia, enviado a Lanzarote en busca de cereales, del cual tomamos igualmente cerca de quinientos pesos fuertes. La cantidad de prisioneros que tenía en ese momento, y el reducido número de mi propia tripulación, al tenerla repartida en el Felicity y las otras dos presas, me obligó a ordenar al cirujano, al contador y a todos los individuos desocupados a que hiciesen guardia, teniendo en este periodo cuarenta y un prisioneros a bordo; y al tener poca agua las presas, debido a lo corto de su recorrido de isla a isla, tenía tan reducido mi depósito que dándoles a ellos hallé que era un buen momento para pensar en rellenarlo; y tomé rumbo al extremo SW de Tenerife con ese propósito, encontrando que se había levantado una batería en el lugar de mi antigua aguada en Gran Canaria, y juzgando mejor intentar descubrir un lugar donde no hubiese cometido con anterioridad ninguna depredación.”

          El 28 de agosto, el atalayero D. Domingo Izquierdo (7) desde Anaga, manda el siguiente parte al  capitán D. Juan Creagh, con grado de teniente coronel, de la 3ª Cía. del Batallón de Infantería de Canarias en el Lugar y Puerto de Santa Cruz, diciéndole:

               “Sr. D. Juan, acaba de darme parte el atalayero de Tafalla, de 3 embarcaciones muy grandes que se hallan por aquella parte y se dirigen hacia  la tierra, aquí se halla  una fragata de guerra a la vista a distancia de 3 ó 4 leguas pero sus maniobras no son de atracarse a la tierra. Está como cruzando la boca de las dos islas, y no podemos descubrir si hay más embarcaciones, por estar la mar muy ajumada. Lo que hago a Vmd. presente para que se sirva informar a su Exª. de ello pues cuando la mar está ajumada, sin embargo del mucho cuidado que aquí  se pone, no se puede ver barco ninguno hasta que no está encima, de modo que primero se ven de Santa Cruz por razón de estar muy bajo, y esto muy alto. Suplico a Vmd. haga por hacer la presente a su Exª. de lo que viviré a Vmd.  muy agradecido y rogando a Dios guarde su vida.” (8)

          El  Diario de a bordo del bergantín corsario inglés (9) Corso nos dice que:

                “El 29 de agosto me encontré con la Minerve, que se había separado el día antes de la Lively, y que ninguna de ellas había visto o tomado nada. A pesar de lo mortificador de este informe, fui muy beneficiado por la fragata que tomó veinticuatro de nuestros prisioneros, y nos entregó nueve pipas (10) de agua, lo que me permitió voltear hacia barlovento, y abandonar por un tiempo la intención de hacer aguada en la costa; no obstante, nuestra ración de agua nunca iba más allá de una pinta diaria, y vivíamos en difíciles condiciones en cualquier otro aspecto. Nuestro consumo, por supuesto, no era extravagante; y era siempre una costumbre para los oficiales que cenaban o desayunaban conmigo traer su propia agua.

                El 1 de septiembre sobre las cinco en punto de la mañana, observé a la Lively tomando la punta NE de Tenerife, y le hice la señal de que la vela situada al NE era la Minerve, y que la que se hallaba al NW era sospechosa. Ella me hizo la señal para que persiguiese a esta última, la que una vez tenida al habla, demostró ser la Trial, una embarcación norteamericana salida desde Madeira con rumbo a La Orotava; aproximadamente al mismo tiempo la Minerve hizo la señal de una vela al SE, y comenzó una persecución general. Sobre las cinco de la tarde la cacería nos llevó hacia la parte NE de la bahía de La Isleta, y la nave fondeó al amparo de las baterías; entonces, la Minerve, de una manera muy valiente, la siguió y trabó combate tanto con el barco como con las baterías, hasta que silenció a éstas y extrajo a aquélla, siendo secundada por la Lively, reflejando el mayor de los honores en los dos comandantes.

                Había abandonado el Corso hacía una hora, y estaba a bordo con el capitán Hallowell, cuando se hizo señal por el bergantín de unir a las otras presas; pero tuve la satisfacción de contemplar el brioso ataque desde las fragatas, y la captura del navío Marsellais, un corsario francés de veintiocho cañones y ochenta hombres, cargado con azúcar, café y algodón, que supuso dos mil libras para cada uno de los bolsillos de los capitanes, y fue la mejor y la única buena presa que habíamos tomado en aquellas islas en el transcurso de seis meses. Habiendo retornado al Corso, me hice a la vela al NE para reunir mis presas, a las que había perdido de vista durante la persecución.

                El 4 de septiembre en la mañana, las encontré en la punta NE de Tenerife.  Al mediodía, debido a nuestra necesidad de aguada -las fragatas fueron incapaces de ayudarme, debido al número de prisioneros que tenían en ese momento, como me ocurría a mí-, me dirigí hacia Punta de Teno, en la parte NW de Tenerife, donde encontré un lugre, al que perseguí hasta la isla de Gomera, donde varó en la costa bajo la protección de una multitud de nativos, y donde el oleaje era tan alto que impedía abordarlo a nuestros botes.”

          El 5 de septiembre el Coronel del Regimiento de Abona, D. Antonio Franchi, desde Los Cristianos, manda al General D. Antonio Gutiérrez, el siguiente parte:

               "Ahora a las 4 de este día se avistaron dos fragatas de bastante porte, pero habiendo a poco rato de haberse avistado oído un cañonazo, y observado no haber sido de ella, determiné subir a lo alto de una montaña que nombran de Chayofa, de donde avisté 3 más.  Una de las dos avistadas al frente de este Puerto disparó, y echó 3 lanchas al agua en la hora despaché a todos los Pagos inmediatos a fin de que bajen las gentes por lo que pueda suceder. De cualquiera otra cosa que sea de consideración daré parte a V.E.”. (11)

          Ese mismo día el capitán D. Felipe González de las Guerras, envía al Conde del Palmar el siguiente mensaje, desde El Tanque, comunicándole:

                “Ahora que serán las 7 de la noche poco más o menos, han  llegado a ésta su casa 2 mozos, Sebastián Gorrín y Domingo Juan,  del Valle de Santiago y enviados D. Juan del Hoyo. Los que dicen ha entrado el enemigo por el Puerto de Santiago y que han traído a tierra 5 lanchadas, y divisando por afuera 5 embarcaciones.” (12)

          Y el teniente coronel del Regimiento Provincial de Garachico, D. Miguel Jorva Calderón, manda a S. E., el General D. Antonio Gutiérrez, desde Garachico el siguiente mensaje:

                “Hallándose el Coronel Conde del Palmar en su hacienda de Quiñones a esta hora de las 10 de la noche, envía D. Juan del Hoyo a este Pueblo a 2 Milicianos con el aviso de que a las oraciones de esta tarde  se habían aproximado a tierra por el Puerto del Valle de Santiago 5 embarcaciones, que se dirigieron a la playa porción de gente en 5 lanchas, por cuya repentina sorpresa y la alteración que debía causar, dicen los enviados, no tuvo lugar de escribir, y ellos no saben dar noticias más individual del asunto. Inmediatamente mandé hacer en este castillo el tiro de alarma para juntar las compañías de estas inmediaciones y paso aviso a Icod y a la Rambla para el mismo efecto”. (13)

          El 6 de septiembre el coronel del Regimiento de Milicias de la Orotava D. Antonio Francisco Salazar de Frías, manda al General Gutiérrez, desde La Orotava el siguiente mensaje:

                “Ahora que son las 6 y ½  de la mañana acabo de recibir el oficio que incluyo a V.E. de D. Miguel Jorva Calderón, Teniente Coronel del Regimiento Provincial de Garachico, que me remite por carta del día de ayer a horas de las 10 de la noche, avisándome haber  llegado al dicho Lugar dos milicianos despachados por D. Juan del Hoyo, del Valle de Santiago, con el aviso de haberse acercado a aquella Caleta, 5 Buques de que vinieron en tierra a otras tantas lanchas con gentes a las oraciones. Yo había dispuesto anteriormente de que se hiciesen los retenes que V.E. me previene por las playas de Mancon y Babon de la Demarcación del Regimiento de mi cargo que son los parajes por donde se debe temer algún desembarco de enemigos, y al mismo tiempo había encargado a las Atalayas, la mayor vigilancia en la misma manera que V.E. me lo ordena y sobre que tenga ya comunicadas las más eficaces y activas providencias para el Gobernador Militar de los Realejos.”

          El subteniente D. Bernardo Nicolás Hernández, desde Puerto San Juan, comunica al coronel D. Antonio Franchi:

               “El 5 de septiembre se han avistado 5 embarcaciones inglesas en este horizonte, a las 8 de la noche del mismo, me pasó oficio el sargento de la 8ª Compañía, diciendo que estaba el enemigo en tierra en el Puerto Santiago, en la hora junté mi gente y marché al Puerto de Santiago, en donde me encontré con 7 prisioneros y una lancha, de quien me informé que las expresadas embarcaciones se componían de 2 fragatas a 300 hombres, un bergantín con 40 hombres, 2 bergantines que habían apresado del Puerto de la Orotava y manteniéndose dichas embarcaciones muy inmediatas a estos puertos, me he mantenido al frente de ellas.

                El día 6 de septiembre a las 7 de la mañana han echado 3 lanchas en tierra y los he contenido estorbándoles el desembarco, y todos han cogido el destino para el Puerto de Adeje según parece de la maniobra que han hecho, sin embargo que las citadas embarcaciones se mantienen al frente de estos dichos puertos de lo que doy parte a V. S.”

          El Diario de a bordo del Corso nos dice, por otra parte, que:

               “El 6 de septiembre, regresé de nuevo a Tenerife y desembarqué a un caballero enfermo(14) y a cincuenta prisioneros de todas las naciones, y la misma tarde fui yo mismo, al oscurecer, en mi bote, a examinar el lugar de aguada; pero lo encontré tan peligroso, y estaba defendido tan rudamente por los nativos, arrojando grandes piedras sobre nuestros botes desde las colinas, que abandoné toda tentativa de procurarme nada en dicha isla.”

          El teniente del Regimiento de Abona, D. Juan Rixo, manda desde Tamaimo un parte al Sr. Gobernador de las Armas, diciéndole:

               “Habiendo llegado a dicho Tamaimo, he encontrado 4 españoles y 2 quedan abajo, son prisioneros, entre ellos viene uno del Puerto (de La Orotava) que lo llaman Bartolomé Barrada, éste viene con destino según dice a ver si su padre lo quiere rescatar, con que no hay que incomodar la tropa. Los barcos son prisioneros que han hecho este bergantín, tiene muchos prisioneros a bordo, tanto españoles como de dicho Barco de Barrada. No hay más novedad, el bote es de Barrada y no vino sino a echar este hijo de Barrada y otro español (15) y quedó el velamen a bordo hasta que vuelva con la respuesta, conque determiné el que se deje ir a dichos 4 hombres en el bote a bordo, como V.M. sabe. Y no supe más  del español y del hijo de Barrada. Yo me mantendré hasta su aviso y se mantiene el bote.”

          Este mismo día, el teniente coronel del Regimiento Provincial de Garachico,  D. Miguel Jorva Calderón, manda desde Garachico el siguiente mensaje al General   Gutiérrez:

               “Anoche dí parte a V. E. del que se me dió de la Villa  de Santiago con 2 milicianos de haber desembarcado en aquél Puerto porción de gente de 5 lanchas enemigas, por lo que dí orden de marchar las Compañías de este pueblo, Icod, y el Tanque con sus oficiales como lo ejecutaron igualmente que la de los Silos y Buenavista a quien comunicó la misma el Coronel Conde del Palmar  en virtud de mi aviso. Habiendo llegado primero a dicha Villa el Teniente D. Francisco Rixo que lo es del Regimiento de Abona, me avisa que habiendo cogido los ingleses el barco de Barrada, echaron en tierra a un hijo de éste, a un español, y otros para que si querían razonar dicha presa, a cuyo fin se fué para el Puerto de la Orotava el expresado hijo de Barrada, por lo que no había cuidado aunque él se mantenía en dicha Villa hasta la resulta estando a la mira, para precaver alguna tentativa, aunque por aquel paraje no es regular se experimente perjuicio; y habiendo visto este parte los oficiales que conducían los milicianos se regresaron con ellos desde la cumbre llegando a este pueblo a más de las 8 de este día, lo que hago presente a V.E. para su noticia.”

          Mientras, el teniente Francisco Rixo manda un parte al subteniente D. Bernardo Hernández refiriéndole:

               “Habiendo el bergantín inglés echado 2 prisioneros de un barco o presa que cogió dicho bergantín, y este barco es del Puerto (de La Orotava) que lo llaman Josef Barrada y dicho padre mandó a su hijo al Puerto a buscar rescate de dicho barco y éste le dieron su misma lancha para que lo trajeran a tierra con 4 españoles marineros que también son prisioneros de una fragata que salió de Santa Cruz para Canaria y por orden que tengo del Gobernador de las Armas, puede Vm. no estorbar a dichos marineros vayan en su bote a cumplir su palabra dándoles el bote para dicho fin, pues para esto van 2 soldados y un cabo para que le ayuden a botar también.”

          El Sr. Conde del Palmar D. Pedro María Ponte y Peraza de Ayala, coronel del Regimiento de Milicias de Garachico, manda una carta a D. Antonio Gutiérrez diciéndole:

               “Anoche a las 10 recibí el parte que acompaño a V.E. del capitán D. Phelipe González, y sin embargo de considerar inciertas las noticias de los 2 mensajeros del Regimiento de Abona acordándome de lo que esta misma gente supuso en la anterior guerra.

                Dispuse que marcharan la 1ª, 7ª y 8ª Compañías con la gente del paisanaje, y suspendí el dar a V.E. el correspondiente aviso hasta no tenerlo ya positivo por la Posta que despaché y con efecto ha traído la segura noticia que también incluyo a S.E. del teniente de Abona D. Francisco Rixo, de reducirse toda la conmoción que los dichos 2 hombres han causado, a que un bergantín enemigo ha apresado a 2 barcos de nuestro tráfico, cuyo capitán dejó venir a tierra a un español prisionero, y al hijo de Barrada dueño de uno de ellos a ver si determinaba recobrarlo a cambio de dinero.”

          Ese mismo día, S. E. el General D. Antonio Gutiérrez manda un escrito desde Santa Cruz al teniente coronel D. Miguel Jorva, ordenándole:

               “Por el oficio de Vm. que he recibido con fecha de ayer, quedo enterado de las disposiciones que ha dado con motivo del parte que a las 10 de la noche le remitió D. Juan del Hoyo, y persuadido de que Vm. continuará activando sus vigorosas providencias, con arreglo a lo que den de sí las circunstancias pasándome pronto el individual aviso de todo, lo que aguardo con impaciencia y en caso necesario por persona de confianza que venga a caballo.”

          El 7 de septiembre, por otra parte, el Diario de a bordo del Corso nos dice:

               “El día 7 de septiembre, me reuní con la Minerve, que desembarcó todos sus presos, exceptuando a dieciocho, los que puso a bordo de mi nave con la excusa de enviarlos bajo bandera de parlamento a Orotava, en cuyo puerto fui ordenado recalar; y habiendo recibido dos toneladas y media de agua de las fragatas, cantidad máxima de la que podían desprenderse, nos separamos yendo ella rumbo a Madeira y yo a ejecutar la orden de pasar a Orotava y Santa Cruz, después de lo cual debía pasar con ellos a Madeira, y desde allí, a Lisboa.”

          El General D. Antonio Gutiérrez manda un oficio al coronel D. Antonio Franchi donde le conmina:

               “Con considerable atraso he recibido el parte que V. S. me dirigió con fecha del 5, sobre lo observado a las 4 de aquella tarde desde el Puerto de Los Cristianos, y posteriormente ha llegado a mis manos la adjunta declaración recibida a Bartolomé Barrada en el Puerto de la Orotava, por la cual consta haber los enemigos puestos en tierra 2 individuos en las playas del cargo de V.S.

                Admirándome no poco de que no haya llegado a su noticia, o bien de que no me lo haya comunicado con la debida puntualidad, sin que pueda servir a V. S. de excusa el no haberlo sabido, porque nada debe ignorar de lo que pasa en la Demarcación a su cargo, como responsable de hacer cumplir exactamente su obligación a todos los que tiene bajo sus órdenes, así por lo que hace a lo gubernativo, como por lo que pertenece al Regimiento en que no sin sentimiento noto mucho descuido, y como por las actuales circunstancias el menor de ellos puede producir graves consecuencias.

                Encargo a V. S. que estreche, mortifique y aún castigue a sus subalternos, en el desgraciado caso de ser preciso para compelerlos a desempeñar sus respectivas obligaciones; pues por mi parte a la menor falta, ya no podré menos de tomar una seria providencia que no le será a V.S. grata; sin que sirva de obstáculo el decirme que expide las órdenes necesarias, respecto a que los que mandan son gradualmente responsables de todo a sus inmediatos jefes, y si no celan y hacen que se verifique el cumplimiento de sus órdenes, lejos de aprovechar las más bien dadas sirven solo a debilitar más y más una autoridad, que debe ejercerse firme y decorosamente para llenar los fines que el Rey se propone en conferirla.

                Últimamente, observará V. S. que Bartolomé Barrada en la precipitada declaración, dice entre otras cosas, que por donde mismo echaron anoche en tierra al que declara, echaron también otro sujeto que no conoce, el que fué apresado en una fragata que con bandera genovesa salió del Puerto de Santa Cruz para la isla de Canaria, y conviniendo aclarar éste particular, procederá V. S. inmediatamente a indagar las señas del tal sujeto, y a practicar cualquiera otra diligencia que resulte conducente a averiguar quien sea, y a asegurar su persona. Avisándome las resultas de todo con la mayor brevedad.”

 goleta_cristianos

Foto de principios del siglo XIX de una goleta en Los Cristianos 

 

          El coronel D. Antonio  de Franchi, desde el Puerto de Los Cristianos, manda un parte al General Gutiérrez precisándole y detallándole lo siguiente:

                “Anteayer dí parte a V. Excelencia de haber echado 3 lanchas al agua las 2 fragatas, que se presentaron al frente de este Puerto de Los Cristianos, las cuales se dirigían, al parecer, al de Adeje.

                Inmediatamente me puse a caballo con los pocos hombres que pude reclutar, hice mi marcha hacia aquel paraje, ellos llegaron primero a donde dicen La Caleta y a mi llegada me encontré habían venido con banderas parlamentarias, sin embargo de las cuales, les hicieron fuego unos pocos soldados que habían bajado de Adeje; pero gritando no les tirasen, se echó a nado uno de las lanchas que era natural del Puerto de la Orotava, quien dijo había distintos prisioneros a bordo, y que los venían a echar en tierra, cuando llegué, ya lo estaban, y me dijeron que al otro día vendrían a echar la demás gente.

                Por cuyo motivo me mantuve toda la noche en aquel paraje, hasta que se efectuó la venida; y con efecto, echaron algunos más, incluso 2 mujeres francesas; me pidieron les permitiese comprar algunos víveres, como carne y verduras por estar sumamente faltos, lo que no he permitido. Antes sí, pasé una circular para que nadie les diese cosa de alimento. Los prisioneros constan en la lista adjunta los que son, y respecto a lo penosísimo de los caminos, y por la gran distancia de 20 leguas, me ha parecido conseguirles un barco en que los remito, siendo de su cuenta pagar los 40 pesos del fletamento.

                Prisioneros franceses son 27, españoles 5, de Tenerife 14 y Majoreros 3, como constan de la referenciada lista. Los 27 franceses, y 5 españoles venían en una fragata que había salido del Guadalupe interesada en 300.000 pesos fuertes, según me han informado. Su cargazón consistía en azúcar, cacao, café, algodón y palo de tinta, la cual se acogió al Puerto del Confital de la isla de Canaria, pero el inglés sin temor a los castillos, se entró en dicho Puerto y la sacó. Los de Tenerife e isla de Fuerteventura fueron prisioneros de un barco que salió del Puerto de la Orotava para aquella isla.

                De las otras 2 fragatas, con los barcos prisioneros, que se han mantenido más al noroeste. Incluyo a V.E. el parte que se me ha dado, y de cualquiera otra novedad que haya de consideración daré parte a V.E.”

          El 8 de septiembre el Diario de a bordo del Corso, nos relata:

               “El día 8 de septiembre, hallando que iba a padecer una fuerte carestía de provisiones y agua si intentaba esperar por el navío Virgin Mary, lo despojé de todo lo que pudiese resultar útil y le prendí fuego.”

          Lo sucedido según el Diario de a bordo del Corso en el día 1 de septiembre y  según el parte del coronel Franchy desde Los Cristianos al General Gutiérrez,  se corrobora con la carta de fecha 20 de septiembre que manda el cónsul francés en Tenerife  Mr. Pierre-Francois Clerget, a su Ministro de Asuntos Extranjeros Mr. Charles de la Croix, que entre otras cosas refiere:

               “Pero al mismo tiempo que se ocupa de salvar la isla de Tenerife que probablemente los ingleses no atacaran más, se descuida y se abandona la Gran Canaria que ellos hostigan todos los días.

                La despreocupación sobre ese punto acaba de costar a los negociantes de Marsella la pérdida de un buque armado en corso de 40 cañones, con un rico cargamento, procedente de Guadalupe. Este buque, atacado por 2 fragatas inglesas, se había refugiado bajo las baterías de 3 castillos de la isla de Canaria, donde no se halló ni pólvora ni artilleros. La tripulación francesa, viendo que no recibía ayuda alguna de parte de los castillos, resolvió bajar a tierra para el servicio de las baterías, pero estuvieron obligados a esperar la pólvora que se halló en muy mal estado. El inglés tuvo todo el tiempo para amarinar el navío francés que acababa de soltar en una costa de esta isla el resto de la tripulación que yo procuraré hacer volver a Europa lo antes pronto posible con la tripulación procedente del navío bordolés El Pez Volador, armado en corso que iba a Guadalupe, capturado por los ingleses a la altura del Cabo Finisterre”. (16)

          Vemos que el navío francés citado en el parte del coronel D. Antonio Franchi, es el mismo navío que dice en su carta el cónsul francés en Tenerife Mr. Pierre Francois Clerget  a su Ministro de Asuntos Extranjeros Mr. Charles de la Croix. Se trata pues del  navío Marsellais que fué capturado por los navíos ingleses  Lively Minerve al mando del capitán Hallowell el 1 de septiembre.

               “Lista de los prisioneros que echaron a tierra en la Caleta de Adeje, una fragata inglesa, y otra francesa prisionera, la noche del 5 de septiembre de 1797. (17)

                    Españoles: José Blandeyro, Miguel Rodríguez, Marcial Sánchez, Juan Casales, Basilio Mourente.

                    De Tenerife: Marcos de Silba, Domingo Real, Gregorio Rebera, Rafael González, Domingo García, Francisco Río, Salvador Correa, Cristóbal Barbusano, Nicolás Padrón, José García, Antonio García, José Fernández, José García de Roque de Socar, Bernardo García.

                    Majoreros: Domingo Luis de la Guardia, Mateo García, Vicente Luis de la Guardia.

                    Franceses: Pedro Moa, Ssazla Badse, Jean Bautista Gayan, Antonio Ssoque, Pedro Lafon, Pedro Testa, Andrés Currie, Juan Sonsaxa, Franciso Breton, Pedro Martín, Pedro Terrea, Luis, Vano, Pedro Laglira, Batista Chaporre, Esteban Chirino aspirante de la Primera Clase de la República, Jaque Bernardo Contramaestre, Luis Rafeen.

                    Franceses son 8 pasajeros más que no puedo decir sus nombres por no tener allí con qué poder apuntarlos.”

          El subteniente D. Bernardo Nicolás Hernández envía desde Guía al General D. Antonio Gutiérrez el siguiente parte:

               “Participo a V.E. como el día 5 del corriente, se avistaron 3 bergantines, delante de la Punta de Teno, dando caza a un barco (18) de estas islas, hasta la isla de la Gomera, y de que este dicho barco de estas islas se aterró como pudo y Dios le ayudó, cambiaron sobre el Puerto de Alcalá de esta isla de Tenerife, luego se avistaron 2 fragatas, de buen calibre, delante del Puerto de Adeje, no hemos hecho alto en que podía suceder alguna cosa.

                Cuando a las 8 de la noche, poco más o menos, he recibido un recado del sargento primero de la Villa de Santiago, Bartolomé García, las expresiones siguientes: diciendo,  que el enemigo estaba en tierra y que no me lo mandaba por escrito porque no tenía lugar a ello, por cuanto acabé de recibir el dicho recado he mandado tocar llamada para juntar toda la gente de mi mando y apenas la he tenido junta, bajé al dicho puerto de Santiago, acompañado del Sr. Alcalde y paisanaje de dicho Lugar de Guía.

                Apenas he asomado por dicho Puerto de Santiago, cuando me dijo el dicho sargento, que llevo puesto arriba,  de que había venido a tierra una lancha con 7 españoles, que venían a dejar 4 en tierra y los otros 3 querían ir a volver a llevar la lancha a los enemigos, la cual han tenido los vecinos de dicho Puerto de Santiago y que no pareciéndoles estaba segura en  este dicho Puerto de Santiago la transportaron al Puerto de Alcalá, en donde está asegurada. Y solo me hallé con 3 embarcaciones a la vista y antes de 2 horas se aparecieron las 2 dichas fragatas que estaban frente del Puerto de Adeje a unirse con los 3 dichos bergantines.

                Y estando 3 de los españoles, que habían echado en tierra en la dicha lancha que esta detenida y examinándolos qué gente podía  traer los dichos buques, me respondieron las 2 fragatas a 300 hombres y un bergantín 40 y los otros 2 eran presas del Puerto de la Orotava.

                A la mañana siguiente me retiré al Puerto de Alcalá con toda mi gente y los 5 buques enfrente echaron los dichos enemigos 3 lanchas al agua y las llenaron de gente, las cuales hacia por el Puerto con bandera inglesa y luego que se fueron acercando a tierra echaron bandera de parlamento, y mandé a mi gente no hiciese fuego hasta ver lo que querían; pero de que reconocieron la gente que teníamos, al instante cambiaron al Puerto de San Juan a donde acudí con toda mi gente. Y desde que nos volvieron a reconocer caminaron al Puerto de Adeje, y a las 5 de la tarde del mismo día, volvieron atracar a bordo de sus embarcaciones y sin embargo de esto me mantuve el 7 repartida mi gente en los dichos puertos y sólo en este día se avistaron 3, las que no hacían por la tierra, visto esto me he retirado a esta de Guía, dejando las correspondientes centinelas.

                En esta misma tarde he recibido un oficio del teniente capitán D. Francisco Rixo del que incluyo a V.E. copia, la respuesta que le he dado, fué: La que  por su gente fue apresada que hiciese lo que gustase y lo demás que ocurra daré parte a V.E.”

          El 12 de septiembre sale del Puerto de Safí (Marruecos), el bergantín genovés Los 2 Hermanos, era su capitán D. Manuel Vasallo, con rumbo al Puerto de Santa Cruz. (19)

          Sabemos que el día 11 de julio de 1797, por la carta que dirige D. Pedro Cathalán y Herrera, veedor de la Gente de Guerra y Contador Principal de la Real Hacienda de las Islas Canarias, al General D. Antonio Gutiérrez, que había salido de la rada del Puerto de Santa Cruz un barco genovés (20) que llevaba la correspondencia de su S.E. al Ministro de la Guerra D. Juan Manuel Álvarez en la que le dice que espera que haya recibido ya la valija en la que se relata lo ocurrido en el mes de marzo de lo sucedido en la Gran Canaria con un bergantín y una fragata inglesa en las Playas de Arguineguín. Y la relación de cómo fueron capturada en la rada del Puerto de Santa Cruz, por los ingleses, la fragata Príncipe D. Fernando de la Compañía Filipinas y la corbeta La Mutine de la República Francesa y el canje de prisioneros y pide instrucciones.  Dicho bergantín Los 2 Hermanos, después de salir del Puerto de Santa Cruz, fué apresado por los ingleses y llevado al Puerto de Safi.

          El 13 de septiembre por el Diario de a bordo del Corso, sabemos que:

               “Y el día 13 envié al primer teniente a Orotava con una bandera de parlamento y todos los prisioneros, y habiendo intentado en vano que mi otra presa tomara barlovento, puse al patrón español y a un chico corso a su bordo; y considerando los cuatrocientos pesos fuertes, que había traído consigo el pobre hombre, y que había perdido otro millar de pesos que le habían incautado los españoles, y lo que él tenía además que pagar por su bergantín, le entregué el Volunteer of God, y me hice a la vela con toda la información que me era necesaria respecto al puerto de Orotava."

          El 15 de septiembre el coronel D. Antonio de Franchi, desde el Puerto de Los Cristianos, dirige un oficio al General D. Antonio Gutiérrez diciéndole:

               “Inmediatamente recibí la de V.E. de 7 del corriente para que averiguase, quien era un sujeto, que habían echado los enemigos en tierra al que no conocía Bartolomé Barrada, despaché orden al subteniente D. Bernardo Hernández, para que tomase noticias y averiguase quien era; quien me contesta, con el papel adjunto; y como de él consta, que el dicho sujeto fué a parar a Icod, a la casa de un tal D. Agustín Rodríguez, le he despachado a éste, que según relaciona parece lo conocía, para que me diga, quien es, y a donde se dirigía de allí, con todas las demás noticias que de él hubiese adquirido. Luego que tenga su respuesta, la remitiré a V.E. para su inteligencia.

                Yo  Exmo. estoy con el mayor cuidado en el cumplimiento de las Vigías, y por mí mismo haciéndolas, subiéndome todos los días a lo alto de una montaña de donde con un anteojo registro el horizonte, pues sin esta seguridad, no me pongo en cama, y el día que no lo puedo hacer, por lo destemplado de los tiempos, lo ejecuta un religioso que esta en mi compañía, de quien tengo entera confianza.

                El bote apresado, para que no lo pudiesen llevar los enemigos, le quitaron una tabla del fondo, y permanece en aquellas playas, el sol lo arruinará enteramente, dígame V.E. si lo hago componer, y mando gente que lo traigan a este Puerto de Los Cristianos, donde haré se tenga cuidado con regarlo hasta que V.E. disponga qué se haya de hacer. (Sale el mozo a las 2 de la tarde de este día).”

          La contestación del subteniente D. Bernardo Hernández a D. Antonio Franchi y que éste adjunta en su oficio mandándolo al General D. Antonio Gutiérrez, dice:

                “En cumplimiento de la orden que he recibido en la tarde de ayer he mandado al punto un cabo a llamar al sargento primero de la 8ª Compañía Bartolomé García y a D. Francisco Noda, vecinos de la Villa de Santiago para por estos poder tomar noticias como fueron los que se hallaron cuando apresaron el bote enemigo, y preguntándole al primero lo que hay sobre este asunto dicen venían 7 personas, 4 marineros y 3 que son Bartolomé Barrada, un hijo de Madrid con su paje el que dijo era casado en Santa Cruz y vivía en la calle de su V.E.

                Este sujeto fué entregado a un vecino del Valle de Santiago por el dicho sargento, para que este dicho vecino de Santiago le tuviese asegurado hasta el otro día que se viesen las cosas como eran.

                Cuando al instante de la mañana del otro día, llega el teniente capitán D. Francisco Rixo y al dicho vecino de Santiago que tenía detenido este dicho sujeto que vamos hablando, que habiendo hablado y desayunado juntos le dió paso franco y que sin embargo de esto le encargó a Josef Pérez Forte que es el que había conducido desde la mar a Tamaimo y de allí a Aico, al Gobernador de las Armas por orden del dicho Sr. Rixo según estoy informado del dicho sargento, en efecto, se presentó en Aico al Gobernador de las Armas D. Nicolás Lorenzo y hasta ahora tuve la noticia de un vecino de allí D. Agustín Rodríguez que estaba en aquel lugar. Este presentado al sujeto, de que se trata, quien se alegró de verle y le llevó a su casa ofreciéndole las bestias para conducirse a Santa Cruz.

                Todo esto asegura el soldado Josef Pérez Forte que es el mismo que lo condujo a Arico e igualmente dice esto mismo y el sargento añade que el 6 del corriente a la tarde que se hallaban enfrente de Alcalá unas 5 embarcaciones, se acercó a la aguada de Masca, los vigías que tenían puestas en aquel paraje los defendieron a piedras, de forma que si fueran 100 lanchas las hubieran defendido despeñando piedras, según la situación de aquel predio, y atención a los 4 marineros que nos quedan que hablar de su destino, estos fueron a Tamaimo en su destino en calidad de presos hasta que habiendo mandado el dicho Sr. Rixo retirar la gente de la marina, se acercó el día 7 un bote enemigo al expresado Puerto de Santiago y echaron como 10 ó 12 prisioneros sin tener allí quien les dijese nada por la causa de haber retirado la gente.

                Estos se unieron con los otros en Tamaimo y caminaron juntos diciendo iban para el Puerto de la Orotava. El dicho D. Francisco Noba no tiene que decir sino lo mismo que el sargento.”

          Por otra parte, el Diario de a bordo del  Corso relata que:

               “El 15 de septiembre crucé la punta NE de Tenerife, y en la misma tarde me encaminé a Santa Cruz; pero sopló un viento equinoccial muy fuerte, que sobrepasaba todo lo que había visto en años, y nos llevó con gran desesperación a sotavento de Gran Canaria, continuando hasta el día 20 con la mayor violencia, partiendo la mayoría de nuestras velas de tormenta, llevándose los cadenotes mayores, torciendo el bauprés, y el bergantín, de hecho, resquebrajado en pedazos.”

         El 16 de septiembre el General D. Antonio Gutiérrez manda un oficio al coronel D. Antonio Franchy, especificándole:

               “Con oficio de V.S. de ayer he recibido el documento que me incluye y le remitió el subteniente D. Bernardo Hernández; pero hallándome bien informado de que el sujeto desembarcado por el Valle de Santiago es D. Saturnino López, vecino de esta Plaza, quien ya se me ha presentado, puede V.S. admitir más averiguación en el particular.

                Si el bote que V.S. me trata correspondiera alguno de los barcos de nuestro tráfico que fueron apresados, dispondrá V.S. se le entregue a su dueño, y si legítimamente fuese de los enemigos me lo avisará para mi resolución, disponiendo que en el ínterin se cuide de su conservación.”

          El 21 de septiembre llega ya de noche al Puerto de Santa Cruz el bergantín genovés Los 2 Hermanos (21) en el cual venía el capitán Araujo (Arauz) y 7 marineros que iban en la goleta El Apóstol Santiago. Dicha goleta fue apresada el  9 de agosto por el Cazó y llevada al puerto de Safí para su subasta.

          El Diario de a bordo del Corso refiere que:

“El 21 de septiembre, el viento, como es usual, dio paso a una perfecta calma. Reparé mis daños tan bien como fue posible, llenamos nuestros toneles vacíos con agua salada para endurecer el bergantín.

                El 22 de septiembre vimos una vez más la isla de Tenerife; pero como los retrasos se hacían ahora demasiado serios debido al agua y provisiones que teníamos a bordo, ordené tomar el mejor camino hacia Madeira sin enviar la bandera de parlamento a Santa Cruz.

                El 23 de septiembre descubrimos la isla de Lanzarote y perseguimos a un bergantín el cuadrante SE, al cual me estaba acercando velozmente; pero al virar y pasar a sotavento, abandoné la cacería por las razones anteriormente citadas.

                El día 24 de septiembre fuí informado de que era necesario reducir el pan a un cuarto de libra diario; que el carbón y la madera se habían agotado completamente; que el último tonel de agua había ya sido espitado y que la vela del juanete mayor debía ser arriada para repararse sin tener otra para desplegar en su lugar. Estaba tan acostumbrado a este tipo de lúgubres informes durante toda mi vida en el mar que sólo pude contestar: ¡Paciencia! Pronto llegaremos a Madeira y entonces tendremos todas las buenas cosas de esta vida; pero para algunos de los más destacados entre la marinería el consuelo no fue aceptable. Comenzó a asomar su cabeza un tumulto sedicioso, el cual apacigüé administrando unas pocas docenas de aceite de gato (22), que pronto restauraron la intimidad más cordial entre nuestra inevitable desgracia y la vil  disposición de los amotinados. Cada día parecía una eternidad.

                El 27 de septiembre la tan deseada isla estuvo a la vista; y ese día fondeamos en la rada de Funchal, donde supimos que las fragatas y las presas habían partido tres días antes rumbo a Lisboa.”

          Ya el 3 de enero de 1798 nos encontramos con un escrito que envía el marinero Salvador Saiba  (23) al General D. Antonio Gutiérrez para que intervenga, pues Barrada le debe los salarios del tiempo que duró el traer el barco, propiedad de Barrada, al Puerto de la Orotava.

               “Salvador Saiba, natural de la Isla de Malta, y residente en esta de Tenerife, con el más debido respeto hago presente a V.E. que navegando de marinero en una embarcación genovesa, pocos meses ha fue apresado en ella por un bergantín inglés en las calmas de Canarias en el que me mantuve prisionero por algún tiempo.

                Hasta que habiendo apresado también el barco de Bartolomé Barrada, vecino del Puerto de la  Cruz de la Orotava, le devolvieron los ingleses su barco para que se viniera a ésta isla de Tenerife, sin más tripulación que el mismo Barrada y yo que me transbordaron a su barco (24). De manera que era necesario que toda la maniobra de navegación la hiciéramos los 2 solos, lo que era para mi como deja de discurrirse de mayor pensión por ser un muchacho de corta edad, como lo manifiesta mi presencia: y habiéndome ofrecido Barrada satisfacerme mi soldada del tiempo que durase, no lo ha cumplido, y me está debiéndola que corresponde a 18 días que estuve en el mar con él.

                En cuyo tiempo anduvimos errantes hasta que llegamos a dicho Puerto de la Orotava. Esto que en cualquiera se haría sensible, lo es más en mi por hallarme en tierra extraña y desamparado, y ser en mucho digno por todos motivos de compasión, sin embargo de las suplicas que le he hecho, y de estar viendo mi miserable actual constitución, por lo que:  A  V.E. suplico se sirva de dar comisión bastante al Gobernador de las Armas del referido Puerto de la Orotava para que haga comparecer ante sí a ambas partes, y en juicio verbal conozca de este asunto breve y sumariamente, determinando que dicho Bartolomé Barrada me satisfaga lo que fuere justo, y se regulare por inteligente en caso necesario, procediendo contra él y sus bienes hasta que lo cumpla, sobre que pido justicia con merced que espero de la de V. E.”

orotava_y_puerto

Grabado de mediados del siglo XIX de La Orotava y su puerto

 

          El General Gutiérrez manda un oficio al Gobernador de las Armas de la Orotava y le  dice:

                “Como se pide, y para que se ejecute se entregue este pedimento, y proveído a su continuación a la misma, para que con él ocurra al referido Gobernador de las Armas del Puerto de la Orotava, quien en su vista obligue por todo rigor de derecho al enunciado Barrada a que le satisfaga inmediatamente lo que le está debiendo por la causal que se expresa:  Dijo S.E. comparece el Auditor de Guerra de este Ejercito Sr. Patiño y el Escribano de Guerra Miguel Sanzón.”

          Quizás el marinero Salvador Saiba estaba en el bergantín genovés Los 2 Hermanosque fue apresado por el navío corsario inglés Cazó, al salir del Puerto de Santa Cruz el 11 de julio hacia la península. La Relación de D. Domingo Vicente Marrero nos dice que el capitán de Los 2 Hermanos era D. Manuel Vasallo, conocido en el Lugar y Puerto de Santa Cruz, por haber comprado en pública subasta, realizada en dicho Puerto el 19 de octubre de 1.797, la fragata Apolo y el keche Los 3 Amigos. (25)

          Y tal vez podría ser la misma embarcación genovesa  que disparó a los navíos ingleses cuando éstos sacaron de la rada del Puerto de Santa Cruz al navío francés La Mutine en la madrugada del 29 de mayo de 1797. La Relación del Alcalde Domingo Marrero nos dice:

               “Un barco genovés que se hallaba anclado en esta bahía compadecido su capitán del francés o por que no fueran a dar con él y le hicieran algún estrago ignorando su pasaporte hizo 3 tiros al enemigo en aquella noche lo que observado por el inglés se la juró y efectivamente se la pagó por que habiendo comprado una fragata mercante de nación portuguesa, que había sido prisionera por el falucho Buonaparte francés y salido de aquí para Cádiz le encontraron y tomaron prisionero el barco y la fortuna del capitán fué que no iba en él que le cortaría la cabeza al capitán del navío que se atrevió a dispararle, esta en la relación sino en el que había venido y este arribó a Canaria que sino le cortan la cabeza como se lo mandaron a decir con los prisioneros". (Se refiere a los marineros capturados en la Mutine). (26)

          Así terminamos esta cronología la cual es en realidad un ensamblaje de varios documentos encontrados en diversos archivos de  la Biblioteca de Santa Cruz.

 

 

NOTAS

1. Esta carta la entregó el Capitán Araujo al regresar a Tenerife en la noche del 21 de septiembre de 1797 en el bergantín genovés Los dos Hermanos.
2. Ontoria Oquillas, P; Cola Benítez, L; García Pulido, D. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797, págs. 53 y 54.
3. Diario del Bergantín Corso. Publicado en Gran Bretaña por J.P.K. Laughton, en una edición de la Society of Nautical Research. Cedido y traducido por D. Daniel García Pulido.
4. Pues días antes fue perseguida por una fragata española, por lo que tiró al agua todos los cañones, menos 2, para quedar más libre de carga y poder huir mejor.(Nota del autor).
5. El capitán  Benjamín Hallowell  hacía años conocía el Puerto de Santa Cruz por  hacer  aguada según el relato de Labillardiére en Voyage á la recherche de la Pérouse. Hallowell con los navíos Minerve Lively  sacaron de la rada del Puerto de Santa  Cruz, en la madrugada del 29 de mayo de 1797, al navío francés La  Mutine.
6. Era una fragata portuguesa apresada por el navío  francés corsario Buonaparte y que después del ataque de Nelson salió del Puerto de Santa Cruz para Cádiz con marineros de La Mutine.    
7. En la Relación de D. Domingo Vicente Marrero, tiene el nombre de Domingo  Palmas, en realidad era Domingo Izquierdo, vivía  en la C/ San Felipe de Neri, hoy Emilio Calzadilla. Anotación de D. Daniel García Pulido.  
8. Biblioteca Pública Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Fondo Documental Antiguo. Caja 53-II. Refª. 53-8/1.
9. Diario de a bordo del bergantín corsario inglés Corso. Véase nota 3.
10. En el siglo  XVIII la pipa del país, nuestra medida de capacidad, equivalía a unos 480 litros, es decir, 106 ½ galones, mientras que la pipa de exportación era equivalente a 450 litros:100 galones. Andrés de Lorenzo Cáceres Malvasía y Falstaff. Studiorum Canariensium Institutum. Volumen III, Sección I, número1( 1941 ) pág. 24.
11. Biblioteca Pública Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Fondo Documental Antiguo. Caja  53-II. Refª 53-8/1.
12. Ibídem.
13. Ibídem.
14. Se trata de D. Saturnino López, el cual era vecino del General Gutiérrez en la calle de San José.
15. Se refiere al mismo personaje de la nota anterior.
16. Autoes citados. Fuentes  Documentales del 25 de Julio de 1797. pág. 362.
17. Biblioteca Pública Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Fondo Documental Antiguo. Caja 53-II. 53-8/1.
18. Se refiere al lugre que nos relata el Diario de a bordo del Corso con fecha 4 de septiembre.
19. Biblioteca Pública Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Fondo Documental Antiguo. Caja 53-II. Refª. 53-8/1.
20. Idem. Caja 52-II. Refª 52-7/5.
21. Idem. Caja 53-II. Refª 53-8/1.
22. Se refiere a que hizo uso del látigo.
23. Biblioteca Pública Municipal de Santa Cruz de Tenerife.  Fondo Documental Antiguo. Caja 53-II. Refª 53-8/2.
24. Según el Diario de a bordo del Corso esto sucedió el 13 de septiembre de 1797.
25. Biblioteca Pública Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Fondo Documental Antiguo. Caja 54-I. Refª 54-3/2.
26. Autores citados. Fuentes Documentales del 25 de Julio de 1797. pág. 133.

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